
viernes 25 de abril de 2008
martes 22 de abril de 2008
Esperanza, ¿no sabe bailar cha, cha, cha?

La verdad es que lo saben hacer. Resulta que el Pp pierde las elecciones pero es el partido que más interés despierta en la manipulación de la opinión pública. ¿Por qué? Efectos muchos, causa a la que obedecen pues, también muchas y variadas. El partido ganador, el Psoe, está pasando totalmente desapercibido en eso que los liberales han querido bautizar (secularmente, por ahora) como los cien primeros días de legislatura. Si hasta el congreso del patético Pp es portada en todos los medios, si las "peleas" controladas absorben todos los artículos, editoriales y hasta publicidad, es que como en el Lazarillo de Tormes algo se nos oculta. Este pueblo, soberano (si bien esa soberanía es complicidad de deicidio), es el ciego al cual se le dirige donde interesa con el fin de que no vea más de lo que interesa que vea. Nos explicamos. Pura manipulación.
El Pp seguirá siendo el partido preferido de las masas liberal clericales, derechistas, agnósticas, conservadoras, seguirá sirviendo como instrumento revolucionario a desmembrar lo poco que queda de nuestra España, y el Psoe seguirá ganando las elecciones y perdiéndonos a todos por la calle de la amargura.
Hay muchas especulaciones sobre todo este enjambre, nosotros poderíamos fabricar alguna, pero debemos confesar que nuestro servicio de información no está por la labor de depurar la paja hasta llegar al trigo, especulamos que ese ejercicio es también distraccción. El candidato serio, liberalmente serio, que es Rodrigo Rato parece que se hace de rogar. Entendemos que sería un caballo ganador, aunque para ganar a la mula de Rajoy no hay que ser un pura raza inglés, y que podría ofrecer un atisbo de victoria para los próximos comicios, pero les dejamos a ustedes fabricar el sueño que mejor les venga. Pero, vamos, que una inútil como Aguirre, que destrozó nuestro ya descosido sistema educativo, que sigue permitiendo que la educación en Madrid esté en manos de los rojos, con sus equipos de psicólogos pervirtiendo a la juventud, se presente como algo serio en política nos dice hasta que punto este pueblo soberano está esclavizado a los medios de opinión.
viernes 18 de abril de 2008
¡Basta!

Todo lo que seguidamente exponemos lo sometemos al juicio de la Santa Madre Iglesia, con cuya regla nadie yerra.
Cuando llega la plenitud de los tiempos se cumplen y se entienden las profecías. El último libro profético es el Apocalipsi o Apokalypsis de San Juan, el cual se irá, o se nos irá por la gracia bautismal, haciendo más inteligible a medida que se acerque el día. El Concilio de Florencia condenó la definición de fechas, condena en la cual hubieran caído San Vicente Ferrer y el Beato Holzhauser de no haber sido anteriores a dicho Concilio, habida cuenta de que cada época histórica, en más o en menos, han olido el cuerno quemado del fin.
¿Qué tiene que ver esto con la política? Bastante. Hay una corriente que se ha convertido en doctrina, falsa doctrina por supuesto, bastante extendida por la cual el Syllabus de S.S. Pío IX contiene elementos que no pertenecen al depósito de la fe, y por tanto son magisterio ordinario confiado a una época histórica, pero no teológica. Precisamente, esos elementos añadidos no dogmáticos son enjuiciados por la historia y relegados por magisterios posteriores, con lo cual queda salvado el principio de no contradicción inherente a la verdad.
El Syllabus fue atacado desde que vio la luz, y esos ataques partían siempre de un mismo foco: la masonería. Contra el documento dogmático la sociedad filantrópica proponía (es un decir) el espíritu revolucionario de libertad religiosa y de cultos para todas las "religiones". Está claro que en aquella época la Iglesia mantenía un dique de contención sólido y contundente, ante el cual jamás se podía decir religión a ninguna que no fuera la católica, las demás eran tenidas por sectas y falsas religiones, las cuales por el criterio de prudencia política podían ser toleradas en privado, pero nunca serían concesionarias de derechos civiles públicos.
Como siempre, los "intelectuales" eclesiásticos fueron los primeros en acoger con desgana el documento papal, hasta el punto de, ya entonces, negar su carácter dogmático basados en que el espíritu de la época era nuevo y que nunca había habido un caso precedente, ante el cual el axioma "lo que todos han creído y en todo tiempo" no podía aplicarse. El gran Cardenal Pie demostraba el error de semejante afirmación. Ya en tiempos de San Gregorio Magno, nos dice el Cardenal Pie, había herejes que negaban el Reinado social de Nuestro Señor. Así, en la meditación de la adoración de los Magos el papa San Gregorio las ofrendas reonocen la triple cualidad de Nuestro Señor. El oro, en calidad de rey; el incienso, en calidad de Dios; la mirra, en calidad de hombre. Hay quien se cree irreprochable en su fe porque reconoce en la persona divina del Señor Jesús su naturaleza de Dios verdadero y hombre verdadero, pero en cambio le niegan la realeza sobre todo lo temporal, le niegan el oro. No, dice el papa, no eres irreprochable en tu fe, y define esa negación como herejía. Por lo tanto, es falso que el Syllabus no tenga el hilo conductor de la Tradición de la Iglesia.
Precisamente es hoy cuando esos que se creen irreprochables, porque combaten fervorosa y piadosamente según una regla de vida, vuelven a lanzar sus esperpénticas lógicas al vuelo negando a Dios su realeza en lo temporal, en lo político. Dicen esos que Cristo Rey no es un programa político, y estamos de acuerdo. Claro que Cristo Rey no es UN programa político, es EL programa político por antonomasia. Toda política debe arrancar de ese cimiento de la Realeza social de Cristo para ser considerada verdadera política. Claro que no es una bandería, claro que no, es la Bandera. Son, precisamente esos, los que se jactan de haber implantado la aconfesionalidad de los estados y los derechos civiles para las falsas religiones (distintos caminos de salvación les llaman esos hipócritas), los que no hacen más que quejarse de la mala comprensión de sus conceptos de laicismo, laico y laicidad. Cuadrilla de encogidos de corazón que adoráis sólo con los labios, ¡Basta! Parar ya de flagelar el cuerpo de Nuestro Señor en su Santa Esposa la Iglesia. Mercenarios, parar ya.
Paz pedís, pero en lugar de trabajar por la paz según los designios del Sagrado Corazón, recogidos en Quas Primas de S.S. Pío XI, trabajáis a lo humano, matando lo sobrenatural para hacerlo mundano y echarlo a los perros y a los cerdos. Pero gracias a vosotros se nos hace inteligible el plan de Dios, Señor de la Historia. Es en la carta a la Iglesia de Laodicea del Apocalipsi. La tibieza ha invadido y prostituido la doctrina enseñada. Se aparta a Dios de todos los órdenes, con frases arteras y conceptos flasos adornados de verdad. La sociedad es rica, su oro es de ella y para ella, es la soberanía popular; el estado laico, neutro o aconfesional; es la libertad de cultos y el constitucionalismo democrático. La razón ilumina todo, y todo es iluminado por la razón, todos los sofismas son verborreados y lo verdadero parece falso y lo falso parece verdadero.
