lunes 31 de marzo de 2008

La Paz


En este tiempo de Pascua, nos gustaría hacerle la pascua a más de uno, a esos que se les llena la boca de paz, tolerancia y democracia. Frente al lema, ya hemos hablado de los lemas, de la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, se opone el de la paz [que da] del hombre en el principado del mundo, que no es otra cosa que la Iglesia libre en el Estado libre propugnado en el III Congreso católico de Malinas(1863), apoyado por Mons. Félix Dupanloup (1802-1878), que resumía tan bien el P. Sardá:


"Nació este funesto error de un deseo exagerado de poner conciliación y paz entre doctrinas que forzosamente y por su propia esencia son inconciliables enemigas. El Liberalismo es el dogma de la independencia absoluta de la razón individual y social; el Catolicismo es el dogma de la sujeción absoluta de la razón individual y social a la ley de Dios. ¿Cómo conciliar el sí y el no de tan opuestas doctrinas? A los fundadores del Liberalismo católico pareció cosa fácil. Discurrieron una razón individual ligada a la ley del Evangelio, pero coexistiendo con ella una razón pública o social libre de toda traba en este particular. Dijeron: “EI Estado como tal Estado no debe tener Religión, o debe tenerla solamente hasta cierto punto que no moleste a los demás que no quieran tenerla. Así, pues, el ciudadano particular debe sujetarse a la revelación de Jesucristo; pero el hombre público puede portarse como tal de la misma manera que si para él no existiese dicha revelación”. De esta suerte compaginaron la fórmula célebre de: La Iglesia libre en el Estado libre, fórmula para cuya propagación y defensa se juramentaron en Francia varios católicos insignes, y entre ellos un ilustre Prelado; fórmula que debía ser sospechosa desde que la tomó Cavour para hacerla bandera de la revolución italiana contra el poder temporal de la Santa Sede; fórmula de la cual, a pesar de su evidente fracaso, no nos consta que ninguno de sus autores se haya retractado aún.


No echaron de ver estos esclarecidos sofistas, que si la razón individual venía obligada a someterse a la ley de Dios, no podía declararse exenta de ella la razón pública o social sin caer en un dualismo extravagante, que somete al hombre a la ley de dos criterios opuestos y de dos opuestas conciencias. Así que la distinción del hombre en particular y en ciudadano, obligándole a ser cristiano en el primer concepto, y permitiéndole ser ateo en el segundo, cayó inmediatamente por el suelo bajo la contundente maza de la lógica íntegramente católica. El Syllabus, del cual hablaremos luego, acabó de hundirla sin remisión. Queda todavía de esta brillante, pero funestísima escuela, alguno que otro discípulo rezagado, que ya no se atreve a sustentar paladinamente la teoría católico-liberal, de la que fue en otros tiempos fervoroso panegirista, pero a la que sigue obedeciendo aún en la práctica; tal vez sin darse cuenta a sí propio de que se propone pescar con redes que, por viejas y conocidas, el diablo ha mandado ya recoger."


Pero el Concilio Pastoral II Vaticano ratificó esa posición del III Congreso católico de Malinas en su Declaración Conciliar "Dignitatis Humanae", y es donde estamos. Y sin entrar en profundidades, ya hemos expuesto en este medio diferentes posturas al respecto (Mons. Guerra Campos, P. Julio Meinveille, Mons. Lefebvre, Rafael Gambra, etc.) en temas teológico políticos, sí nos gustaría decir que:


1. La Paz es un don que sólo da Dios por medio de la caridad.

2. El efecto personal de la Paz es el ordenamiento de las potencias del hombre dirigidas correctamente hacia su fin último.

3. El efecto social de la Paz es el orden temporal ordenado al servicio del bien común.


El Santo Padre Pío XI, al introducir "Quas Primas", la Encíclica de Cristo Rey, dentro del calendario litúrgico, es decir, dentro de la economía de la salvación, tuvo en cuenta el estado de degradación que se estaba fermentando en la conciencia católica y de cómo el mundo buscaba la Paz fuera de la única fuente capaz de suministrarla. Ni que decir tiene que ese alejamiento es hoy mayor. Ni que decir tiene que el acercamiento por medio humanos, tolerancia y democracia sin valores, sin caridad, no ha producido esa eclosión primaveral de un nuevo mundo en una nueva Iglesia. Así, en lo que respecta al campo político, la petición de la masonería y del comunismo, aceptadas en el CVII como son la libertad religiosa y la no condena de los regímenes comunistas, lejos de dar la anhelada Paz mundial, han introducido unos regímenes relativistas que dan como fruto las peores legislaciones que ha conocido la Humanidad. Y es consecuencia clara porque con hechos contrastamos que:


1. No se quiere a Dios en las legislaciones de los Estados.

2. El hombre vive en un continuo desorden de sus potencias.

3. El poder temporal del Estado legisla en contra del bien común, subvirtiendo el Derecho Natural.


Todo este clima de confusión se acrecienta con la falta del ejercicio de autoridad por parte de quienes tienen la facultad de ejercerlo. Así, el error se propala por doquier, y la verdad, con fuerza pero sin brazo fuerte que la enarbole parece que sucumbe ante la desidia genelarizada. Nosotros seguiremos denunciando estas incongruencias, y teniendo siempre presente que:


"Militia est vita hominis super terram"


viernes 28 de marzo de 2008

Las cosas claras


Es tan grande el lío, fruto del desconocimiento generalizado, que hay hoy en día relativo a la organización política que es necesario, de forma breve y concisa dejar claras una serie de cuestiones. Las frases cortas, de sentencia axiómática sobre principios razonados, eso que se da en llamar "eslogan", son asimismo un error de aplicación práctica. Así, cosas como "Más sociedad menos Estado", que puede sonar bien, una vez desmenuzada la sentencia se queda en el absurdo. Los lemas son lo contrarion del eslogan. Así, "Dios, Patria, Fueros, Rey", admite razonamientos extensos, pero al final se llega a la certeza de la hipótesis, confirmando el principio de axioma del lema. Los politiqueros juegan con los eslóganes, la política asume los lemas como fin y dispone y ordena los medios para alcanzarlos.


El régimen político es el que define el fin superior, el gobierno del régimen ordena, en base a esos princpios inmutables del régimen, sus acciones temporales. Santo Tomás de Aquinpo hacía la siguiente definición de regímenes posibles, en base al número de gobernantes sobre el número de gobernados, división que es la hipótesis de partida, quiere decir esto que puede haber otros métodos de división y catalogación de regímenes políticos, pero si se toma este hay que tener en mente siempre la hipótesis de partida. Los regímenes son:


Monarquía: Uno gobierna sobre todos.

Aristocracia: Un grupo de virtuosos gobiernan sobre todos los demás.

República: Una parte gobierna sobre la otra.


De estas tres divisiones de régimen, Santo Tomás decía que se garantizaba lo siguiente:


1.- La Monarquía garantiza la unidad.

2.- La Aristocracia garantiza la virtud.

3.- La República garantiza la estabilidad.


Asisimo, Santo Tomás decía que los regímenes cuando se corrompen se denominan de la siguiente manera y producen el efecto contrario que en la forma incorrupta:


1.- La corrupción de la Monarquía degenera en Tiranía y en desunión.

2.- La corrupción de la Aristocracia degenera en Oligarquía y en vicio.

3.- La corrupción de la República degenera en la Democracia y en inestabilidad.


Evidentemente, cuando la gente habla de la Democracia tomista, en realidad, habla de la República tomista, que es la participación del pueblo en las tareas de gobierno. La Democracia tomista es el reparto de las tareas de gobierno por sorteo.


Santo Tomás, como es razonable, proponía un régimen mixto. Una Monarquía con un órgano de control en la Aristocracia y la participación en las tareas de gobierno, República, por virtud, y no por pertenencia a determinada clase o por posesión de bienes temporales. Esto se articuló en buena manera en la Monarquía tradicional, en la cual el Rey estaba sometido al control de sus actuaciones por parte de las Cortes y los Fueros garantizaban el principio de subsidiariedad y los Municipios se gobernaban por sus gentes a través de una verdadera representación gremial.


Lo que garantiza que los regímenes sean incorruptos es que sus principios sean absolutos e inamovibles y por tanto que garanticen el Derecho Natural y estén subordinados a la Verdad, es decir, al Derecho Divino. Subordinación que respeta la legítima autonomía del ordenamiento temporal, es decir, del Estado. Esos principios es lo que modernamente se entiende como Constitución.


El ataque a la Teología (Lutero), seguido del ataque a la Filosofía (Kant) hicieron que apareciera el desorden de principios rectores de los regímenes políticos, apareciendo "el hombre más nefasto de la Historia", Juan Jacobo Rousseau, y el útltimo ataque, en el que estamos hoy inmersos, a la Política. Para que aparezca Rousseau es necesario negar dos principios fundamentales de la doctrina de Jesucristo:


1.- El pecado original. Negar esto es negar un dogma de Fe.

2.- El poder es de origen divino.


Estos dos principios se traducen en la aplicación práctica, es decir, política de:


1.- La soberanía popular. La soberanía reside en la Nación o el pueblo.

