lunes 28 de enero de 2008

El deber ineludible del católico...


... es no apoyar, como decía S.S. Pío XII, ni con el talento, ni con el dinero, ni con el voto a todos aquellos que niegan el absoluto dominio de Dios en la sociedad; aquellos que así proceden desde las banderas de los bautizados no deben de considerarse, en palabras del propio Papa, sino como desertores, cobardes y traidores a la Religión. Esos miles de católicos liberales, que nos sacuden los sesos de sus posiciones libertadoras de la conciencia, no merecen más que el desprecio, el combate y la resitencia pasiva a la obediencia.


El desprecio si se jactan de su liberalismo pero permanecen voluntariamente alejados del título de católicos; el combate cuando infiltrados en las filas del bando de Cristo pretenden conciliar a Nuestro Señor con las tesis asquerosas de la Revolución; al fin, la resistencia pasiva a la obediencia, cuando todo eso sea mantenido, como lo es en esta época de oscuridad, por la propia jerarquía de la Iglesia docente.


Hemos llegado ya a las elecciones legislativas. El Tercio Católico de Acción Política, partido católico de ámbito nacional, no se va a presentar a las mismas. Podríamos alegar muchos motivos, casi todos para exculpar, pero sólo podemos decir que no contamos con los suficientes efectivos cauntitativos para confeccionar unas listas electorales, serias y responsables, como la bandera que enarbolamos se merece. Así está la legislación, así están nuestras dificultades. seguiremos luchando por conseguirlas, aunque esa obra sea la de toda nuestra vida. Recomendamos a todos nuestros militantes y simpatizantes, ante la falta de opción política católica, la abstención. Ni nosostros somos responsables de lo que salga de las urnas viciadas por Satanás, ni por nuestra participación lograremos un dique de contención. Así las cosas, lo único que vale es tomar conciencia de que no hay opción y luchar para que la haya en los próximos comicios, eso sí es nuestra responsabilidad y ahí es donde debemos responder, porque esa y no otra es nuestra responsabilidad.


Es la nuestra la única opción católica, que siendo de partido no es partidista. Los supremos valores de Dios y de la Patria a todos integran y a ninguno excluye, es la bandera de la política católica la que enarbolamos, a ella están llamados todos los católicos con diferentes y legítimas opiniones de gobierno para el bien común, de las cuales quedan excluidas aquellas que excluyen la Soberanía social de Jesucristo o la unidad católica de España, porque así lo dicta la doctrina que profesamos, la cual no nos pertenece sino en legítimo usufructo fiduciario que hemos heredado y debemos transmitir.


Queremos dejar, para la reflexión, estas notas del P. Félix Sardà de su obra "El Liberalismo es pecado", con ellas nos despdimos --de nuestra aparciión diaria regular-- hasta después de los comicios, es mucho lo expuesto, es mucha la doctrina, meditemos y actuemos pues, la fe sin obras es una fe de muertos. Somos católicos, somos antiliberales, somos contrarrevolucionarios, eso somos.


XL.- SI ES MÁS CONVENIENTE DEFENDER EN ABSTRACTO LAS DOCTRINAS CATÓLICAS CONTRA EL LIBERALISMO, O DEFENDERLAS POR MEDIO DE UNA AGRUPACIÓN O PARTIDO QUE LAS PERSONIFIQUE.


¿Es más conveniente defender en abstracto las doctrinas católicas contra el Liberalismo, o defenderlas formando un partido que las personifique?

Esta cuestión se ha propuesto mil veces, aunque nunca seguramente con la franqueza con que nos atrevemos nosotros a proponerla aquí. De la confusión de ideas que hay sobre esto, aun entre muchos que son indudablemente verdaderos católicos, han nacido tantas proyectadas y siempre fracasadas fórmulas de Unión fuera o con abstracción de la cuestión política, fórmulas en algunos, sin duda bien intencionadas, aunque en otros hayan sido máscara de astutas y pérfidas maniobras.


Volvernos, pues, a preguntar con toda sinceridad y llaneza: ¿Conviene más defender las ideas antiliberales en abstracto, o defenderlas en concreto, o sea personificadas en un partido franca y resueltamente antiliberal?


Una buena parte de nuestros hermanos, los que pretenden (aunque no lo consiguen) aparecer neutrales en política, dicen que sí conviene. Nosotros sostenemos decididamente que no. Es decir, creemos que es mejor, y que es lo único práctico y viable y eficaz, atacar al Liberalismo y defender y oponerle las ideas antiliberales, no en abstracto, sino en concreto, esto es, no solamente por media de la palabra hablada o escrita, sino por medio de un partido de acción, perfectamente anti-liberal .