Pero, ¿es eso así? No. Porque esta época es desgraciada, miserable, pobre, ciega y desnuda. Lo dogmas de la fe, como el Syllabus, no se ven producto de la ceguera, ceguera que nace de la propia soberbia humana inducida por el demonio y practicada por el mundo y la carne. El error propalado desde las cátedras de la verdad. ¿Qué hacer? Acrisolar oro en el fuego, es decir, luchar por la Soberanía social de Cristo, sabiendo que hemos perdido y que únicamente tenemos que demostrar que no nos han vencido, que hemos visto la luz de la doctrina por la gracia de Dios, que somos sencillos como palomas y astutos como serpientes. Es fundamental, porque a todo esto hay que recordar que nuestro magnífico puente de salvación es Nuestra Señora, la Bienaventurada siempre Virgen María, meditar en Fátima. Nada mejor para no ser vencidos, aún habiendo perdido esta guerra actual, que la Consagración de la familia al Inmaculado Corazón de María. Y de ahí nacerá la fortaleza para proclamar la verdad. Reina de la Paz.
Mientras tanto, nuestra jerarquía sigue jugando a quejarse desaforadamente de los males que ellos mismos producen.
jueves 17 de abril de 2008
Al Presidente del Getafe Club de Fútbol SAD

Estimado Sr. Presidente:
Yo fui uno, de los miles, que le mandó en su día a tomar viento fresco y deseando que el equipo que usted preside perdiera hasta en los entrenamientos. ¿La razón? Ah, sí, la razón era su indecencia al publicitar un spot blasfemo que se mofaba de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz de la Redención.
La derrota contra el Bayern de Munich, en el último segundo y empatando; y la derrota de ayer, no hacen sino que me congratule y dé gracias a Dios, le pida perdón de mis miserias por no haberlo defendido con la hombría que Él merece respondiendo al insulto con un estacazo, y que todo esto sirva siempre a mayor gloria de Dios, porque hasta los malvados con sus procederes no escapan de mostrar la justicia.
Habrá quien vea esto un tanto frívolo, me da igual. Para mí es un gran triunfo que la ofensa no escape sin su merecido, sea el terreno que sea, el Sagrado Corazón de Jesús que lleva el escudo de la sociedad deportiva que preside no merece más espinas.
Con Dios, Presidente, cúbrase de saco y ceniza, y arrepiéntase de su conducta, es tiempo de misericordia.
Muy Atte.
Francisco Requena Paredes
lunes 14 de abril de 2008
La soberanía popular es una herejía

El principio cristiano del origen del poder es incompatible con la soberanía popular porque la misma es una herejía, así de claro. Distingos y ambigüedades se presentan en el campo filosófico en cuanto a la metafísica de la nación, del origen inmediato y mediato del poder; y del poder en propiedad y en depósito. Siendo todo eso importante, no se nos escapa, es realmente más importante no la etimología o casi ontología, sino el entendimiento actual que tal concepto de soberanía popular es aprehendido en la mentalidad moderna. Ocurre como la libertad, que siendo la época actual la más oscura de la Humanidad y la de mayor número de esclavos, la mayoría de las personas se siente libre, tanto, que hoy sería imposible un "vivan las caenas" sin ser condenado a la demencia. Época, pues, de lo que se siente más de lo que se conoce.
La soberanía popular es la deriva de la soberanía de la nación que desemboca en la neutralidad del Estado de la que se sigue la separación total y absoluta de la voluntad humana con respecto al Creador. Esos son los hechos, la apostasía de las naciones y de los individuos. Algunos dirán que no tiene que ser así, y nosotros les decimos ¿por qué no? La soberanía popular parte de un principio inamovible y absoulto: el hombre es bueno por naturaleza. Eso contradice el pecado original, dogma, y he ahí la herejía. Si el hombre es bueno, ¿para qué un Redentor, de qué debe de ser redimida la bondad natural del hombre? "Rompamos su yugo" es el grito revolucionario contra el que dice "mi yugo es suave y mi carga ligera". Apartar a Dios de la sociedad tiene su causa en el paradigma liberal.
Escandaliza como algunos todavía se jactan de que España se asiente en una Constitución en la cual la soberanía popular y la "aconfesionalidad" del Estado confabulan contra el orden natural establecido por Dios. Claro que no quieren esa confabulación, el efecto, pero abrazan la causa irracional y desmedidamente. No es de extrañar que "Dignitatis Humanae", auténtica perversión y caballo de Troya de la destrucción de la Cristiandad, propugne como legítimo la propalación y práctica del error. Lo nunca visto. Si bien, cuando el orden natural es subvertido ya no queda legitimidad en el gobierno ni en el régimen que lo ampara. Y en estos momentos el orden natural es violado constante y degenerativamente por la legislación. ¿Cuándo se produce la ilegitimidad de ejercicio? Cuando aparece la primera violación del orden natural. La Constitución de 1978 puso las bases para esas violaciones con la complicidad de dos instituciones básicas en la vida de nuestra Patria: el Trono y el Altar. Traición que se encuadra dentro de un movimiento histórico que tiende a su fin: Cristo. Sí, Jesucristo, Señor de la Historia es el eje de gravitación de ese movimiento, habrá, pues, que valorar y actuar en esa tensión necesaria Teológico-política y abstraerse de particularismos mediáticos.
jueves 10 de abril de 2008
La Banca gana

Que se avecinan tiempos de crisis, bienvenidos --cuando no introducidos-- son por la Banca. Ahora la Banca, gracias a los intereses por el capital prestado, aumentará sus beneficios de la misma manera escandalosa en que decrecerá la economía familiar. Pero, ¿qué más da? Estamos en libertad, ¿no? Pues, no no lo estamos. La usura, que es el mal de nuestro tiempo, representada por el Capitalismo, atenaza la libertad de los españoles. Porque los pueblos gentiles, si quieren ser libres y grandes, no tienen otra solución que adherirse humildemente a la Iglesia; no tienen otra grandeza en la libertad que la grandeza incomparablede las naciones cristianas de la Edad Media, que forjó los santos y los héroes, que levantó las catedrales, que educó al pueblo en la contemplación de los santos, que le dio el sentido de la belleza en el canto gregoriano y en los frescos del Angélico y del Giotto, que sublimó su inteligencia con la Suma Teológica del doctor Angélico.
Si los pueblos gentiles, repudiando esta grandeza como obscurantista y sombría, quieren ser grandes con la grandeza carnal de Babilonia, podrán serlo, sí, pero como sirvientes del judaísmo. Porque los judíos tienen la superioridad en el dominio de lo carnal.
Y he aquí que la historia nos dice (Werner Sombart hace la comprobación) que la decantada grandeza del capitalismo inglés y norteamericano no es más que una creación judaica. Grandeza carnal incomparable, pero que es el trabajo de millones de cristianos en beneficio de un puñado de judíos.
No nos inventamos nada. La Banca está en manos de quien está, y nuestra cacareada libertad también. Pues nada, señores, pasen, apuesten y sigan, el plástico de su tarjeta, al fin el precio de sus pecados de concupiscencia, los esclaviza y hacen ricos a los que dirigen el cotarro de las finanzas alimentado su impenitente avaricia.
miércoles 9 de abril de 2008
Nuestros hermanos mayores en la fe...

... o la pérfida ceguera y chocheo de un declive moral de nuestra "memoria histórica". Simplemente recordar una historia:
Niño monaguillo de la Seo de Zaragoza,
fue crucificado por los judíos en odio de la fe,
para sacarle la sangre y sorberla en
el rito nefando de su Pascua.