2.- El sufragio universal. La verdad es descubierta en base a la opinión mayoritaria de todos sobre todo.


Por tanto, quede claro que aquel que defienda los dos principios políticos de soberanía popular y sufragio universal contraviene la doctrina católica, vamos que no es católico. Inducidos por parte de la Iglesia docente a errores tan lamentables, muchos gozan del privilegio de la ignorancia invencible, pero que no quita un ápice para los que tenemos el conocimiento, y nos adherimos voluntariamente a el, hagamos lo posible por vencer esa ignorancia, que si bien es cierto que esa ignorancia es motivo de salvación, no quita para que no sólo se busque la salvación sino que además se haga como santos, que si bien el número de éstos es pequeño, no es más grande el nuestro.


Si, a la vista de todo lo expuesto, comparamos algunas cosas que se dicen en política, no hacen más que producir risa. Así, por ejemplo, se dice que la Monarquía es una institución medieval, obsoleta, caduca, y hay que substituirla por una República presidencialista. Independientemente de que la época Medieval, lejos del oscurantismo en que la han sumido las historietas de los masones, es la época modelo para cualquier cristiano con vocación política; ¿qué es la República presidencialista? Obviando, porque no se dice alevosamente, la duración del mandato presidencial, ¿no es el gobierno de uno sobre todos? En el mejor de los casos sería una Monarquía electiva, pero Monarquía. En el peor de los casos, sería culquier régimen liberal moderno, sea Francia, sea Italia, es decir, un régimen ateo basado en los principios de los francmasones y de la Revolución. Y si no, ya tenemos el caso de España. Una autodenominada Monarquía parlamentaria que no es más que una Tiranía, Oligarca y Democrática, es decir, el gobierno de la desunión, el vicio y la inestabilidad. "Por sus frutos los conoceréis". Aunque, como es lógico, la Iglesia docente que ha instalado el Régimen actual en España no haga más que renegar de los frutos, aunque los seguimos conociendo por la manera aberrante que se abrazan a las causas. Sea Mons. García Gasco, sea Mons. Rouco, sea el que sea.


miércoles 26 de marzo de 2008

Una nota y una Carta


Nota de Redacción: El Servicio de Propaganda del Tercio Católico de Acción Política ha recibido el encargo, en reunión celebrada ayer en Madrid, por decisión colegiada de la Junta Permanente que el Blog, órgano de acción propagandística del partido, incluya un buzón de "Cartas al Director del Blog TEAP" para recibir las cartas de los lectores, lo cuales tienen derecho a mostrar su parecer sobre las opiniones publicadas en dicho Blog. Asimismo, y para evitar la saturación de mensajes improcedentes y lesivos, se insta a que las entradas al Blog no contengan la opción de comentarios, reservándose el buzón al efecto de "Cartas al Director" para estos asuntos. Se adjudica la cuenta de correo terciocatolico@gmail.com como buzón la cual deberá aparecer con su función al margen derecho, y en emplazamiento visible en primera instancia, del espacio reservado a "etiquetas" del Blog.


Publíquese esta nota a los efectos del general y público conocimiento.


Madrid a 25 de marzo del 2008, A.D.


La Junta Permanente


Hacemos pública la carta del Prof. Sigfredo Hillers extracta de la "Asociación Cultural Primavera", por cuanto contiene elementos de condena al llamado liberalismo católico, lamentablemente corriente que sacude los páramos eclesiales de la actualidad, y porque no basta con quejarse de los efectos sino se combaten las causas. Prescindiendo de los punto personales del Prof. Hillers, que como tales son una apreciación subjetiva, la nota da en el centro de la problemática del encaje de bolillos entre la doctrina de la Iglesia y su "compenetración" forzada y adúltera con los principios masónicos de los "Derechos Humanos" y las constituciones liberales ateas; y da otro punto de vista a nuestro comentario sobre la concentración de las Familias, a la cual no nos adherimos. He aquí la carta del Prof. Hillers dirigida al E.R Sr. Cardenal don Antonio María Rouco Varela, Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española:


Excmo. y Rvdmo. Cardenal-Arzobispo D.Antonio Mª Rouco Varela


Excmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal:


En primer lugar felicitarle por el éxito logrado en la manifestación-concentración del pasado 30 dicbre. En esas fechas me encontraba en Tierra Santa. De todos modos, no hubiera asistido, por lo que se deduce fácilmente de lo que expongo a continuación:


Resulta harto contradictorio que de un lado la jerarquía eclesiástica española se manifieste públicamente por la unidad de la familia y de otro lado se despreocupe de la legislación vigente en España que desde hace casi 30 años viene provocando directamente la DESTRUCCION DE LAS FAMILIAS en un número verdaderamente pavoroso y que Vds. cuidadosamente nos ocultan. En los magníficos discursos que se pronunciaron en dicha concentración, no se abogó por la derogación de la actual legislación… precisamente porque tal legislación fue redactada y eficazmente promovida (1979-1981) por el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal, Card. Tarancón y promulgada no por el PSOE sino por el Gobierno de Adolfo Suárez, militante de Acción Católica, (… y no falangista, como se cree), con Ministros que eran destacados miembros de la elitista A.C.N. de P., v.gr. Alfonso Osorio; Leopoldo Calvo Sotelo; Iñigo Cavero; Landelino Lavilla, etc. Vds. no tienen el valor, la sinceridad de declarar públicamente que se equivocaron introduciendo subrepticiamente la "Ley del Divorcio"… y muchos menos tienen el valor o la dignidad de pedir perdón por ello…


Con razón ese cambio legislativo sobre el matrimonio y la familia fue popularmente conocida como la "Ley Tarancón". En la práctica supuso la entrada de la por tantos anhelada "Ley del Divorcio"…a mayor gloria del Cardenal Tarancón, como públicamente se jactó de ello su secretario Martin Patino, s.j. en la presentación de las "Memorias" del Cardenal, en una multitudinaria rueda de prensa, cuando ya había fallecido el autor, a modo de "homenaje póstumo". N.B. Hace años ya le envié a Vd. el recorte de prensa… Vd., como de costumbre, ni me acusó recibo… aplicándome el consabido "el mejor desprecio, es no hacer aprecio…" Muchas gracias. De igual modo, quiero señalar que esta misiva no es para informarle de nada. Todo lo que aquí digo lo sabe Vd. mucho mejor que nadie. Yo simplemente se lo recuerdo… a "mala idea"… acusándole indirectamente de "pecado de omisión"…


Todavía más. Es curioso y triste a la vez que lo que no se contempló en la "Ley Tarancón", Vds. luego lo ampliaron, para mejor propiciar la destrucción de los matrimonios canónicos y por consiguiente la destrucción de las familias… La jurisdicción sobre las "separaciones matrimoniales" (matrimonios canónicos) fue cedida voluntariamente por Vds. en sus diócesis respectivas a los Tribunales civiles., con lo cual se pudo consumar eficazmente la "Ley del Divorcio" que llevaba encubierta la "Ley Tarancón". Vd. lo sabe mas que de sobra, Sr. Cardenal: "No, eso ya no lo llevábamos aquí… Tiene Vd. que presentarlo en los Tribunales de la Pza. de Castilla"… es la respuesta habitual del sacerdote encargado del Registro en su Diócesis cuando algún ingenuo pretende presentar una demanda de separación matrimonial conforme al Código de Derecho Canónico. Y luego añade: "Nosotros sólo tramitamos los casos de nulidad…"


Esto significa que el Código de Derecho Canónico, en lo referente a separaciones matrimoniales, no está en vigor en España. Sencillamente porque las separaciones matrimoniales no se tramitan en los Tribunales eclesiásticos. Así p.e.la figura del "defensor del vínculo" se convierte en una figura literaria. En España no ejerce. Puede estar permanentemente de vacaciones en el Caribe…
Para Vds. el tema de las separaciones matrimoniales es algo irrelevante, aunque saben -y Vd. mejor que nadie- que son causa directa de la DESTRUCCION DE LA FAMILIA. Nadie mejor informado que Vds. sobre el particular. Sin embargo ocultan celosamente los datos. A través de las prensa, en forma de "escándalo periodístico" (ver "El Mundo" del 12.2.2006) nos enteramos de que cada 3 min. 59" se registra una separación matrimonial en España. En 2005 el número de separaciones fue de 135.000 (no se especifica porcentaje de matrimonios civiles). Los despachos de abogados "matrimonialistas" (mas bien "contra-matrimonio") han proliferado en España como las setas gracias a la "Ley Tarancón" y mueven unos 540 millones de euros al año.
Vd., como experto en Derecho Canónico, sabe mejor que nadie que p.e. la condición impuesta en el c. 1151 ("… a no ser que les excuse una causa legítima"), se ha convertido en una mera "licencia poética". Los Tribunales civiles, a los que Vds. voluntariamente han cedido la tramitación de separaciones matrimoniales (matrimonios canónicos) no requieren "causa legítima". Se limitan a utilizar una fórmula ya clásica, modo de "latiguillo"….."Este Tribunal, sin entrar en el espinoso tema de la culpabilidad… que a nada conduce…" (Sic). España -y Vds. lo saben sobradamente- se ha convertido en el nº 1 de separaciones matrimoniales. Gracias a la "Ley Tarancón" -ya antes del tan denostado por Vds. "divorcio express"- en estos 25 años el trámite de ruptura matrimonial (llámese "separación" o "divorcio") es mas sencillo que lo fue en la Rusia de la época de la Revolución bolchevique. Échele una ojeada al vol. II de mi obra "Derecho-Estado-Sociedad" (capítulo sobre la URSS) donde se lo demuestro, citando legislación soviética. Vds. saben mejor que nadie el número de FAMILIAS ROTAS, i.e. que saltan hechas añicos, dentro de la cifra antedicha de separaciones matrimoniales. También saben, pero nos ocultan, la cifra de hijos menores de edad implicados en estas rupturas matrimoniales a lo largo de estos 25 últimos años. Añadir que, según datos difundidos por TVE el 15 novbre.2007, el número de matrimonios cuya duración es menor de UN AÑO, en 2006 se ha incrementado en un 330 %.