Vamos a probarlo.


¿De qué se trata aquí? Trátase de defender ideas prácticas y de práctica aplicación a la vida pública y social, y a las relaciones entre los modernos Estados y la Iglesia de Dios. Ahora bien; tratándose de buscar, ante todo, resultados inmediatamente prácticos, son los más conducentes a este fin los procedimientos mas prácticos. Y lo más práctico aquí es, no la defensa simplemente abstracta y teórica de las doctrinas, sino ayudar y favorecer a los que en el terreno práctico procuran plantearlas, y combatir, desautorizar y aniquilar, si se pudiese, a los que en el mismo terreno práctico se oponen a su realización.


Cansados estamos de idealismos místicos y poéticos, que a nada conducen más que a una vaga admiración de la verdad, si a tanto llegan. A la Iglesia, como a Dios, se la ha de servir spiritu et veritatc, "en espíritu y en verdad"; cogitatione, verbo et opera, "con pensamiento, palabra y obra". El problema actual, en que anda revuelto el mundo, es brutalmente práctico con toda la propiedad del adverbio subrayado. Mas que con razones, pues, se ha de resolver con obras, que obras son amores y no buenas razones, dice el refrán. No es principalmente la cháchara liberal lo que ha trastornado al mundo sino el trabajo eficaz y práctico de los sectarios del Liberalismo. Con la mano más que con la lengua se ha destronado a Dios y al Evangelio de su social soberanía de dieciocho siglos: con la mano más que con la lengua se los ha de volver a colocar en su trono. las ideas, hemos dicho ya más arriba, no se sostienen en el aíre, ni hacen camino por sí solas, ni por sí solas producen en el mundo general conflagración. Son pólvora que no se inflama si no hay quien, aplicando la mecha, la ponga en combustión. Las herejías puramente teóricas y doctrinales han dada poco que hacer a la Iglesia de Dios: más se ha servido al error el brazo que blande la espada que la pluma que escribe falsos silogismos. Nada hubiera sido el Arrianismo sin el apoyo de los emperadores arrianos; nada el Protestantismo sin el favor de los príncipes alemanes deseosos de sacudir el yugo de Carlos V; nada el Anglicanismo sin el de los Lores ingleses cebados por Enrique VIII con los bienes de los Cabildos y monasterios. Urge, pues, oponer a la pluma, la pluma; a la lengua, la lengua; pero principalmente al trabajo el trabajo; a la acción, la acción; al partido, el partido; a la política, la política; a la espada (en ocasiones dadas), la espada.


Así se han hecho siempre las cosas en el mundo, y así se harán. hasta el fin de él. Prodigios no los suele obrar Dios para la defensa de la fe, más que en los principios de ella. Arraigada ésta en un pueblo, quiere que sea defendida humanamente y al modo humano la que en el mundo y al modo humano ha descendido a vivir.


Lo que se llama, pues, un partido católico, sea cualquiera el otro apellido que se le dé, es hay día una necesidad. Tanto significa como haz de fuerzas católicas, núcleo de buenos católicos, unión de trabajos católicos, para obrar en el terreno humano en favor de la Iglesia, allí donde la Iglesia jerárquica no puede muchas veces descender. Que se procure una política católica, una legalidad católica, un Gobierno católico, por medios dignos y católicos, ¿quién lo puede reprobar? ¿No bendijo la Iglesia en la Edad Media la espada de los cruzados, y en la Moderna la bayoneta de los zuavos pontificios? ¿No les dio su pendón? ¿No fue ella la que les prendió al pecho la divisa? Si San Bernardo no se contentó con escribir sobre eso patéticas homilías, sino que recluto soldados y los lanzó a las costas de Palestina, ¿qué inconveniente hay en que un partido católico se lance hay día a la cruzada que permitan las circunstancias, la de los periódicos, la de los círculos, la de los votos, la de la pública manifestación, mientras aguarda la hora histórica en que disponga Dios enviar a favor de su pueblo cautivo la espada de un nuevo Constantino o de un segundo Carlomagno?


Extraño será no le parezcan blasfemias estas verdades a la secta liberal. Pues, por lo mismo, nos han de parecer a nosotros las máximas más sólidas y las más oportunas hoy día.

XLI.- SI ES EXAGERACIÓN NO RECONOCER COMO PARTIDO PERFECTAMENTE CATÓLICO MÁS QUE A UN PARTIDO QUE SEA RADICALMENTE ANTILIBERAL.