(Misal - Propio de España 31 de Agosto)
Dominguito del Val nació en Zaragoza, la ciudad de la Virgen y de los Innumerables Mártires, el año 1243. Era rey de Aragón Jaime el Conquistador, vicario de Cristo en Roma, Inocencio IV, y obispo de Zaragoza, Arnaldo de Peralta. Media España estaba bajo el dominio de los moros y en cada pecho español se albergaba un cruzado.
Los padres de Dominguito se llamaban Sancho del Val e Isabel Sancho. Su madre era de pura cepa zaragozana, y su padre, de origen francés. El abuelo paterno había sido un esforzado guerrero a las órdenes del rey don Alfonso el Batallador. A su lado estuvo en el asedio de Zaragoza, que fue duro y prolongado. Todos los cruzados franceses se marcharon a sus casas; todos, menos uno. "Fue nuestro antepasado -decía Sancho del Val a su hijo, siempre que le contaba la historia-. El señor del Val, hijo de la fuerte Bretaña, sufrió inquebrantable el hambre y la sed, los hielos del invierno y los fuegos del verano, las vigilias prolongadas y los golpes de las armas enemigas. Y al rendirse la ciudad, el rey le hizo rico y noble, igualándole con los españoles más ilustres".
Sancho del Val no siguió a su padre por el camino de las armas. Prefirió las letras. Fue tabelión o notario y su firma quedó estampada en las actas de las Cortes de Aragón, al lado de las firmas de condes y obispos.
Dios bendijo la unión de Sancho e Isabel dándoles un hijo que iba a ser mártir y modelo de todos los niños y, de un modo especial, de los monaguillos. Porque Santo Dominguito del Val es el patrono de los monaguillos y niños de coro. El fue infantico de la catedral de Zaragoza, vistió con garbo la sotanilla roja y repiqueteó con gusto la campanilla en los días de fiesta grande. La imagen que todos hemos visto de este tierno niño nos lo representa con las vestiduras de monaguillo. Clavado en la pared con su hermosa sotana y amplio roquete. La mirada hacia el cielo y unos surcos de sangre goteando de sus pies y manos. Una estampa de dolor ciertamente, pero, también, de valentía superior a las fuerzas de un niño de pocos años. Las nobles condiciones, especialmente su piedad, que se advertían en el niño según crecía, indujeron a los padres a dedicarlo al santuario, al sacerdocio. Cuando fue mayorcito lo enviaron a la catedral. Entonces la catedral era la casa de Dios y, al mismo tiempo, escuela. Todas las mañanas, al salir el sol, hacía Dominguito el camino que separaba el barrio de San Miguel de la Seo. Una vez allí, lo primero que hacía era ayudar a misa y cantar en el coro las alabanzas de Dios y a la Virgen.
Cumplido fielmente su oficio de monaguillo, bajaba al claustro de la catedral a empezar la tarea escolar. Con el capiscol o maestro de canto ensayaban los himnos, salmos y antífonas del oficio divino. La historia y la tradición nos presentan a nuestro Santo especialmente aficionado y dotado para el canto. Por algo es el patrono de los niños de coro y seises.
La tarea escolar incluía más cosas. Había que aprender a leer, a contar, a escribir. Los pequeños dedos se iban acostumbrando a hacer garabatos sobre las tablillas apoyadas en las rodillas. La voz del maestro se oía potente y, al acabar, las cabecitas de los pequeños escolares se inclinaban rápidamente para escribir en los viejos pergaminos lo que acababan de oír. Así un día y otro día. Al atardecer volvía a casa. Un beso a los padres, y luego a contarles lo que había aprendido aquel día y las peripecias de los compañeros.
Uno se resiste a creer la historia que voy a contar. Es increíble que haya hombres tan malos. Sin embargo, parece que la substancia del hecho es verdad.
Los judíos solían amasar los alimentos de su cena pascual con sangre de niños cristianos. La historia nos ha conservado los nombres de estas víctimas inocentes: Simón de Livolés, Ricardo de Norwick, el Niño de la Guardia y Santo Dominguito del Val. "Oyemos decir -escribía el rey Alfonso el Sabio, en aquellos mismos días de Santo Dominguito del Val- que los judíos ficieron, et facem el día de Viernes Santo remembranza de la pasión de Nuestro Señor, furtando los niños et poniéndolos en la cruz, et faciendo imágenes de cera et crucificándolas, cuando los niños no pueden haber."
Los judíos eran por entonces muchos y poderosos en Zaragoza. En la sinagoga se había recordado "que al que presentase un niño cristiano sería eximido de penas y tributos". Y un sábado al terminar de explicar la Ley el rabino, dijo: "Necesitamos sangre cristiana. Si celebramos sin ella la fiesta de la Pascua, Jehová podrá echarnos en cara nuestra negligencia".
Estas palabras fueron bien recogidas por Mosé Albayucet, un usurero de cara apergaminada y nariz ganchuda. Por su frente arrugada pasó una idea negra. Pensó en aquel niño que todos los días al oscurecer pasaba delante de su tienda. Este niño era Dominguito del Val, que volvía de la catedral a casa. A veces solo y otras con un grupo de compañeros. Con frecuencia, al cruzar el barrio judío, de tiendas obscuras y estrechas callejuelas, cantaban himnos en honor del Señor y su Santísima Madre. Seguramente los que acababan de ensayar con el capiscol de la catedral.
Más de una vez los había oído Mosé Albayucet y, desde la puerta de su tienda, los había amenazado con su mano. Le pareció la ocasión oportuna y prometió a sus compañeros de secta que aquel año iban a tener sangre de niño cristiano para la Pascua y bien reciente.
Era el miércoles 31 de agosto de 1250. El atardecer se hacía más obscuro en las estrechas callejuelas del barrio judío por donde pasaba Dominguito camino de su casa. De repente, y antes de pensarlo o poder lanzar un grito, nota que algo se le echa encima. Son las manos de Mosé Albayucet que le cubren el rostro con un manto. Le amordaza bien la boca para que no pueda gritar y le mete de momento en su casa. Las garras de la maldad acaban de hacer su presa.
Aquella misma noche es trasladado el inocente niño a la casa de uno de los rabinos principales. Allí están los príncipes de la sinagoga. Dominguito tiembla de miedo ante aquellos rostros astutos y malvados. Sus manos aprietan la cruz que pende de su pecho.
-Querido niño -le dice una voz zalamera-, no queremos hacerte mal ninguno; pero si quieres salir de aquí tienes que pisar ese Cristo.
-Eso nunca -dice el niño-. Es mi Dios. No, no y mil veces no.
-Acabemos pronto -dicen aquellos malvados ante la firmeza del niño.
Va a repetirse la escena del Calvario. Uno acerca las escaleras que apoya sobre la pared; otro presenta el martillo y los clavos, y no falta quien coloca en la rubia cabellera del niño una corona de zarzas, así el parecido con la crucifixión de Cristo será mayor.
Con gran sobriedad de palabras refieren las Actas del martirio lo que sucedió:
"Arrimáronle a una pared, renovando furiosos en él la pasión del divino Redentor; crucificáronle, horadando con algunos clavos sus manos y pies; abriéronle el costado con una lanza, y cuando hubo expirado, para que no se descubriese tan enorme maldad, lo envolvieron y ataron en un lío y lo enterraron en la orilla del Ebro en el silencio de la noche."