Hace no mucho tiempo escuché a un joven sacerdote en una iglesia de la provincia de Teruel, que en su homilía dominical subrayó la gravedad de la situación de la "familia española" por el cáncer de las separaciones matrimoniales, me señalaba -cuando pasé a la sacristía para felicitarle: “Y nosotros, a través del confesionario sabemos mejor que nadie las dimensiones de este "tumor cancerígeno" que se va extendiendo cada vez mas en la sociedad española… Los odios que se fomentan…v.gr. los hijos yendo a declarar contra su padre ante el Juez, debidamente aleccionados por la madre -asesorada por su abogado- que aspira a quedarse con todo o la mayor parte del patrimonio familiar…", De tarde en tarde salta a la prensa casos de maridos obligados a dormir en su vehículo (otros montando una "tienda de campaña" en lo que fuera el jardín de su urbanización, etc.) porque han sido expulsados por orden judicial de sus casas y no tienen donde ir, ante la elevada cuantía que han de pagar "por alimentos" a la esposa e hijos…


Y todo esto para mayor sonrojo de Vds. cuando en el instrumento de ratificación del 4.12.1979 se indicaba lo siguiente: "Art. VI/3: La Santa Sede reafirma el valor permanente de su doctrina sobre el matrimonio y recuerda a quienes celebren matrimonio canónico la obligación grave que asumen de atenerse a las normas canónicas que lo regulan…" Parece una "cláusula secreta"… absolutamente desconocida por todos, incluyendo a los sacerdotes…


Es también curioso -por no decir lastimoso- que ante esta situación, de claro deterioro de la familia, DESDE HACE CASI 30 AÑOS, Vds. no abogan por la derogación de las leyes en vigor sobre el matrimonio. Se limitan a hacer una leve crítica de la situación actual. Dan la impresión de que se trata de un mal surgido recientemente… con la llegada del PSOE al poder político-legislativo… bajo el mandato de Rodríguez Zapatero… No, Sr. Cardenal. No nos engañen… Procede de la presidencia del Cardenal Tarancón en la Conferencia Episcopal Española… y del Gobierno de Adolfo Suárez con sus Ministros de Acción Católica… Hablamos de 1979-1981 y no de dicbre. 2007…


1) En su alocución, Vd. en concreto, critica que se están fomentando "principios y estilos de vida opuestos al matrimonio indisoluble… y que eso se posibilite y favorezca jurídicamente por las leyes vigentes". ¿Y ahora se da Vd. cuenta? Pero si llevamos más de 25 años y además es obra de Vds. ("Ley Tarancón")


Luego añade Vd.: "Nos entristece tener que constatar que nuestro ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás (sic) respecto a lo que la Declaración Universal de Derecho Humanos de las Naciones Unidas reconocía y establecía hace ya casi sesenta años…"


Claro que ha dado marcha atrás la actual legislación española, pero ¿por qué se remonta Vd. tan atrás en el tiempo, Sr. Cardenal? ¿Por qué hablar de "casi sesenta años"? Lo tiene Vd. mucho mas cerca. Haga la comparación con 30 años atrás… con la legislación vigente en España en 1975… ¿Por qué se salta esa referencia "fatídica" que sus fieles identificarían inmediatamente…? La respuesta es obvia… porque tiene Vd. miedo a los m.c.s.… lo identificarían con la denostada época del "nacional-catolicismo"; i.e. con la "oprobiosa dictadura" del Régimen de Franco… y le tildarían a Vd. de "franquista".


¿Y por qué tiene que recurrir a una comparación tan estrambótica como la "Declaración Universal de Derechos Humanos"…? No hace falta irse tan lejos. Atrévase a citar el Concordato de 1953, antes de la reforma promovida por el Card. Tarancón, mas ajustado al Código de Derecho Canónico que la tal "Declaración Universal" a la que Vd. ahora recurre…. y firmado por la Santa Sede y el Estado Español (Régimen de Franco)… ¿Por qué se lo salta? Huelga la respuesta…


Es ciertamente curioso… y lastimoso a la vez… En estos años, desde la Conferencia Episcopal Española en general y desde algunos Obispos en particular, en sus comunicados o cartas pastorales, es muy habitual en Vds. hacer referencia a los "valores democráticos"; a los "valores constitucionales"… dictaminando impropiamente -i.e. "metiendo la pata"- lo que es propio o impropio de un "Estado de Derecho", como si se estuviesen refiriendo a la doctrina de Sto. Tomás, y hablando también de la "Carta Magna", etc. (N.B. Debo recomendarles que lean el texto original (en Latín) y su traducción oficiosa en Inglés que reproduzco en el vol. IV de mi citada obra… A ver si se enteran de una vez lo que de verdad es la "Carta Magna"… Runnymede/Windsor 1215 !!. Encárguele a su querido y muy despistado Mons. Martínez Camino que haga una visita a la Biblioteca del Museo Británico en Londres y que le informe…


Pero sobre todo… ¿Por qué en lugar de citar tanto los "valores democráticos"; los "valores constitucionales", etc. y ahora la "Declaración Universal de Derechos Humanos", no suelen hacer citas sacadas del vasto repertorio de enseñanzas del Evangelio o de la doctrina de Sto. Tomás sobre gobernantes y regímenes políticos? En ese terreno nadie les podría rebatir…salvo p.e. Miret Magdalena, desde "El País".... ¿Tienen Vds. miedo a que les tachen de "nacional-catolicismo? ¿O han llegado Vds. a la conclusión de que los valores expuestos en la moderna tabla de derechos humanos -derivado de la declaración de la Revolución francesa, obra filosófica de la Masonería, como Vd. bien sabe- es superior y mas "moderna" que el Evangelio?


Claro que desde la Constitución se puede y se debe hacer dura crítica de los gobernantes actuales (incluyendo a su admirado Rey J.C. o a su muy amigo J.Mª Aznar -por cierto, antiguo falangista; militante que estuvo a mis órdenes, por poco tiempo, claro…). Pero no Vds. Hagan el favor de no seguir "metiendo la pata", exponiéndose a que les rectifique y les deje en ridículo el Tribunal Constitucional. Eso déjenselo a los políticos o a los abogados cuando tengan que actuar ante los Tribunales.…


2) Mons. Ricardo Blázquez (tengo sólo extractos de su discurso. A pesar de ser Presidente de la Conferencia Episcopal Española, su página "web" no nos transcribe el texto). Leemos: "… Denunció leyes como la del aborto, el matrimonio homosexual y el divorcio…" Excelente. Enhorabuena, pero… Me figuro que lo haría desde la moral católica; desde las enseñanzas evangélicas y no desde la CONSTITUCION vigente (i.e. los consabidos "valores constitucionales"; "valores democráticos", etc.). Sería una grave contradicción por parte de Vds.


Desde 1978, i.e. ya casi 30 años, Vds. han venido proclamando a título de orgullo su contribución a este régimen presuntamente democrático y a su Constitución en particular. Pues bien según las mayorías parlamentarias y el Tribunal Constitucional, estás leyes aberrantes son perfectamente constitucionales, i.e. ajustadas a la Constitución. Y en mas de una ocasión se les ha recordado públicamente que Vds. no están por encima de la "voluntad popular" y que Vds. no son los intérpretes válidos de la Constitución, ni tampoco S.S. el Papa, sino el Tribunal Constitucional ("pontifex maximus").


Por lo tanto, Vds. como buenos "demócratas" que han abjurado del "nacional-catolicismo" y de los privilegios que disfrutaban durante la "oprobiosa Dictadura", deben acatar las "reglas del juego" constitucionales. N.B. Tomen nota del ejemplo de Fraga… En su día (1985), como Presidente de Alianza Popular, recurrió la mal llamada "Ley del Aborto". El Tribunal Constitucional sentenció que el texto -salvo pequeños detalles- era perfectamente constitucional… Fraga, como buen "demócrata" no tuvo mas remedio que acatarlo… para poder seguir en el "juego político" de la partitocracia que nos domina. Pero… Vds. no tienen por qué… Vds. no pueden ni deben someterse a las "reglas de juego" de la partitocracia… salvo la vergüenza de tener que admitir que han elogiado sin límites el actual régimen político en general y la Constitución 1978 en particular…


Por lo demás, si Mons. Blázquez está en contra de estas leyes (“Ley del Aborto"; "Matrimonio Homosexual" y "Ley del Divorcio"), ¿por qué desde su cargo de Presidente de la Conferencia Episcopal no se pone manos a la obra y pide lisa y llanamente la derogación de tales leyes?