"Nos convence lo que acabáis de decir (exclamará alguno de los nuestros, de los nuestros, sí, pero aprensivo y miedoso en demasía por todo lo que suene a política y a partido); mas ¿cuál ha de ser este partido a que se afilie el buen católico para defender, como decís, concreta y prácticamente su fe contra la opresión del Liberalismo? El espíritu de partido puede aquí alucinaros y hacer que, aun a pesar vuestro, os inflame mas el deseo de favorecer por medio de la Religión una determinada causa política, que no el de favorecer por medio de la política a la Religión".

Parécenos, amigo lector, que estampamos aquí la dificultad en toda su fuerza y tal como se la oye proponer por multitud de personas. Afortunadamente nos costará poquísimo desvanecerla, por más que en ella se encuentren como atascados y atarugados muchos de nuestros hermanos.


Afirmamos, pues, sin temor de que nadie pueda lógicamente contradecirnos, que, para combatir al Liberalismo, lo más procedente y lógico es trabajar en mancomunidad de miras y esfuerzos con el partido más radicalmente antiliberal.-¡Hombre! ¡Eso es verdad de Pero Grullo!


-Pero es verdad. Y ¿quién tiene la culpa si a ciertas gentes hay que presentarles las más sólidas verdades de la filosofía en forma de vulgares perogrulladas? No, no es espíritu de partido, sino espíritu de verdad, afirmar que no puede eficazmente oponerse al Liberalismo más que un partido verdaderamente católico, y afirmar en seguida que no es partido radicalmente católico más que un partido radicalmente antiliberal.


Esto escuece naturalmente a ciertos paladares estragados por salsas mestizas, pero es incontestable. El Catolicismo y el Liberalismo son sistemas de doctrinas y de procedimientos esencialmente opuestos, como creemos haber demostrado en estos nuestros artículos; forzoso se hace, pues, reconocer, aunque cueste y amargue, que no se es íntegramente católico sino en cuanto se es íntegramente antiliberal. Estas ideas dan una ecuación rigurosamente matemática. los hombres y los partidos (salvo en ellos error de buena fe) en tanto son católicos por sus doctrinas, en cuanto no profesan idea alguna anticatólica, y es clarísimo que profesarán doctrina anticatólica siempre y cuando conscientes profesen en todo o en parte alguna doctrina liberal. Decir, pues: tal partido liberal o tal persona conscientemente liberal no son católicos, es fórmula tan exacta corno decir: tal casa blanca no es negra, o tal otra colorada no es azul. Es simplemente enunciar de un sujeto lo que lógicamente resulta de aplicar el principio de contradicción: Nequit idem simul esse et non esse: "No puede algo ser y juntamente dejar de ser". Venga, pues, acá el más pintado liberal y diganos si hay en el mundo teorema de matemáticas que concluya mejor que éste: No hay más partido perfectamente católico que un partido que sea radicalmente antiliberal.


No es, pues, partido católico, repetimos, ni aceptable en buena tesis para católicos, más que el que profese y sostenga y practique ideas resueltamente antiliberales. Cualquier otro, por respetable que sea, por conservador que se presente, por orden material que proporcione al país, por beneficios y ventajas que accidentalmente ofrezca a la misma Religión, no es partido católico desde el momento en que se presenta basado en principios liberales, u organizado con espíritu liberal, o dirigido a fines liberales. Y decimos así, refiriéndonos a lo que más arriba hemos indicado, esto es, que hay liberales que del Liberalismo aceptan los principios tan sólo, sin querer las aplicaciones; al paso que hay otros que aceptan las aplicaciones sin querer admitir (por lo menos descaradamente) los principios. Repetimos, pues, que un partido liberal no es católico, ya sea liberal en cuanto a sus principios, ya no lo sea en cuanto a sus aplicaciones, como lo blanco no es negro, como lo cuadrado no es circular, como el valle no es montaña, como la obscuridad no es luz.El periodismo revolucionario, que ha traído al mundo para confusión de él una filosofía y una literatura cuyas especiales, ha inventado también Un modo de discurrir especialmente suyo. Que es, no discurrir como antiguamente se solía, sacando de principios consecuencias, sino discurrir como se usa en las plazuelas y en los corros de comadres, moverse por impresión, vociferar a diestro y a siniestro pomposas palabrotas (sesquipedalia verba), y aturdir y marear al entendimiento propio y al ajeno con desatado turbión de prosa volcánica, en vez de alumbrarle y dirigirle con la clara y serena lumbre de bien seguida argumentación. Es seguro, por lo mismo, que se escandalizará de que neguemos el dictado de católicos a tantos partidos representados en la vida publica por hombres que, vela en mano, concurren a nuestras procesiones; y representados en la prensa por tantos órganos que cantan endechas allá por Semana Santa al Mártir del Gólgota (estilo progresista puro) o villancicos en NocheBuena al Niño de Belén, y que se creen con esto sólo tan representantes de una política católica, como pudieran el gran Cisneros o nuestra ínclita primera Isabel. Y sin embargo... escandalícense o no, les diremos que tan católicos son ellos, como fueron estos luteranos o francmasones. Cada cosa es lo que es, y nada más. Todas las apariencias buenas no harán sea bueno lo que en su esencial naturaleza es malo. Y hable en católico y hágalo todo en apariencia como católico el liberal, liberal será y no católico Todo lo más será liberal vergonzante, que de los católicos anda remedando idioma, traje, forma y buen parecer.