Todos nos imaginamos fácilmente los espasmos de dolor que estremecerían aquellos músculos delicados de niño. Abrieron sus venas para recoger en unos vasos preparados su sangre. Sangre inocente que iba a ser el jugo con que amasasen los panes ácimos de la Pascua.
Una vez muerto cortaron sus manos y cabeza, que arrojaron a un pozo de la casa donde había tenido lugar el horrendo crimen. Su cuerpo mutilado fue llevado, como dicen las Actas, a orillas del Ebro. Allí sería más difícil encontrarlo.
Los judíos se retiraron a sus casas contentos de haber hecho un gran servicio a Dios. La Seo había perdido a su mejor monaguillo y el cielo había ganado un ángel más. Todo esto ocurría la noche del 31 de agosto de 1250.
Dios tenía preparado su día de triunfo, su mañana de resurrección, para Dominguito del Val.
Mientras en la casa del notario Sancho del Val se oían gemidos de dolor, una extraña aureola aparecía en la ribera del Ebro. Los guardas del puente de barcas echado sobre el río habían visto con asombro durante varios días el mismo acontecimiento. La noticia recorre toda Zaragoza.
Algunas autoridades y un grupo de clérigos se dirigen hacia el lugar de la luz misteriosa. Allí hay un pequeño trozo de tierra recientemente removida. Se escarba y, metido en un saco, aparece un bulto sanguinolento. Se comprueba que es el cuerpo mutilado de Dominguito. Una ola de dolor e indignación invade la ciudad de punta a punta.
La cabeza y las manos aparecen, también, de una manera milagrosa. Aunque aquí la historia no concuerda. Según una versión, un perrazo negro gime lastimeramente, y sin que nadie le pueda espantar, al borde del pozo a que fueron arrojados los miembros del niño mártir. Es el perro del notario Sancho del Val. Se agota el agua y en el fondo aparecen las manos y cabeza de Dominguito. Otra versión dice que las aguas del pozo se llenaron de resplandeciente luz, que crecieron y desbordadas mostraron el tesoro que guardaban en el fondo. Pronto se supo toda la verdad del hecho. El mismo Albayucet lo iba diciendo: "Sí, yo he sido. Matadme, me es igual; la mirada del muerto me persigue, y el sueño ha huido de mis ojos". El santo niño había de conseguir el arrepentimiento para su asesino. Bautizado y arrepentido, Albayucet subirá tranquilo a la horca.
"Divulgado el suceso -escribe fray Lamberto de Zaragoza-, y obrados por el divino poder muchos milagros, el obispo Arnaldo dispuso una procesión general, a la que asistió con todo el clero la ciudad, la nobleza, la tropa y la plebe, todos con velas blancas, y llevaron el santo cuerpo por todas las iglesias y calles de la ciudad, hasta por la puerta Cineja, mostrándolo a todos y haciendo ver en él las llagas de las manos y pies y costado."
Hoy mismo es muy viva la devoción que Zaragoza siente por su glorioso mártir. Su fiesta está incluida entre las de primera clase y los niños de coro de La Seo y del Pilar le festejan como Santo patrono. Desde los días del martirio existe la cofradía de Santo Dominguito. El rey Jaime I de Aragón tuvo a honor ser inscrito en ella.
Sus restos mortales se conservan en una capilla de la catedral en hermosa urna de alabastro. Sobre la urna un ángel sostiene esta leyenda: "Aquí yace el bienaventurado niño Domingo del Val, mártir por el nombre de Cristo".
MARCOS MARTÍNEZ DE VADILLO
lunes 7 de abril de 2008
Libremente

Es el adverbio del titular de hoy, una alocución de modo, es decir, la manera de hacer las cosas con libertad. Con lo que el sustantivo a definir es el de libertad. Que el hombre es libre, ontológicamente libre, poseedor de libre albedrío es una cosa que todos conocemos. Y en esencia esa libertad consiste en hacer el bien y evitar el mal, es decir, es una libertad que está condicionada a un orden ético o moral superior. Y ese orden ético o moral superior debe de presentar las cosas como son en realidad a fin de que la persona pueda elaborar un juicio objetivo, y esa presentación de la realidad tal cual es, es la verdad. Por lo tanto, libertad no es hacer aquello que se le antoje al sujeto, hacer el bien o hacer el mal, eso es un uso indebido, impropio, desordenado de la facultad del hombre libre, sino hacer lo que a la luz de la verdad se presenta como bien evitando el error.
Hace gracia ver como algunos, tontos o malvados, desde esa neutralidad pasmosa a la verdad o al error, en el anclaje del personalismo, del hombre como absoluto en sus convicciones, sean estas las que sean, dicen que los ciudadanos deben de elegir libremente el régimen que deseen, sin más miramiento que el derecho a la libertad a la verdad y error y a practicar la verdad o el error, que el deseo del hombre, fundado en la absoluta dignidad humana, está por encima de esas consideraciones. Decir libremente en una época en la cual los medios de comunicación están en manos de la inmoralidad y de la manipulación psicológica más que una quimera es una tomadura de pelo. Decir libremente cuando los mensajes de determinadas opciones políticas quedan silenciados y condenados a la no publicitación, es querer negar la evidencia de los hechos. Así, las personas se forman una opinión dirigida por intereses económicos y políticos bastardos, con la libertad del error propalado por doquier, y donde en el fiel de la balanza la verdad queda dentro de una opción opinable tan digna de inclinarse hacia ella como que no. ¿Eligió libremente el pueblo español la renuncia a los prinicpios católicos del ordenamiento político? Clamorosamente no. Se le hizo creer, y se le hace creer, que su opción fue libre, pero no es cierto, fue una decisión inducida y manipulada. Amparados en el deseo de cambio de gobierno, deseo legítimo y mayoritario, se aprovechó para cambiar de régimen, de uno con principios cristianos, y por ello bueno en esencia (que no perfecto), a otro malo en esencia (aun cuando tenga algún buen resultado) que es la negación artera de esos principios y cimientos jurídicos y políticos.
Mientras sólo la opinión tenida y conocida por lo "políticamente correcto" sea propalada, no habrá decisión con libertad, por mucho que se les llene la boca con la palabreja a todos los liberales, masones y su caterva de neutros y tontos útiles.
jueves 3 de abril de 2008
Las veinticuatro tesis y la síntesis tomista

Las "veinticuatro tesis" fueron aprobadas como principios y enunciados mayores de Santo Tomás en 27 de junio de 1914, y como "conteniendo todas ellas doctrina auténtica de Santo Tomás, que habían de ser propuestas como normas directivas seguras" en 7 de marzo de 1916. Los responsables de su redacción fueron los que elevaron a las competentes Congregaciones de la Santa Sede la consulta. Por la naturaleza de las respuestas, en las que consta no haber intervenido la entonces Congregación del Santo Oficio, es obvio que su aprobación no las imponía a un asentimiento especulativo. Reiteradamente se declaró por la Santa Sede que seguía vigente la libertad en las escuelas católicas entre diversos autores y sistemas.
Pío XII, en un discurso a la Universidad Gregoriana del día 17 de julio de 1953, precisaba:
"No se confunda la doctrina católica y las verdades naturales coherentes con ella y reconocidas por todos los católicos con los propios elementos y los conceptos peculiares por los que se diferencian etre sí los varios sistemas filosóficos y teológicos que se encuentran en la Iglesia."
"Los varios sistemas de doctrina a que la Iglesia permite adherirse han de convenir absolutamente en todo aquello que había sido conocido con certeza por la filosofía antigua y por la filosofía cristiana desde los primeros tiempos de la Iglesia".