Su antecesor en el cargo, el Cardenal Suquía, públicamente, en conferencia pronunciada el 20 febrero 1989, en el "Club Siglo XXI" de Madrid, calificó el aborto como "crimen abominable", añadiendo: "Contra esa gravísima carencia de tutela y defensa de la vida humana, inocente y débil, protestamos hoy y protestaremos siempre…" Si, si… pero muy flojito. No volvió a abrir la boca.


El año anterior, 1988, con motivo del décimo aniversario de la Constitución, desde TVE rechazó enérgicamente la leve acusación de su entrevistador de que "los Obispos están en contra de la Constitución"… "Está Vd. muy equivocado -le replicó en tono muy serio- puedo afirmar que mas del 80 % de los Obispos españoles están a favor de la Constitución…" y le faltó añadir "… y de este régimen partitocrático, mal llamado "democrático"… Posteriormente alguien le debió advertir o él mismo se percataría de que la justamente denostada "Ley del Aborto" había sido ya reconocida por el Tribunal Constitucional ("pontifex maximus") como ley constitucional… ergo… "Roma locuta, causa finita…" entendiendo por la nueva "Roma" el Tribunal Constitucional, intérprete supremo del "nuevo Evangelio", i.e. la Constitución de 1978. Jamás pidió la derogación de tan aberrante ley.


Y en cuanto a Vd., Cardenal Rouco, desde el alto puesto que ocupa -con o sin el importante añadido de Presidente de la Conferencia Episcopal- ¿Qué ha hecho por la derogación de una ley que despenalizó este "crimen abominable"? No se le ocurrió o no se atrevió a condenar una ley perfectamente constitucional. No organizó ninguna manifestación pública al estilo de la organizada el pasado 30 de diciembre… delante de la sede del PSOE en la época de los gobiernos de Felipe González, ni más tarde ante la sede del Partido Popular, en la época de los gobiernos de J.Mª Aznar (8 años consecutivos, los 4 últimos con mayoría parlamentaria…). Vd. se limitó a pedirle muy cordial y civilizadamente a su amigo Aznar la derogación de tan aberrante ley…


Por confidencia del antiguo portavoz del Gobierno, Miguel Ángel Rodríguez, publicado en el diario "La Razón" (por algún sitio tendré el recorte de prensa), Aznar le contestó negativamente, aduciendo en muy buena "lógica democrática" que ello le supondría una grave pérdida de votos, etc. etc. ¿Y cuál fue el resultado final de tan amigable encuentro? Pues… que ante la negativa de Aznar, Vds. dos quedaron tan amigos… como antes. No se iba a romper su cordial relación por una "minucia" como ésta… ¡Faltaría mas!… Prueba de ello fue que la ceremonia del fastuoso enlace matrimonial de la hija de Aznar en El Escorial fue oficiada por Vd. Naturalmente… Igual que ocurrió con el enlace matrimonial del heredero de la Corona con Dª Leticia… cuando Vd. como experto en Derecho Canónico sabe mejor que nadie que cualquier abogado novato, recién licenciado, conseguiría con toda facilidad la declaración de nulidad de tal matrimonio, cuando uno de los dos cónyuges lo solicitara en el futuro… Mera hipótesis…


3) Cardenal GARCIA GASCO.- En su alocución (… me baso en los extractos de prensa) dijo que "… los poderes públicos deben proteger y defender la familia y no socavar sus fundamentos…". Estupendo. Excelente… Aplausos... ¿Y por qué no dan Vds. ejemplo y hacen "examen de conciencia"? Den a conocer a los m.c.s. los resultados desastrosos de la "Ley Tarancón" en sus mas de 25 años de vigencia, y acometan el grave cáncer de las separaciones matrimoniales (que facilita el divorcio sin mas) y revocan la cesión voluntaria que en su día hicieron Vds. a la jurisdicción de los Tribunales civiles.


La derogación de esta ley lo tienen Vds. bastante fácil, al haber sido promovida por Vds. y al seguir siendo materia concordataria, dentro del Concordato todavía en vigor de 1953. Atrévanse. Sean consecuentes con estas peticiones "in voce" a los poderes públicos… Ánimo…


Y continuó diciendo el Sr. Cardenal: "… la cultura del laicismo es un fraude y un engaño… -Totalmente de acuerdo, sí señor- … no construye nada, sólo desesperanza por el camino del aborto, del divorcio "express"… Es curioso no sólo el Card. García Gasco, sino en general los portavoces y m.c.s. de la Iglesia (jerarquía eclesiástica) desde el primer día de su promulgación criticaron/denostaron contra esta ley. Y hay que preguntarles ¿Y antes de ser "express"?, i.e. la legislación hasta entonces vigente…divorcio a secas ("Ley Tarancón") ¿qué ?? No se alzó ni una sola voz en contra… Por la sencilla razón de que era obra de Vds.…. La denostada ley del divorcio "express", lo único que hace es, como su nombre o "mote" indica, acelerar el proceso; reducir plazos… a la ley que Vds. mismos promovieron y los fieles miembros de Acción Católica -desde el Gobierno de Adolfo Suárez- promulgaron. Así de sencillo; así de trágico y así de incongruente!


El añadido final de su alocución es de manual : "Por ese camino no se respeta la Constitución de 1978… por ese camino nos dirigimos a la disolución de la democracia". Resulta extraño que un Cardenal se preocupe de si se respeta o no la Constitución… Lo importante es si se vulnera o no la Ley de Dios; el Derecho Natural…Por lo demás, vale lo antedicho… Advierta a su colega que la jerarquía eclesiástica en general, ni él en particular… añadiremos para que él no se dé por ofendido… ni tampoco S.S. el Papa (… ni falta que le hace!) puede dictaminar en materia de la Constitución de 1978 ("…que libremente se ha dado el pueblo español", como dice la consabida "muletilla"…). La última palabra la tiene, como sabemos, el Tribunal Constitucional…


En cuanto a su preocupación de que por ese camino "nos dirigimos a la disolución de la democracia"… ¿Por qué tal preocupación en todo un Cardenal de la Iglesia? ¿No debería preocuparse más bien de "la calidad y exigencia moral de los ciudadanos" de que nos hablan Vds. en su comunicado del 30.1.2008? O parafraseando lo que aprendimos en época del "nacional-catolicismo": "Buscad el Reino de Dios y su Justicia… y lo demás os será dado por añadidura”… O algo así ¿no?


¿Por qué se mete el Sr. Cardenal "en camisa de once varas"? Para empezar, cualquier alumno de 2º curso de Derecho (al menos los que pasaron por mis clases), rectificaría al Sr. Cardenal, advirtiéndole que "democracia" no es un término unívoco, sino equívoco. No existe "LA democracia", en singular, sino distintos sistemas democráticos, v. gr. no es lo mismo "la democracia" en EE.UU. que en Méjico o Argentina… ni "la democracia" en Gran Bretaña que en Israel o en Francia o en Italia, etc…. y mucho menos en España. Aquí no tenemos una "democracia", Sr. Cardenal, sino una "partitocracia"… Recomiéndole que eche una ojeada al vol. IV de mi obra citada… Es un "librito" de sólo 1.200 páginas…


4) Cardenal Cañizares.- En su intervención (… que fue muy aplaudida, añade el extracto de prensa) señaló: "La familia debe ser la primera prioridad mundial…" No hace falta la dimensión "mundial" ni que recurramos a las Naciones Unidas, Sr. Cardenal… como la referencia que hace el Cardenal Rouco arriba citada. Podemos ceñirnos al caso de España, donde Vds. pueden rectificar y corregir una malhadada legislación "fabricada" por la Conferencia Episcopal de entonces.


Y añade la nota de prensa: "… la sociedad española vive una gran amenaza social con legislaciones inicuas e injustas…" Bravo. Excelente. Le faltó añadir algo así como…. "… empezando por la funesta "Ley Tarancón" que nosotros mismos promovimos y luego promulgó un Gobierno repleto de Ministros procedentes de Acción Católica -con el apoyo entusiasta del PSOE, por supuesto…" Animo, adelante, Sr. Cardenal. Hagan examen de conciencia; publiquen las cifras escandalosas de las separaciones matrimoniales y de las familias rotas, destrozadas por la "inicua e injusta" Ley Tarancón en estos 25 últimos años… Reivindiquen la jurisdicción que voluntariamente han cedido a los Tribunales civiles y, al ser materia concordataria, inicien el proceso de su derogación… ¿Se atreverán a ser consecuentes con sus denuncias "in voce"? ¡Ojalá!