martes 22 de enero de 2008

No, no lamento nada


Hay situaciones en las cuales uno se juzga, mal por esa debilidad de la naturaleza humana caida, sobre los acontecimientos pasados en los lamentos del si. Si hubiera hecho esto; si hubiera hecho lo otro; si hubiera apoyado a mengano; si hubiera luchado contra fulano. Cuando, además, ese juicio lo realizamos en tercera persona, añadiéndole el anacronismo, de tal manera que el "si" autolatismero, se convierte en el "por su culpa", nuestra imaginación se desborda, y con ella, nuestra voluntad se desordena y se ve incapacitada para albergar otra cosa que no sea rechazo y espíritu de diferenciación, mala diferenciación. Ese celo amargo que embadurna asquerosamente nuestro entendiemiento y resfría la caridad. Por supuesto que no hago referencia a esas culpas propias, las cuales nos pasan desapercibidas como he dicho antes, sino a esos comportamientos que sin saber el porqué actual, sólo al final del día, que será el de nuestra partida definitiva, entenderemos su sentido. No obstante, y poniéndome hoy en el lugar de todos esos terceros, muertos en glorioso acto de servicio martirial, criticados por los los que nunca han despuntado más que el filo de su viperina lengua partidista, me permito decirles aquello dedicado a la Legión por la "Môme Piaf" en 1961, y que tantas veces entonaron los legionarios tras la traición de De Gaulle:

No, nada de nada,
no, no me lamento de nada,
ni del bien recibido,
ni del mal,
todo eso me da igual.

No, nada de nada,
no, no me lamento de nada,
está barrido,
pagado,
olvidado.
Me río de lo pasado.

Con mis recuerdos,
encendí el fuego
¡Mis penas,
mis placeres,
no necesito ya ellos!
¡Barridos los amores
con sus tremolar,
barridos por siempre!
Vuelvo a comenzar desde cero.

¡No, nada de nada,
no, lamento nada!
Ni del bien recibido,
ni el mal;
¡todo eso me da igual!

¡No, nada de nada,
no, lamento nada!
¡Ya que mi vida,
ya que me alegrías
hoy
todo eso comienza contigo!

lunes 21 de enero de 2008

Bicentenario del Alzamiento


Desde luego que para festejar los 200 años del Alzamiento del dos de mayo de 1808 se nos ocurren muchas cosas, quizás de las más originales, y no por ello menos olvidadas, sea la de Eugenio en su proclamación de la primavera, a saber, apedrear la embajada de la Francia revolucionaria que intentó implantar la impiedad y la blasfemia de sus sucias entrañas con aquellas embusteras palabras de "libertad, igualdad y fraternidad". El pueblo español, la nación entendida como el "gens" latino, la Patria, se puso en pie contra la barbarie práctica del que fuera el "hombre más nefasto de la Historia", el plebeyo servil Juan Jacobo Rousseau.


Lo que no consiguieron las tropas de los "fanfarrones", lo han conseguido la deslealtad y la traición de lesa Patria y catolicidad, del sistema liberal implantado tras el perjurio del las Leyes y Principios Fundamentales del Movimiento, y la legitimidad del 18 de julio, otro Alzamiento, pero esta vez enfretada a sí misma la substancia y esencia de España. Difícil, pues, la conmemoración fastuosa y honrada que se merecen los héroes de la Patria. Aquellos que preparon el camino y el sustrato de la raza de las mujeres españolas, gestadoras, parturientas y escuelas de héroes; esas mismas que hicieron derramar las lágrimas a todo un espartano y curtido legionario, tal cual fue el Generalísimo Franco, del que oyeron este sublime elogio: "¿Cómo podría expresar la honda emoción que nos embarga ante la presencia de las madres y las esposas de nuestros Caídos, representadas por esas mujeres ejemplares aquí presentes, que conscientes de lo que la Patria les exigía, colgaron un día las medallas del cuello de sus deudos animándoles para la batalla?" Dicen los teólogos, que los mensajes proféticos tienen un typo (imagen ligada a su experiencia histórica) y un antitypo (proyección futura según el patrón typo). Bien, si alguien profeticamente hubiera revelado la historia de España, el Alzamiento de 1808 sería el typo, y el Alzamiento de 1936 el antitypo, es decir, la misma misión de destino universal. Así lo recuerda muy bien el combatiente de las Brigadas Navarras mientras redactaba el Eugenio.