"Pero este conjunto de conocimientos no ha sido expuesto por ningún otro autor tan lúcidamente, de modo tan claro y perfecto, ya se atienda a la recíproca concordancia de cada una de las partes, ya a su acuerdo con las verdades de la fe y a la espléndida coherencia que éstas presentan, ni ninguno ha edificado de todos ellos una síntesis tan proporcionada y sólida, como Santo Tomás de Aquino, según dijo León XIII."
Estas palabras de Pío XII ayudan a comprender cuál es el contenido y el sentido de las veinticuatro tesis en orden a una caracterización de la síntesis filosófica tomista.
Había afirmado el Papa San Pío X :
"Al proponer a Santo Tomás como principal guía de la filosofía escolástica, queríamos entender esto, sobre todo, de los principios del Santo sobre los que descansa, como en sus fundamentos, su filosofía."
"En estos principios de Santo Tomás, considerados en su conjunto y universalmente, no se contiene otra cosa sino lo que los más excelentes filósofos y los principales doctores de la Iglesia hallaron sobre el adecuado concepto del conocimiento humano, sobre la naturaleza de Dios y de los entes creados, sobre el orden moral y la consecución del último fin."
"Lo que en la filosofía de Santo Tomás es capital no debe ser tenido en el género de las opiniones sobre las que es lícito disputar en sentidos opuestos, sino que debe ser considerado como los fundamentos en que se apoya toda la ciencia de las cosas naturales y divinas." (Motu proprio Doctoris Angelici, 29 de junio de 1914).
La comparación de las palabras de San Pío X con las de Pío XII muestra la coincidencia: "Lo que en la filosofía de Santo Tomás es capital, no debe ser tenido en el género de las opiniones sobre las que es lícito disputar" ;
"es absolutamente necesario que estén de acuerdo los varios sistemas de doctrina a que permite adherirse la Iglesia (...) con todo aquello que había sido conocido con certeza por la filosofía antigua y por la filosofía cristiana."
Por otra parte, las palabras de Pío XII que sostienen que ningún otro Doctor ha construido en forma tan coherente un edificio doctrinal racionalmente sólido y proporcionado y acorde con la fe hacen comprensible que San Pío X declarase con energía que se apartan lejos de Santo Tomás "los que interpretan perversamente o absolutamente desprecian los puntos que en su filosofía son principios y enunciados mayores" (Ibid.).
Si por el reiterado reconocimiento de la libertad de las escuelas consta que las veinticuatro tesis no dejaron de ser, por virtud de las respuestas de 1914 y 1916, doctrinas opinables, también parece que debe admitirse que aquellas aprobaciones trataban de delimitar algunas líneas fundamentales de aquel edificio doctrinal elogiado por Pío XII como el construído sobre aquellas verdades obligatorias en la forma más coherente y sólida, es decir, de la síntesis filosófica de Santo Tomás de Aquino.
Las veinticuatro tesis fueron redactadas por tomistas de la Compañía de Jesús con el intento de que la respuesta de la Santa Sede fuese garantía de la legitimidad de su enseñanza. San Ignacio, en las constituciones de la Compañía, había puesto a Santo Tomás de Aquino y a Aristóteles como normativos para la enseñanza de la teología y de la filosofía.
Estas mismas circunstancias explican que las veinticuatro tesis sean doctrinas que delimitan la síntesis tomista preferentemente frente al suarismo. Contienen una elaboración de la doctrina del acto y la potencia, ciertamente muy acertada y útil para una comprensión auténtica de la síntesis tomista, pero claramente insuficiente para una reelaboración actual de una filosofía cristiana, es decir, distinguida pero unida y no separada respecto de la Sacra Doctrina, que ponga de manifiesto la aptitud, que alababa León XIII en la doctrina de Santo Tomás, para corregir los errores contemporáneos y recoger los frutos de un progreso sano y verdadero.
Esta tarea exigirá ante todo advertir la coherencia armónica del aristotelismo tomista con aquellos principios capitales heredados de San Agustín y de los Padres latinos y griegos, que precisamente por estar más cercanos a la herencia común del pensamiento cristiano tienen un carácter nuclear y capital en la síntesis del Doctor Angélico."Aquel gran discípulo de San Agustín" -así hablaba de Santo Tomás el agustiniano Cardenal Enrique Noris- asumió la doctrina aristotélica del acto y la potencia desde la intención central de su tarea teológica: la armonía entre la gracia y la naturaleza, que la gracia presupone y perfecciona.
Entre los aristotélicos tiene un lugar preeminente, como reconoció nada menos que Brentano, y la autenticidad de su comprensión de la potencia pura, la materia prima como "el término medio entre el ente en acto y la nada" hizo posible también la luminosa comprensión de la unidad hylemórfica del compuesto humano y el estudio de las potencias del alma, la naturaleza del acto intelectual y la infinitación intencional del cognoscente en acto de conocer. Temas centrales en la consideración de la referencia del hombre a la verdad del ente que en Santo Tomás constituye la fundamentación metafísica del "realismo pensante", y deja sin sentido el camino perdido de una "teoría del conocimiento".
Santo Tomás llevó a la línea del ente transcendental la correlación potencia-acto, no porque entendiese la esencia y la forma en cuanto tal, que afirma ser acto, en univocidad con la materia o con la nada, sino porque alcanzó a afirmar el ser (esse) como "el acto del ente": "el ser mismo es lo perfectísimo puesto que se compara a todo a modo de acto (...) y el ser mismo es la actualidad de todas las cosas y aun de las mismas formas, por lo que no se compara a lo otro como lo recipiente a lo recibido, sino como lo recibido al que recibe" (S. Th. Iª Qu. IV artº 1º).
La distinción entre la esencia y el ser como constitutiva del ente finito y creado, se integra en la perspectiva, desde la que se entiende metafísicamente a Dios como "el Ser mismo subsistente", en la que no alcanzamos a situarnos en la verdadera atmósfera de Santo Tomás si descuidamos la simplicísima advertencia de Cayetano: "El ente se convierte con el bien". La creatureidad no se define formalmente por la dependencia o por la finitud, sino por la participación en la perfección , que Dios comunica libremente y liberalmente en el acto creador. Dios no crea para adquirir ni aumentar su propia infinita perfección, sino para comunicarla por los bienes que reparte a las criaturas. "Nosotros somos porque Dios es bueno": es esta una afirmación de San Agustín que pertenece también a aquello que en Santo Tomás es capital.
"El bien difusivo de sí mismo" del neoplatonismo cristiano no es antitético sino fundante respecto del bien como "aquello a que todas las cosas tienden". Porque las cosas tienden a su perfección y lo bueno es el ente "perfectivo de lo otro a modo de fin". La comprensión agustiniana de las dimensiones del bien creado: modo, especie y orden, como vestigio de la divina Trinidad, que en el ser personal son memoria, inteligencia y voluntad como su imagen son, con el ejemplarismo agustiniano, capitales en la síntesis del Doctor Angélico.
Por esto Santo Tomás puede pensar los grados de perfección del ser como niveles de emanación, que constituyen la vida, y el supremo grado de vida que es según la inteligencia, cuya operación vital natural es el lenguaje. Por eso Santo Tomás puede caracterizar el individuo viviente según el entendimiento, en el que se funda la inclinación personal del amor, como lo dignísimo en toda la naturaleza, y afirmar que la persona es lo único que es por sí mismo querido en el universo de los entes, mientras que todas las demás cosas lo son por causa de la persona. "La gloria de Dios es que el hombre viva", decía San Ireneo de Lyon.