5) Comunicado-réplica del PSOE.- Les da a Vds. un soberano "palmetazo"; todo un "repaso"… hablando desde la Constitución, v.gr. "Es la Constitución de 1978 la que determina que…"; "Es la Constitución de todos los españoles la que ha proclamado que…" Afirma además rotundamente que "Es esta misma Constitución … y no el Evangelio, podía haber añadido… base última de los valores y principios en los que se legitima la ordenación de…" Y añade más adelante, rematando la jugada: "No hay mas legitimidad que la legitimidad constitucional" Ahí queda eso… ¡Se lo tienen Vds. bien merecido! Vds. que tanto han elogiado la Constitución de 1978; "los valores democráticos"; "los valores constitucionales" etc. Todavía me acuerdo de uno de sus elogios (guardo el recorte de prensa): “La Constitución, como toda obra humana, claro que tiene sus defectos… Pero también como en toda obra humana estos defectos pueden ser corregidos…"(sic). Todo un razonado elogio desde su cargo entonces de Presidente de la Conferencia Episcopal… Pero dígame, Sr. Cardenal, ¿y por qué no aplicó Vd. el mismo razonamiento a las Leyes Fundamentales del Régimen de Franco? También ese ordenamiento jurídico-constitucional era una "obra humana" susceptible de ser mejorada… Sin embargo, no se alzó ninguna voz ni por parte de Vd. ni de la jerarquía eclesiástica (¿Quizás la excepción de Mons. Guerra Campos?) cuando se iban colocando las "cargas de dinamita" para su "voladura controlada". (N.B. Le remito a mi libro del mismo título). ¿Cuándo se atreverán Vds. a publicar un análisis comparativo a la luz del Evangelio; de la Teología Católica; de la doctrina de Sto. Tomás entre la Constitución de 1978 y las Leyes Fundamentales del Régimen de Franco?


Por lo demás, ¿por qué no se atreven Vds. a proclamar la vigencia y supremacía del Derecho Natural cristiano; de la Ley de Dios, muy por encima de la Constitución de 1978? Siguiendo con el mundo al revés, Vds. serían declarados "herejes" por los poderes laicos; sería cometer un "delito de lesa democracia". Reivindiquen Vds. lo más obvio, i.e. en la línea del Card. Suquía en su citada conferencia en el "Siglo XXI" : "Ninguna mayoría parlamentaria, por muy mayoría y legal que sea, puede pasar por encima del bien común y de los principios morales que lo constituyen o integran" ¿Se atreverán Vds. o enmudecerán (como hizo luego el propio Card. Suquía y la Conferencia Episcopal)?


Por último y a modo de N.B., recomendarle que repase el punto 104 del libro "Forja" del Sto. Escrivá de Balaguer que Vd. conocerá mucho mejor que yo. Señala la importancia para la sociedad, como columnas básicas, la legislación sobre el matrimonio y la enseñanza... No se limita a subrayar la importancia del matrimonio o de la enseñanza, sino LAS LEYES que lo regulan jurídicamente -leyes positivas- valga la redundancia… Tampoco se limita a advertirlo, sino que recomienda a sus seguidores a que "luchen por…" Y lo escribe antes de 1975 cuando en España todavía no se había promulgado la Ley Tarancón. Fíjese en la clarividencia del Fundador del Opus Dei. El no escribía para el caso de España, sino "urbi et orbi"… ¿Qué no hubiera escrito hoy de haber conocido las nefastas consecuencias de la "Ley Tarancón"? Sobre la legislación respecto a la Enseñanza, no tengo nada que añadir… Vds. son conscientes de las graves consecuencias que tiene una injusta y sectaria legislación… Desde el primer día lo manifestaron públicamente e incluso, por primera vez en la historia de la Iglesia española, se manifestaron en la calle… Nada que objetar… Enhorabuena… pero ¿por qué no hacen lo mismo con la legislación sobre el matrimonio?… Ya; ya lo sé… No me conteste… Porque es obra suya… de la Conferencia Episcopal de entonces (Card. Tarancón).


Siguiendo su costumbre, esta extensa carta no merecerá su atención. Me gustaría equivocarme. Como dirían mis paisanos:


Hochachtungsvoll !*


(*) N.T.: Fielmente.

martes 25 de marzo de 2008

Conocer la Historia


Aprovecho la cesión de este espacio para hacer una aclaración. Dicen que uno es esclavo de sus palabras, en efecto, y así yo lo soy de las mías. No es esto un orgullo, muchas veces --más de lo que debiera-- le sacan a uno los colores. Lo que firmo yo, es de mi autoría, y lo que no, no. Parece una obviedad, lo será, pero hay veces que Perogrullo no es tenido en cuenta. Dicho lo cual, el artículo publicado en este blog por el Tercio, cuya presidencia ya no ocupo, sobre las llamadas "Fuerzas Nacionales" me parece bastante acertado en el fondo del mismo, en las formas no soy yo nadie para juzgar, pues, soy el primero que en la refriega se me escapan lanzadas que a lo sumo, y en justa ponderación, hubieran sido bofetadas, pero es lo que tiene la lucha y el escarceo, eso de que "gana el duelo el que no se mancha" me parece una frase del que nunca se ha batido.

No quiero hacer un repaso de las vivencias de esta Semana Santa, pero sí aprovechar algunas cosas que me ha ofrecido. Entre ellas la relectura de libros viejos de la casa de mis padres. Libros que gozaban de buena reputación y autoridad para mí, no en vano uno bebió muchas veces de sus aguas, pero que, a la luz -- ó a la inspiración divina-- de los últimos años se me presentan con verdades a medias, que no dejan de ser las peores mentiras. Cabe destacar como la traición de Maroto es presentada como un pacto beneficioso y honroso para las Partes, y como la guerra fratricida era preciso acabarla en aras de los intereses económicos de España. Y es que bien mirado, el siglo XIX se presenta como el gran desconocido. Al igual que para leer una buena traducción de la Biblia hay que buscar una serie de versículos comprometedores, sea el Mt (17, 21), por ejemplo; o la traducción de los escritos de catequesis de Santo Tomás en el consubstancial (las adaptaciones malas y las peores traducciones pone "de la misma naturaleza"); así para ver si alguien se entera o no se entera de la Historia hay que buscar en esos pasajes del siglo de los vericuetos. El simplismo, refugio de la pereza mental de muchos, se trasluce en estas pequeñas pinceladas, y hasta el más purista está lleno de malformaciones. Traigo, a modo de ejemplo, aquí estos pasajes de un historiador, políticamente de "los nuestros", que dice cosas como:

"Lo que nos interesa de este periodo es la aprobación en Cádiz, en 1812, cuando los franceses ocupan la práctica totalidad de España, de la primera Constitución española ---que recibirá el sobrenombre de “La Pepa”--- y que recogía fundamentalmente los postulados de la nueva corriente reformista europea, mayoritaria en las Cortes refugiadas en la capital gaditana, como resultado de la todavía cercana convulsión creada por la Revolución francesa, cuyo fin último era conseguir el recorte de los poderes absolutos de los monarcas. Esta Constitución, avanzada para su tiempo y circunstancias, gravitaba sobre dos puntos principales: la redefinición del concepto de soberanía nacional y el reconocimiento de la necesidad de división de poderes; por ella, la soberanía pasaba a pertenecer al pueblo y no al Rey; el poder legislativo, a las Cortes; el ejecutivo, seguía siendo potestad del Rey y el poder judicial se transfería en exclusiva a los tribunales. Se declaraba como religión oficial de España a la católica. Se reconocía el derecho a voto de los varones mayores de 25 años, pero sólo podían ser elegidos diputados los que poseyeran ciertas rentas, es decir, un nivel económico específico, pues dado el bajo grado de alfabetización de entonces se consideraba ---lo que en general era verdad--- que sólo ciertas clases poseían la cultura adecuada para implicarse en el gobierno de la nación. Por último, se abolían los “señoríos”, con lo que desaparecía la condición de “vasallo” y los campesinos veían así aligeradas en parte sus tradicionales cargas fiscales."

He puesto en negrita lo más espeluznante. Así es presentada la traición de las Cortes de Cádiz, y por uno de los nuestros, pero es que mamó de mos mismos libros viejos de los que en su día lo hice yo. La cultura en manos de lo siempre ha hecho estragos, si fueron los tecnócratas en su día no lo han sido más los socialistas en los nuestros.

Luego, no es de extrañar que después de ese párrafo tan desafortunado, nuestro historiador pase por alto las confrontaciones civiles por la Religión, los Fueros, la Patria y el Rey; y diga cosas como:

"Carlos María Isidro ---que debía recoger la Corona según la citada Ley Sálica, al tener preferencia sobre las hijas de Fernando VII, que no había tenido hijos varones---no acate lo establecido por la “Pragmática sanción” y se produzca la primera guerra “carlista”, verdadera guerra civil en la que los españoles se enfrentan por la sucesión al trono: unos, mayoritariamente los de signo liberal, a favor de Isabel (con tres años de edad por entonces) de la que esperaban obtener a cambio el reconocimiento a sus pretensiones constitucionalistas y de instauración de una Monarquía parlamentaria; los otros, los de tendencia absolutista/tradicionalista, a favor de Carlos María."