La finitud no es algo negativo ni privativo. Al ente finito le ha comunicado Dios, que crea por pura liberalidad, y cuyo amor infunde y crea la bondad en las cosas, las potencias receptivas de perfección que son como el modo de la perfección participada. Así, no somos corpóreos porque se nos haya privado de la espiritualidad pura de un ángel, sino porque Dios ha querido que participen del carácter de imágenes de su vida, también seres corpóreos; ni somos finitos sino porque Dios se ha dignado comunicar la semejanza participada de su bien infinito a una multitud de entes diversos en su naturaleza y en su grado de perfección.
La ontología agustiniana del bien finito, especie, modo y orden, capital en la obra de Santo Tomás, permite también superar la antítesis entre intelectualismo y voluntarismo en la naturaleza de la felicidad. Podría decirse que en la bienaventuranza eterna su esencia o especie es el bien divino, objeto óptimo de la contemplación intelectual; su modo, la inmediatez intuitiva, cara a cara, de la contemplación beatificante; su orden, el amor teologal que permanece plenamente en la vida eterna y que poseemos los hombres viadores como lo más excelente ya desde ahora.
Fuente: Francisco Canals Vidal
miércoles 2 de abril de 2008
Cartas al Director

Enviada por Paco Berrocal desde http://www.altoyclaro.com/
Franco y la Iglesia. Del nacional catolicismo a la persecución
(Intervención del Gral. de Artillería Dn. Armando Marchante en 2003)
Quería yo haber empezado y lo voy a hacer bien recitando, leyendo una parte del testamento del Generalísimo Franco: "Quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia en cuyo seno voy a morir". Es el momento en que no se trata de engañar a nadie y más si va precedido de una vida ejemplar como acabamos de escuchar. El Generalísimo Franco se sitúa en la línea de nuestros grandes monarcas de la casa de Austria empezando por Isabel fa Católica y los que le siguieron Carlos V, Felipe II, Felipe III, Felipe IV e incluso Carlos II. Es decir, de un catolicismo profundo, sentido, pero que no les llevaba a olvidar sus deberes como hombres de Estado, como reyes de la corona española. Franco tiene un paralelismo estricto con estos grandes monarcas. Franco, cristiano ejemplar, ejemplar también en el cumplimiento de sus deberes de Jefe del Estado y en sus relaciones con la Santa Sede. Voy a ser lo más breve posible y entiendo que este trabajo va a ser publicado en el Boletín de la Fundación y por lo tanto sería inútil el extenderme mucho para exponerlo todo.
La Iglesia y el Alzamiento Nacional
La Iglesia española nada tuvo que ver ni en la preparación ni en el estallido de la Guerra Civil, absolutamente nada, a pesar de que había sido perseguida de una forma sectaria y total por las leyes y por la República española. La Iglesia está libre de todo pecado en cuanto al principio de la Guerra Civil. Curiosamente los primeros obispos que dicen una palabra acerca de los que llamaron entonces Alzamiento Cívico Militar son el Obispo Múgica de Vitoria y el Obispo de Pamplona Marcelino Orlaechea. El Obispo Múgica dirigiéndose a los nacionalistas del PNV les reprochaba que hiciesen causa común con los enemigos declarados encarnizados de la Iglesia, lo que decía él no es lícito en forma alguna, estamos hablando del 6 de agosto de 1936, declaración del Obispo Múgica que nadie le advierte de ello. Ante la tergiversación que el PNV hacía de sus palabras, el Obispo Múgica insistió y dijo el 9 de septiembre de 1936: "No podéis de ninguna manera cooperar ni mucho ni poco, ni directa ni indirectamente al quebranto del Ejército español y tropas auxiliares: requetés, falangistas y milicias ciudadanas que enarbolando la auténtica bandera española bicolor, luchan heroicamente por la religión y por la Patria". Esto no lo dijo ningún militar sublevado, esto lo dijo el Obispo de Vitoria, conocido por otra parte por su proclividad y su condescendencia con los movimientos separatistas vascos capitaneados por el PNV. Franco no había pedido ninguna de estas declaraciones. Se produjeron espontáneamente, en el libro están y no voy a insistir en ello.
Fue una Cruzada
El Concordato de 1851
Eso era un reproche que se le hacía. Y por el lado contrario se reprochaba la tardanza del Vaticano en reconocer el Régimen nacional y el tercer punto de fricción era la diversidad de criterios en cuanto a sí el Concordato de 1851 estaba o no estaba vigente. Del Concordato de 1851 la República había hecho caso omiso por supuesto y cuando estalla el movimiento nacional, la Iglesia se vuelve al Concordato de 1851. En ese concordato se daba el derecho de patronato real, que quiere decir que el Rey de España presentaba a los obispos, cosa que también se olvida frecuentemente. Entonces, la Santa Sede antes del Concilio tenía ya el criterio de inmiscuirse en el nombramiento de Obispos. Esto era absolutamente algo de tiempos pasados y que no se debía mantener. En cambio los diplomáticos que asesoraban al Generalísimo Franco, por ejemplo Magaz, estaban convencidos que había que volver al Concordato de 1851. Sin embargo y a pesar de estos roces, los roces terminaban siempre en lo mismo, en que los obispos acudían al Generalísimo Franco y el Generalísimo Franco sistemáticamente daba la razón a los obispos y accedía a lo que ellos le solicitaban. La Santa Sede tardó mucho tiempo en nombrar al Nuncio en España, hay que tenerlo en cuenta que el final de la Guerra Civil era incierto y la Santa Sede prudentemente y no se le puede reprochar, trataba de no comprometerse demasiado porque a todo esto el Obispo Múgica y el Cardenal Vidal y Barraquer que era de Tarragona, que había salvado la vida por los pelos, estaban en Roma y consideraban que cualquier pronunciamiento de la Iglesia que surgiera a favor del nuevo Régimen, pudiera dar lugar a un recrudecimiento de la persecución que tenía lugar en la zona roja, criterio que evidentemente era equivocado porque la persecución ya poco más podía dar de sí, habían sido ya asesinados 12 Obispos y el número de laicos católicos asesinados por el hecho de serlos y el número de religiosos y clero secular y regular incluidas monjas ya poco podía aumentar porque como dijo un cabecilla anarquista, en España había el problema de la Iglesia, nosotros lo hemos resuelto y hemos terminado con la Iglesia, con las iglesias y con los sacerdotes, por lo tanto ya no había problema.
Hay otro motivo de roce cuando la Santa Sede nombra Obispo de León al Padre Carmelo Ballester, que tenía nacionalidad francesa de origen y le nombraron en plena guerra Obispo de León sin consultar y sin atender en absoluto los deseos o las indicaciones de las autoridades nacionales, cosa que naturalmente agravó las dificultades entre una parte y otra. Siempre terminaban igual; al final se acudía al Generalísimo Franco, y el Generalísimo Franco trataba o daba siempre la razón a la Iglesia. Entonces se planteaba el tema de que el Concordato de 1851 era inaplicable y que había que elaborar un nuevo Concordato.