Ese reduccionismo a la cuestión dinástica y la equiparación sistemática de tradición con Antiguo Régimen francés es una de las secuelas más difíciles de extirpar de la conciencia social de España.

Y ya para rematar:

En 1840 el General Espartero logra dar fin a la guerra carlista con el llamado “abrazo de Vergara” ---en realidad rendición obligada para los carlistas debido a sus continuos reveses militares---". ¿Reveses militares? ¿Y qué guerra no tiene reveses militares? ¿No los tuvieron las tropas nacionales en la Cruzada?¿Nos imaginamos que hubieran abandonado por esos reveses? Pues bien, no fueron mayores reveses los de la Cruzada que los de los carlistas en 1840.

Estos párrafos, de un tomo que pretende ser: "El camino hacia la guerra. Hechos, motivos y razones.(1808 – Julio de 1936)", nos dice en qué punto está la piedra angular de nuestro desconocimiento histórico, y en buena medida, nuestro fracaso presente y la renuncia de futuro.

martes 18 de marzo de 2008

De continuidades nacionales (y II)


Tras la desaparición de FN del escenario político, la revista siguió y sigue su andadura comenzada en los sesenta, apareció el Movimiento Católico Español (MCE), aglutinador de una línea de opinión de FN, muchos de sus primeros militantes y el mismo fundador fueron dirigentes de Fuerza Nueva y/o Fuerza Joven la rama juvenil de dicho partido. Coincidiendo con la despenalización del aborto en España, y aprovechando el tirón político que quedaba de FN, el MCE tuvo éxitos de organización de eventos políticos. Si bien, el MCE asumía una orientación ideológica tardofranquista, carecía de la legitimidad de origen para ser aglutinador de lo que en su día fue el intento fallido de FN. Cuando hablamos de legitimidad, que es de lo que trata todo este artículo, no nos referimos a la legítima exposición de opiniones, que aquí todo el mundo las tiene y a nadie se le niega, sino a ser continuidad legítima, es decir hereditaria, de las ideologías o movimientos que se dicen representar. Hecho el inciso, el MCE fue un partido nuevo que no podía tener la eficacia que deseaba pues le faltaba la línea continuista y legitimista que la que radica toda eficacia. Otra cosa es que hubiera sido un partido nuevo con nuevas orientaciones y nuevas ideas, pero no lo era, o no lo es pues, todavía sigue en la brecha política.

Entre mediados de los ochenta y los noventa, apenas un lustro, el diario “El Alcázar”, entonces bajo la dirección de Antonio Izquierdo, intentó aglutinar en una fuerza política el “espíritu del 18 de julio”, ya que, al ser el órgano de la Hermandad de Excombatientes, organizaba unas multitudinarias manifestaciones los aniversarios del 20-N, manifestaciones desconocidas en España y que en nada envidiaban a las organizadas hoy en día por la AVT o por las Conferencias Episcopales. Fracasó ese intento, y si en su día don Blas Piñar no logró convertir todos los asistentes a sus mítines en votos, así ocurrió con aquello que fue Juntas Españolas. Se invirtió mucho dinero y esfuerzo, pero el fracaso fue estrepitoso, comparable al que ha sufrido AES en nuestros días. Está claro que cualquier intento de “resucitar” el Movimiento Nacional es un rotundo fracaso.

Otros partidos nuevos han surgido bajo ese espectro en el que los medios de comunicación sitúan toda ostentación patriótica y/o religiosa en la vida pública, que son representaciones impulsivas y sensibles, casi de legítima defensa –cual fue el caso del fascismo en contra del comunismo en la Europa de los 30 del siglo XX--, y que no hay que desdeñar (independientemente del juicio que en primera instancia nos produzcan) esas formas de reacción ante los ataques furibundos del liberalismo a la misma raíz de las obras humanas (territorio, familia, propiedad), pero que quedan fuera de este análisis porque en ese caso, está claro, que no es un tema de continuidad legítima del que estamos hablando, sino casi de propia supervivencia.

Y llegamos a nuestro TERCIO CATÓLICO de ACCIÓN POLÍTICA, TEAP. Es cierto que no aparece en el anagrama la “C” de católico y en su lugar aparece una “E”, que muchas veces lleva a su incorrecta nomenclatura en las referencias. Los fundadores del TEAP entendieron que con la denominación de español quedaba implícita la condición de católico, es un deseo basado en una realidad sociológica, no obstante decidieron incluir las dos, católico explícitamente en contra de esa petulante renuncia a la confesión pública impuesta tiránicamente por la Conferencia Episcopal Española de 1986, y felizmente derogada con la declaración de la Congregación de la Defensa de la Fe del 24 de noviembre del 2002, en la NOTA DOCTRINAL “sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política de Católicos y Vida Pública.”
En principio fue el TEAP un nuevo partido político de ámbito nacional, sin ninguna adscripción anterior y por lo tanto, sin ninguna continuidad legitimista. Podría ser comparado a los partidos integristas del siglo XIX, que más allá de las formas concretas de gobierno, defendían unos principios generales a los cuales todo se debía de subordinar, tal cual era la Soberanía social de Jesucristo. No señalaba enemigo concreto, sino la negación misma de esa Realeza social de Nuestro Señor contenida en la afirmación de la soberanía popular y el sufragio universal. No en vano, aunque sin tener la filiación carlista de origen, podía asociarse bien al Partido Católico Nacional que en su día fundara Nocedal. No obstante, teniendo en cuenta la situación actual de la Iglesia, siempre con obediencia y subordinación de orden pero sin servilismo a las contradicciones doctrinarias propaladas con descaro como la libertad religiosa por los ambientes clericales. Está claro que con ese principio de confesionalidad moral del partido, queda excluido de parecidos con otros partidos como Familia y Vida. La petición de la confesionalidad del Estado y la supresión de la soberanía popular y el sufragio universal, le llevan a no tener un sitio común con AES. Asimismo, la restricción de cultos lleva al TEAP a distanciarse, por principio, de la CTC. La desvinculación con las formas de defensa continuista del Movimiento Nacional, hacen que el TEAP, también por principio, no pueda tampoco ser emparentado con el MCE. Por último, el origen del partido no es un acto impulsivo de supervivencia, una acción casi a la desesperada, y de ahí el distanciamiento con esas formas.

Todos los desencuentros políticos del TEAP con otros partidos o formas políticas, no significan en ningún caso enemistad, como lo puedan significar las opciones parlamentarias actuales u otros grupos de ideologías contrarias a Dios y a España.

Todo este repaso, que en ningún momento pretende ser histórico, sino político y conceptual, nos despeja las incógnitas de esa idealizada unión de fuerzas nacionales tan preconizada o que por lo menos siempre rodea el ambiente de ciertos encuentros políticos. La no continuidad legitimista de las formas de las llamadas fuerzas nacionales, hacen imposible esa unión en un ente moral conjunto, porque ese ente es una opinión y no un devenir histórico. Por eso a nadie le debe extrañar que existan diversas Falanges, ni pueden exigir como deber que todas se unan, pues, ninguna de ellas representa el devenir histórico de la originaria. Otra cosa es la imagen ideal de la historia que mucha gente se labra en su interior, y como les gustaría en esa idealización que hubiera una continuidad ininterrumpida, pero todo eso se da de bruces con los hechos reales. Únicamente la legitimidad de origen, con la legitimidad de ejercicio, hace posible el continuismo histórico.

Por eso, si bien Menéndez Pelayo construyó una historia cultural española, se equivocó de lleno en la cultura política que informaba esa historia. Y se equivocó al definir la monarquía española como una monarquía absolutista dieciochesca a la francesa, porque es esa monarquía española tradicional y popular verdadera la que hace posible la continuidad histórica de España. Monarquía legítima en origen y en ejercicio, mando supremo de la acción política sin el cual toda lucha, toda contienda, sea en el plano que sea es ineficaz.

El Carlismo, bien seguro de esa continuidad, de esa proyección de destino histórico, al levantar la bandera dinástica no hacía otra cosa que defender la cultura histórica que tan bien definiera Menéndez Pelayo, desde la auténtica posición política. No se puede plantear como ejercicio posterior la legitimidad, porque al fin y al cabo es dejar para nunca el problema acuciante de una sociedad española infiel que se aleja cada día más de Dios, que se aparta cada día más de su elevada misión.