La prevención en los nombramientos de Obispos
Las negociaciones fueron largas, había con la muerte de los 13 obispos, 13 sedes sin cubrir y esto producía una serie de inconvenientes mientras el resto de los obispos españoles forzaban y presionaban a favor de que se llegase a un acuerdo porque ellos eran los primeros convencidos de la exquisita catolicidad de quien ya era Jefe del Estado. Curiosamente había otro factor de perturbación que eran las evidentes tendencias filoalemanas o filonazis, como quiera decirse de una parte de las fuerzas integrantes en el movimiento nacional. Una parte, que era la parte falangista para entendernos y en cuyas manos estaba la prensa y la propaganda del nuevo régimen y voy a decir los nombres: D. Pedro Laín, D. Dionisio Ridruejo y D. Antonio Tovar, ilustres nazis, declarados en aquellos años y que llegaron a impedir la difusión en España de la carta pastoral de Pío XI .Yo no se alemán, pero con profunda preocupación se expresa una condena del nazismo alemán. Estos directores de propaganda como se llamaban entonces, impidieron la difusión de ese escrito del Papa donde condenaba el nazismo. No impidieron naturalmente una encíclica contemporánea que era la «Divinis Redentoris» donde el Papa Pío XI condenaba el comunismo diciendo que era intrínsicamente perverso. Bien esto también hacía que en el Vaticano con cierto fundamento pensasen que en España había un riesgo de un deslizamiento hacia sistemas nazis, racistas y por supuesto anticatólicos. La única esperanza, la gran esperanza de la jerarquía española era precisamente la persona del Generalísimo Franco. Después de muchos tira y aflojas en el año 1941 uno de los ministros acusados, curiosamente las cosas que tiene la historia, acusado de concomitancia con el nazismo era D. Ramón Serrano Súñer, hizo una primera visita a Roma donde tuvo la descortesía de no ir a visitar al Papa.
Pero en una segunda visita curiosamente fue D. Ramón Serrano Súñer el que consiguió un acuerdo con la Santa Sede para el nombramiento de obispos que se firmó el 7 de junio de 1941. Se mantenían los privilegios que tenía la Iglesia en el Concordato de 1851 y en cuanto a nombramiento de obispos se acababa con el sistema del patronato real y se montaba un sistema muy complicado que era que la Nunciatura en Madrid de acuerdo con el Ministro de Justicia proponía seis nombres a Roma para el nombramiento del obispo en la determinada sede. De esos seis nombres en Roma se elegían tres, yesos tres venían a España y entonces el Jefe del Estado español de los tres elegía uno. Tengo que decir que siempre, siempre, el Generalísimo Franco eligió al que venía en cabeza, siempre. De manera que su comportamiento en este aspecto fue siempre modélico. Se llegó a ese compromiso, se firmó el acuerdo, se nombraron los titulares de las trece sedes vacantes y alguna más que había habido y se firmó también en el acuerdo el compromiso de llegar a un concordato lo antes posible. Estamos en el año 41.
La católica legislación del Nuevo Estado
A todo esto, toda la legislación del Nuevo Estado estaba calcada de acuerdo con los deseos y las enseñanzas de la Iglesia. Se le reconstruyeron los templos, se crearon nuevos seminarios, se le entregó a la Iglesia la enseñanza de la juventud en todos los niveles, se crearon asesorías religiosas en todas las organizaciones del Estado, etc. Es decir, que la influencia de la Iglesia era perfecta, era total, absoluta hasta en la censura de prensa y en la censura de costumbres y yo lo he vivido pues la Iglesia tenía una palabra definitiva.
Los Papas, que nos llevaron al Nacional Catolicismo
A esta situación que era la deseada por la Iglesia, la propugnada en las encíclicas de los pontífices del S. XIX y S. XX, la «Inmortale Dey», de León XIII por poner un ejemplo, a eso se ceñía exclusivamente el Estado español. Bueno, pues a esa situación unos ilustres, mejor dicho nada ilustres, como fueron el canónigo González Ruiz y el jesuita Álvarez Bolado, hayan más tarde denominado peyorativamente y con aspecto casi insultante, nacional catolicismo. Bueno pues se olvidan de una cosa, si aquello era nacional catolicismo era lo que quería la Iglesia, no era lo que quería Franco ni lo que querían los españoles. Era lo que quería y deseaba la Iglesia y lo que la Iglesia imponía como ejemplo a seguir por todos los gobiernos católicos del mundo. De manera que si aquello fuese nacional catolicismo pues era como digo el deseo de la Iglesia y por tanto los papanatas que repiten con carácter de acusación que aquello era un nacional catolicismo pues miren Vds. acusen a León XIII y a Pío XI y Pío XII porque son los que con sus enseñanzas nos llevaron a esa situación.
En estas condiciones se llegan a las negociaciones para el Concordato de 1943 que se prolongaron como las fechas dicen hasta el final de la II Guerra Mundial. Guerra Mundial en la que Franco apoyó absolutamente todos los esfuerzos para llegar a una paz con la Santa Sede e incluso llegó a ofrecer al Papa Pío XII que se refugiase en el Escorial en el caso de que Roma fuese bombardeada por los americanos o por los alemanes. Naturalmente el Papa rechazó el ofrecimiento pero lo agradeció y se llegó a una situación verdaderamente de exquisitas y cordiales relaciones entre el Vaticano y el Estado español. Y voy a leer una cosa muy curiosa. Antonio Fontán, católico liberal como todos sabemos, que desempeñó algún papel en la desaparición del "nacional catolicismo" escribió en "Las claves de la Transición", editado por la Unión Editorial en Madrid en 1985 lo siguiente: "Sin el beneplácito de la Iglesia católica Franco se hubiese visto así mismo reducido de su mítica estatura de capitán de una Cruzada como la de los héroes medievales a la más vulgar y decimonónica de un general pronunciado". Es evidente que Franco tuvo no ya el beneplácito, sino los mayores elogios del Vaticano y de la Iglesia como podemos leer en el libro que hoy se presenta y otros muchos más que se pudieran aducir. De forma que Antonio Fontán, nada partidario de Franco como todos sabemos hace seguramente sin querer un gran elogio del Generalísimo al reconocerle su categoría de Capitán de una Cruzada. Sin olvidar que aunque no hubiera tenido el beneplácito de la Iglesia Franco ganó una durísima guerra y una no menos difícil paz que llevó a España a unos niveles de desarrollo jamás conocidos. ¿Qué General pronunciado del S. XIX puede aducir una labor como la de Francisco Franco? Que nos conteste D. Antonio Fontán.
El nuevo Concordato se firmó en 1953
Una de las mayores victorias de la Iglesia
Para no cansarles demasiado, el Concordato se firmó en la Embajada de España en Roma en el Vaticano, el 27 de septiembre de 1953. Ha hecho 50 años del aniversario, absolutamente ha pasado inadvertido por los medios de comunicación españoles que tantas cosas sabe de la Iglesia. Según Luis Suárez el Concordato fue una de las mayores victorias obtenidas por la Iglesia en sus relaciones con un Estado moderno, y es verdad, las concesiones del Estado eran tremendas en todos los terrenos y lo único que le quedaba era el sistema del nombramiento de obispos que antes he relatado y que se mantuvo tal cual. Pero tenía un boquete, que los obispos auxiliares cosa entonces desconocida, no entraban en el sistema de nombramientos de obispos. Era un boquete gravísimo cuyas consecuencias se vieron después. Los elogios de la Iglesia fueron tremendos, decían que era un Concordato modelo, que había que exportarlo a todos los países católicos. El Presidente de la Acción Católica Sánchez Juliá, decía: "Que ningunos labios católicos pueden abrirse ahora para hablar sin mencionar lo primero, la reciente gloria de España en el Concordato". En cambio el Concordato, que Franco tuvo un gran cuidado de firmado antes de firmar el acuerdo con los norteamericanos, detalle importantísimo, se presentó como un gran éxito diplomático y no lo era como se demostró rápidamente. El Concordato estaba pensado para un Jefe de Estado cristianísimo como era Francisco Franco y para una Iglesia o una Santa Sede que estaba en los años anteriores al Concilio de Pío XII y Juan XXIII. Cuando las circunstancias por una parte eclesiásticas cambiaron, el Concordato demostró que no servía para gran cosa sino para ser una nueva fuente de conflictos. Por lo tanto el Concordato en este sentido no fue precisamente un éxito.