Convencidos de esto, el año 2007, a los dos años de su fundación, el Tercio Católico de Acción Política se adhirió a la Causa de la Tradición abanderada por S.A.R. don Sixto Enrique de Borbón. Y es que, según hemos visto en nuestro análisis, es el final del camino racional al que llega todo hombre de buena voluntad, que ame a Dios y sirva a su Patria. La acción eficaz no depende tanto (nada en realidad) de la opinión, sino de la abnegación.

viernes 14 de marzo de 2008

De continuidades nacionales (I)


Según dicen los matemáticos, las funciones discontinuas no existen en la naturaleza, pues toda función de estado es continua, son un artilugio eminentemente abstracto. Vamos a hablar de las continuidades, por lo tanto legitimidades, de las formas de las ideologías políticas. Mucha gente se pregunta por qué hay un número demasiado grandes de grupos que se autodenominan Falange y todos pretenden ser la continuidad de la que existía antes del decreto de unificación de 1937. ¿Es cierto que hay una continuidad, o puede haber una continuidad legítima? No, lo que hay son corrientes de opinión, porque la forma jurídica, que no es baladí ni accidental en este caso, no tuvo una continuidad directa. Normalmente estas opciones, al ser opiniones, destacan un aspecto u otro de lo que podría ser la doctrina del corpus legítimo antes de noviembre de 1936, pero destacar algo en detrimento de otro no deja de ser una adulteración. Que haya personas que se sientan inclinadas a una u otra opinión, en función de una connotación de admiración histórica es muy respetable, pero nada eficaz. Por tanto esa imagen de división, en realidad, es función de una pretendida unión que no puede existir. Si bien decíamos que las discontinuidades no existen, es verdad que los procesos históricos reversibles tampoco. Así, cuando se rompe la continuidad la función desaparece.

No es de extrañar que el tema legitimista haya sido la punta de lanza de la lucha del Tradicionalismo. En este caso, y al estar ligado directamente a una legitimidad de origen dinástico, la continuidad no es función del acuerdo o desacuerdo de distintas opiniones, no olvidemos que al fin y al cabo cada hombre es capaz de sostener una opinión legítima pero no son todas aplicables, sino de aportar derechos. Digamos que al Carlismo le afectó de distinta manera jurídica el Decreto de Unificación, ya que , al fin y al cabo la Comunión Tradicionalista dependía directamente del mando del rey; fue éste quien, como era de justicia, permitió no sólo el gobierno de las tropas del Requeté al Generalísimo del Ejército, institución en la que quedaban absorbidos los Tercios, sino la administración de la victoria. El rey don Alfonso Carlos I nombró regente a su sobrino don Javier de Borbón Parma. Este nombramiento suponía que, llegado el caso, si nadie tenía mayor derecho que él podía ser nombrado rey el regente como así sucedió en el año de 1957, en que fue declarado como Javier I. La continuidad jurídica está clara, si bien en esto, como en tantas cosas, siempre es fuente de discordia, más por las apetencias de opinión personal, que de justicia. El Carlismo no sufría discontinuidad, y el rey podía informar la acción política de la Causa como creyera conveniente, o probar aquellas que le fueran presentadas y no fueran de su personal iniciativa, que también pudiera ser. Don Javier, en los años finales de su vida, nombró a su hijo don Carlos Hugo regente. Y es aquí, donde la continuidad y la legitimidad se fundamentan en otro principio sustancial, tal cual es la legitimidad de ejercicio. Don Carlos Hugo traicionó los principios de la Santa Tradición, adhiriéndose a las corrientes materialistas y liberales que nunca ha dejado de practicar. Es en ese momento, en vida todavía del rey don Javier I, cuando es nombrado regente el príncipe don Sixto Enrique de Borbón que abandera la Causa traicionada por su hermano don Carlos Hugo. En España, el Carlismo estaba representado por el Partido Carlista, fundado por el entonces regente don Carlos Hugo y que tras su traición sólo representaba los intereses, bastardos, de los renegados y no podía hacer otra cosa que subsistir como partido político pero sin el sustantivo carlista o disolverse. No hicieron nada de eso y hoy por hoy se presta al confusionismo general “reinante”.

Una corriente de opinión carlista en la actualidad es la llamada Comunión Tradicionalista Carlista, que como hemos dejado anteriormente demostrado, por ser corriente de opinión y no derivar del legítimo poder del regente, hoy por hoy don Sixto Enrique, no es continuidad de nada, sino novedosa aparición con apego histórico, eso sí, tal cual pueda ser cualquiera de los grupos “Falange”. Todos ellos, volvemos a decir, respetables como opiniones, pero sin heredad ni legitimidad continuista de los grupos originarios. La actividad del Carlismo se realiza en España a través de la Comunión Tradicionalista y de la Secretaría Política de Su Alteza Real don Sixto Enrique, ente moral con presencia en numerosos ambientes académicos y políticos a los que da forma.

La otra discontinuidad es la del propio Movimiento Nacional. Informado y moldeado a partir de 1939, si bien naciera en el Decreto de Unificación de 1937, se agota a partir de los inicios de los 60. Como hemos visto anteriormente el Movimiento Nacional y su partido (contrasentido de los que lo componían, pues eran movimientos antipartido, independientemente del número) único FET y de las JONS no podía representar jurídicamente, y por lo tanto legalmente, a ninguno de los nombres componentes, ni a la Falange de las JONS de febrero del 1936, ni a la Comunión Tradicionalista, sino que era una cosa nueva y ni heredaba nada, ni de nada era continuista salvo del Decreto de Unificación. El régimen del Generalísimo Franco, ante una presión internacional y nacional acuciante, sometido a los vaivenes de una Iglesia en decadencia, va perfilando con sucesivos gabinetes de tecnócratas una transformación para llevar la dictadura a un régimen democrático de partidos, si bien, permaneciendo los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional que salvarían el cimiento de la catástrofe que supondría el liberalismo y la monarquía parlamentaria, en algo que ya iba sonando como democracia orgánica. Una imagen de eso era algo así que todo igual, pero con partidos. Para esto era necesario contar un partido que representara al Movimiento cuando éste desapareciera, porque desaparecer estaba previsto que lo hiciera, y es cuando surge Fuerza Nueva, un partido político que sería el mayoritario y que mantendría todo bajo control. Pero claro, el hombre es voluble, y la historia se hace con hombres, con esto cuenta Dios, pero no muchos hombres. Así, se suceden las traiciones, la que hunde todo fue la derogación de los Principios Fundamentales del Movimiento y la proclamación de la Constitución de 1978. El centro, ese invento de falangistas (que no quiere decir de la Falange, sino grupo de opinión) es decisivo, para que permitir las mayores aberraciones, las cuales desembocan en traer al PSOE, al Partido Comunista y a toda la morralla expulsada a tiros en la Cruzada de Liberación. Todo esto añadido el apoyo de una ETA que hacía las mayores masacres de la historia, merman las instituciones básicas del Ejército y la Magistratura, hasta llegar al día de hoy. Ni que decir tiene que Fuerza Nueva nunca fue el puntal que se esperaba, bastante hizo don Blas Piñar en defender a tiempo y a destiempo lo que se venía abajo y preparaba el actual estado de cosas. Fue, eso sí, la forma continuista de partido político del Movimiento Nacional una vez finiquitado éste. Como sabemos Fuerza Nueva desaparece de la escena política en 1982, tras no lograr representación parlamentaria. En el año 2004, un grupo de opinión de Fuerza Nueva, funda el partido político Alternativa Española, AES, que no es la continuidad del Movimiento Nacional, no porque no pudiera ser en ello delegada, sino por renuncia expresa a serlo. Nace un nuevo partido, pero no es la continuidad de ningún otro, y no representa ninguna ligazón histórica ni con la Falange ni con el Carlismo. Es otra cosa, algo que por lo que vemos no está del todo perfilado y pueden llevar a líneas muy cercanas a la democracia cristiana de los años 70.

jueves 13 de marzo de 2008

Causas Justas


Hemos leído en la prensa que club de fútbol del Real Madrid financia un programa que se llama causas justas y que "muestra la cara más solidaria del Real Madrid". Dichosa palabra esa de la solidaridad. La "soli", aquel converso periódico reconquistado a la horda roja un 26 de enero en la Liberación de Barcelona. Dichosa palabra esa que ha sido trueque del lema francmasón por la fraternidad. Dichosas palabrejas. Causas justas, y sí, nos parece que lo son. Son causas justas "por el cariño y respeto a nuestros mayores" y "por fomentar la lectura". Dejémoslo ahí.


Todos sabemos que esa imagen solidaria es potenciar una marca en el mercado, en ese mercado que por no ser libre no es verdadero mercado, pero también, dejémoslo ahí. Podemos sacar cien, mil, y doscientas mil causas justas. Todas ellas con la preposición "por". Pero no hay causa más justa, y por lo tanto más santa, que aquella de: "Por Dios y por España". Pero, nos preguntamos, ¿cuántos apoyan esta causa? Claro es que esto no es solidario, dentro de esa falsificada noción de solidaridad que tanto les va a muchos y con la que pican el anzuelo otros.


Vamos a hacer competencia a todos esos sensibleros, a todos esos derrochadores de la caridad, y vamos a hacerles competencia, en realidad ya se la llevamos haciendo hace mucho tiempo, porque nuestra bandera está alzada, y porque nuestra Causa es superior a cualquier causa y cualquier justicia:


"Por Dios y por España".

miércoles 12 de marzo de 2008

El bloque de los necios


Un grupo de partidos políticos, de distintas orientaciones ideológicas, se han agrupado en torno a lo que han llamado el “Manifiesto de los principios no-negociables”. Eso que llaman principios no negociables, ni que decir tiene, que el Tercio Católico los asume. Pero la manera de asumirlos el Tercio, no es a la manera realizada por ese grupo de partidos. Y no lo es porque lo que ellos llaman principios no negociables, para nosotros son efectos funestos de principios liberales. Uno de los estragos políticos del liberalismo es romper la cadena concatenada de causa y efecto. Así, todos convendrán que uno de los grandes males de la actualidad política es defender principios, como la soberanía popular y el sufragio universal, y condenar los efectos de esos principios cuyo fruto evidente es la iniquidad de las leyes y del ordenamiento socio político.

Un ejercicio simple de lógica, a la que todo el mundo puede llegar por simple razonamiento, es que hay causas que son efectos de causas de mayor rango, una cadena finita que tiene origen en una causa primera, el primer principio. Y, aquí también llega todo hombre por la razón, ese primer principio es Dios; y siendo Dios el primer principio debe estar claro que es el único que existe por sí y por lo tanto, desde la organización política de la sociedad, no puede ser negociado; puede ser contravenido por el libre albedrío del hombre, pero éste es obligado en conciencia y debe ser obligado por la fuerza coercitiva del Derecho a respetar externamente, es decir, en el ordenamiento jurídico.

La corriente personalista actual (deriva última de la cadena escepticismo, racionalismo, idealismo), aupada por la declaración “Dignitatis Humanae” del Concilio Pastoral Vaticano II, en la cual la dignidad humana está por encima de cualquier consideración de verdad y error, y que por esa dignidad absoluta el hombre puede y debe ser dejado libre para, públicamente (ordenamiento jurídico), adherirse al error y practicarlo, lleva al extremo de que aun cuando el ordenamiento sea injusto, el hombre tiene derecho a proclamarlo y defenderlo por la fuerza, porque el que olvida que el Derecho obliga por su fuerza inherente coercitiva, no lo hace por descuido, sino por malicia. Esto no es sólo una ruptura con la enseñanza tradicional no dogmática de la Iglesia, es también una contradicción teológica con la interpretación del Magisterio ordinario, que no siendo dogmático no puede tener contradicción (algo así como la doctrina del Tribunal Supremo) cuando en el Evangelio eterno del Apocalipsis (3, 4), en la Carta del Ángel a la Iglesia de Sardes dice: “Sed habes pauca nomina in Sardis, qui non inquinaverunt vestimenta sua et ambulabunt mecum in albis, quia digni sunt.” (Pero tienes unas pocas personas en Sardes que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas). Este pasaje fue siempre interpretado como la dignidad humana no es absoluta, sino que se gana en la fidelidad a lo absoluto, a la Verdad.

Todos los partidos adscritos al manifiesto de los NN, unos por expresa mención, y otros por omisión, se adhieren a ese nuevo error filosófico y teológico que es el personalismo. Así convierten al Hombre en la causa primera, y a proclamar con ello que el Hombre existe por sí, algo que contradice la experiencia, pues, el hombre no se da la vida a sí mismo, participa en ella, sí por supuesto con la afirmación de su libertad donada, pero no es la existencia, solo Dios es existencia, es el que es. Si bien ninguno se atreverá a negar ese principio directamente, lo hacen aún siendo ignorantes, al proclamar la absoluta dignidad de la persona humana. Como toda deriva del absolutismo de las cosas humanas, el liberalismo político es la fuente de este monumental error. No olvidemos que los defensores del régimen monárquico absolutista, el Antiguo Régimen, fueron los liberales proclamando, en España, la vergonzosa Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812 que destruía los principios de la Monarquía tradicional, que siempre fue popular, de las Españas.

El PNV, partido anticarlista, expolió el tetralema de Dios, Patria, Fueros, Rey, y se quedó con Dios y Fueros, en clara beligerancia a la Patria y al Rey. El partido SAIN, una máscara neomarxista, proclama vergonzosamente la internacionalidad en contra de la Patria, principio cristiano tan importante, que siendo efecto de Dios tiene el privilegio de considerarse como el amor más grande después del debido a Dios, pudiendo ostentar en esa cadena de causa efecto, finita pero innumerable, el privilegio y honor de causa segunda. Y este grupo artera de SAIN, no tiene reparos en adscribirse a esos NN, y no los tiene porque le va bien, no traiciona a sus principios.

Con pena hemos leído que uno de los grupos del MNN, en concreto la CTC, busca una alianza política en un bloque para obtener representación parlamentaria en la defensa de esos NN. Y decimos con pena no porque en ello nos vaya nada, allá cada cual, sino porque bastante desorientación hay ya en España, como para mezclar una doctrina política como la Tradicional en estos manejos de sacristía postconciliar. El lío para los sencillos se vuelve macanudo.

Esos principios NN son efectos, lo hemos dicho, la causa no negociable, la Santa Causa, es la Soberanía social de Jesucristo, y no al estilo integrista sin forma ni concierto, sino desde la Patria, con la conjunción histórica territorial de la misma, y la legalidad del poder mando legítimo; Dios, Patria, Fueros, Rey. Y para ello hay un obstáculo, el régimen liberal formalizado en esta Monarquía parlamentaria y democrática, mantenida con la ilegitimidad de ejercicio, a la que suma la de origen, tras el perjurio de los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. La lucha política debe centrarse en combatir esa causa que permite los efectos perniciosos de las leyes del divorcio, el aborto, la educación totalitaria, los derechos a la homosexualidad, etc. Unirse para combatir los efectos, manteniendo firmes las causas que los producen no es ya un disparate político, es una enorme irresponsabilidad.

martes 11 de marzo de 2008

¿Qué ha pasado en Barcelona?


No solemos comentar, o no comentamos más bien, cosas fuera de nuestra competencia, pero hoy no nos queda más remedio que saltar la barrera. Y lo hacemos con gusto y con una gente que nos gusta. Si la cara de la moneda de las elecciones la hemos descrito en el fracaso del sistema democrático, la cruz (que es lo mejor que puede pasarle al cristiano) son esos 25.470 votos que ha obtenido la Comunión Tradicionalista Carlista en la circunscripción electoral de Barcelona.


No barruntaremos, porque el "brain storming" supera lo que abarca una hoja Din-A4, con lo que deja de ser tormenta de ideas y se convierte en cadena de estupideces, sólo decir que los votos arrancados por D. Rafael Mir Mena o son un tremendo error de transcripción, o son, hablando en plata, un verdadero milagro.


Deseamos de todo corazón que sea lo segundo, si es lo primero la ilusión no se quita nadie a los peleones CTC, y sobre todo que sean capaces de darle eficiencia al fruto cosechado. Nuestra más sincera enhorabuena.


Todo esto, como hemos dicho en uno de los párrafos, no es cuestión de largas especulaciones, las cosas pasan, lo que si es cierto que no mueven un ápice ni de nuestro planteamiento inicial al prinicipio de la campaña, ni del planteamiento al final de la misma, una golondrina no hace verano.

lunes 10 de marzo de 2008

Fracaso del sistema democrático

El proceso electoral de este fin de semana pasado ha demostrado que el prinicpio un hombre un voto, a parte de ser una blasfemia, es un rotundo fracaso. Y es que se sigue empeñado en usar mal el libro de instrucciones de la sociedad. Así, la soberanía popular y el sufragio universal demuestran que el número de los necios es infinito. Bien que para esa demostración aplica aquello de que para ese viaje no hacían falta alforjas, pero el hombre es así de terco.
El sectario Rodríguez Zapatero, hombre ruin donde los haya, que debiera recibir una sonada patada en su amorfo trasero, que ha realizado actos de felonía que han superado al propio Vellido Dolfos, ha recibido el apoyo de once millones de insensatos. El otro alegórico del sistema, el curtido en amparar bajo el símbolo del "humanismo cristiano", las atrocidades del aborto, Mariano Rajoy, ha sido respaldado por nueve, o más, millones de mentecatos.
Todos ganan, y es cierto, porque gana el sistema y pierde la sociedad, pierde la Religión y pierde España, nos perdemos todos. Leonidas luchó contra el endemoniado Jerjes en las Termópilas, en una batalla "typo" y prefiguración del guerrero cristiano. Hasta el mismo Churchill llegó a decir una vez: "Nunca tantos han debido tanto a tan pocos". Y es así, como levadura en la masa. Son los pocos, porque la virtud es escasa, los que amparan y protegen. La subversión revolucionaria ha convertido a los muchos en la destrucción del todo y de la parte.
Asímismo, hemos podido sacar otra conclusión. Los grupos de "estimulación" social, llámense "thinks tanks", "lobbys", o lo que se quiera, todas esas organizaciones cristianas de prestigio, agrupadas en universidades y escuelas de negocios, que debieran dedicarse a influir en la sociedad los valores y la sana doctrina, eso sí, como ellos mismos dicen sin intervenir en lo político ni en lo social porque el "cristianismo no es programa político", han demostrado su rotundo fracaso y que su autismo estatal es aprovechado para destruir los pocos vestigios que quedan de la Cristiandad. Vendrán con sus guitarreos y su proclamación y defensa de la "dignidad humana" y la "libertad religiosa", se ahogan en sus propios vómitos.
Está claro que este sistema sigue liberando a Barrabás y crucificando a Jesucristo.