La crisis de la Iglesia y sus consecuencias en España
Llegó la crisis de la Iglesia. La jerarquía española adormecida por los privilegios y por la tranquilidad que le daba su posición en el Estado español hay que decir, con mucha pena lo digo, que fracasó en mi opinión en la educación de las nuevas generaciones que le tenían encomendado. A esta situación se unió el cambio de punto de vista de la Santa Sede a partir del Concilio Vaticano II y del Pontificado de Pablo VI. Hablo con el conocimiento que me da, no mucho, de haber tenido el honor de haber mantenido una entrevista privada personal, durante tres cuartos de hora con Pablo VI y no voy a entrar en los detalles pero si diré que salí de ella con una impresión agridulce, más agria que dulce. Cambió la política del Vaticano, el Papa estaba convencido de que Europa se vería sumergida por la marea marxista y que toda Europa occidental caería en manos del marxismo y pensaba que había poner los sitos para que hubiera una mejor relación anterior con los partidos comunistas, con el marxismo, en espera de lo que podía ocurrir. Ahí se sacrificó al Cardenal Myscenty, se sacrificó a Mons. Stepinac y se sacrificó, vamos a ser claros, al Régimen español. Los agentes de esta transformación fueron el cardenal Villot, Mons. Benelli que había estado como auxiliar en la Nunciatura en Madrid de cuya estancia debió sacar muy mal recuerdo por algún motivo que alguno me ha dicho algo pero no lo quiero repetir y por Mons. Dadaglio, el nuevo Nuncio de infausta memoria. También tuve largas conversaciones con Mons. Dadaglio y los elementos del cambio, como dicen los italianos el voltafache de la Iglesia, es decir, el instrumento elegido fue D. Vicente Enrique y Tarancón. Obispo un tanto superficial, un tanto bullicioso, pero que paradójicamente era el obispo que más veces había sido propuesto por Franco para ocupar diversas sedes episcopales, empezando por Solsona, siguiendo por Oviedo y continuando por Toledo. El obispo era el más presentado por Franco y se convirtió en el instrumento, no digo de la lucha contra Franco, sino del desenganche que entonces se decía de la Iglesia con él. Los instrumentos de esta carrera fueron muy sencillos. El nombramiento de obispos auxiliares al margen del Concordato, se les exigía que hubiesen hecho de alguna manera alguna manifestación más o menos distanciada del régimen, cuando no claramente opuesta a él. Entonces aparecieron una serie de Obispos, muchos, de los que puedo citar alguno: Iniesta, Osés, Valenzuela, Echarren, Llanes, Setién y tantos otros. Yo recuerdo que fui el que le llevó al entonces Ministro D. Antonio Ma de Oriol y Urquijo, Ministro de Justicia, el nombramiento de Mons. Setién como Obispo auxiliar de San Sebastián. D. Antonio, que era un cristiano ejemplar no se me cayó desmayado de su sillón de milagro. No me dio crédito. Me dijo: "Me está Vd. engañando, esto no puede ser". Pues fue. El disgusto de aquél hombre es uno de los más grandes que yo he presenciado en mi vida. No quería dar crédito a la noticia.
La Iglesia pagó caro su desenganche
Mientras tanto todo esto iba acompañado de la desaparición de todas las organizaciones de Acción Católica, de la conversión de la HOAC y de la JOC en verdaderos sindicatos donde nacieron Comisiones Obreras; de los encierros en iglesias, de los capuchinos de Sarriá, de las denuncias proféticas desde los púlpitos. No voy a repetir lo que está en el ánimo de todos nosotros. La pieza definitiva para este desenganche fue la llamada Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, reunión que no tiene ninguna apoyatura ni en el Derecho Canónico ni en la tradición de la Iglesia. ¿Dónde se ha visto, cuándo y en que país y en qué circunstancia que haya una reunión conjunta entre obispos y sacerdotes? Pues la hubo en España y dirigida por el Cardenal Tarancón y ahí fue donde se propuso y afortunadamente no se llegó a aprobar que se pidiese perdón por la actuación de la Iglesia durante la Guerra Civil. La cosa tuvo mucha importancia. Afortunadamente por un puñado de votos no se aprobó, pero todo lo demás que se aprobó llegó hasta tal punto, que la Sagrada Congregación correspondiente desautorizó todas las conclusiones de la Asamblea Conjunta porque dijo que eran repetición de las que había habido en el Concilio de Pisa en mil trescientos ochenta y tantos.
Es igual, la BAC publicó un libro voluminoso con las conclusiones de la Asamblea diciendo que eso era la Carta Magna de la nueva Iglesia española. La Iglesia se desenganchó del régimen pero en el pecado llevó la penitencia porque el grado de descristianización a que ha llegado la sociedad española que estamos viviendo, no voy a explicárselo a Vds. puesto que no hay más que ver la TV, leer la prensa, como la noticia de hoy donde el Partido Socialista quiere disminuir drásticamente la asignación presupuestaria para la Iglesia. Esa noticia del periódico de hoy y los ataques continuados, las burlas, los sacrilegios, las blasfemias en los medios de comunicación como en El Mundo, en la crítica de cine se pueden leer las blasfemias casi a diario, digo blasfemias, las burlas del Papa, de todo lo sagrado, el abandono de los fieles a la Iglesia es evidente y a la iglesia vamos los de cierta edad.
La descristianización de España avanza y estamos a punto de hacer verdad aquella frase desgraciada pero entonces falsa que Azaña pronunció: "España ha dejado de ser católica". Este es la triste historia que yo vivo con pena y sin ánimo de escandalizar a nadie. No quiero acabar con una nota de pesimismo. Quiero acabar con lo que en una ocasión me dijo el perseguido obispo Mons. Guerra Campos: "Mire Vd. cada uno tenemos que cumplir con nuestro deber y hacer todo lo que esté en nuestra mano para que esto no ocurra. Si ocurre, tenga Vd. en cuenta que la victoria o el fracaso no lo dictan los hombres, lo dicta Dios".
Y con esa esperanza seguimos luchando y yo incito a todos Vds. a que sigan luchando para frenar esta tremenda descristianización de España. Muchas gracias.
martes 1 de abril de 2008
Gracias, Señor.

Señor, Dios de los Ejércitos, gracias por haber dado, hace 69 años la Victoria a las Tropas Cruzadas de Liberación. Una oración por los caídos por Dios y por España, y una encomienda a los mártires para que un viento limpio y liberador borre de la faz de nuestra Patria a los cobardes y traidores que hicieron alevosa entrega de algo que no les pertenecía porque no era de ellos, era de Dios y de España.
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España!
¡Arriba España!
¡Caídos por Dios y por España!
¡Presentes!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