Y ahora, ¿qué se ha hecho? La mujer española denigrada, manoseada y corrompida; cuando no asaltada y muerta a manos de los efectos de la propia revolución instalada en nuestros parlamentos; convertidos sus senos en sepulcros blanqueados en las asquerosas factorias de destrucción masiva del género humano, llamadas clínicas aborteras. Y mientras: silencio. Más vale, a todos esos cobardes que traicionan la impronta indeleble de los soldados de Cristo, que en lugar de ir a Auschwitz y preguntar sacrílegamente: "¿dónde estaba Dios?" reflexionen la pregunta que Dios les ha de devolver, ante los ángeles que ven su rostro y que son los custodios de todos esos inocentes masacrados en pro de unos derechos humanos y unas libertades implantadas por la misma revolución:


"¿Dónde estabas tú, cobarde y traidor, mientras todo eso ocurría?"...


...y ante el silencio del que ve su culpa pero no quiere misericordia, increpará el Señor:


"Apártate de Mi, no te conozco"


Quizás no tenga sentido, hoy por hoy apedrear la embajada de Francia sino se apedrea las embajadas de las leyes inicuas, pero pongamos el antitypo de la embajadas en lo que es hoy las clínicas aborteras, donde, otra vez, se instalan los paredones de los fusilamientos de mayo de 1808.

jueves 17 de enero de 2008

¿Qué puedo hacer yo...


...por el Reinado social de Jesucristo? Esto debería rondar en la mente de los fieles, cada cual según sus condiciones y estado, pero es una pregunta insoslayable, comienzo del camino. Es, la pregunta así formulada, termómetro de nuestra entrega, de nuestra disposición. Para quien nunca se ha formulado esta pregunta a sí mismo, es un paso de gigante el hacérsela, es el primer escalón de la escala moral del compromiso activo. Si nunca te has hecho esta pregunta, pregúntate por lo menos el porqué no lo has hecho. Efectivamente, la respuesta la da Dios.


Aun así, hay una cosa que todos debemos hacer, y esta es la conversión. No hay cristianismo sin conversión, y sin cristianismo no hay cristianos, obviamente, por lo tanto, el segundo escalón en el combate por la restauración del Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo es el drástico y voluntario cambio de costumbres en nuestra vida. No se puede, una vez aceptada la vocación para la reconquista de la Cristiandad, hacer de nuestra vida una alegoría fantasmagórica y dialéctica en barras de bares y espectáculos nocturnos, amén, por supuesto, de las pérdidas de consciencia en juergas y borracheras. Oímos muchas veces quejarse contra unos y contra otros, pero no son más que desahogos pueriles, pataletas de niño sin caramelo. La conversión lleva a centrar la vida en dos pilares: oración y penitencia. No hay más, ni menos. No se puede pretender querer para la sociedad lo que uno es incapaz de dar. El utilizar, siquiera someramente, los instrumentos de destrucción revolucionarios para la diversión, neutrliza toda nuestra eficacia en la acción contra el Príncipe del Mundo.


Os lo decimos a vosotros, jóvenes, esta lucha no es un romanticismo decimonónico de mauser y chispa, una novela, un film de Holywood en que el bueno arrasa por el mero hecho de la exigencia del guión. No. Esta lucha es una pertinaz batalla en contra del mal y de los enemigos del alma, pero la primera obligación está en nosotros. No podemos salvar el alma de nuestros hermanos, ni salvar nuestra Patria, si nos ocupamos primero de nuestra propia salvación.


En estas fechas futuras de elcciones infernales, que no se inquiete vuestro ánimo por el entorno, antes bien, inquietar al entorno con vuestro ánimo firme y sereno en la paz de Dios.

miércoles 16 de enero de 2008

La paganización del domingo


En el artículo de ayer comentábamos, brevemente, los deberes de los fieles para la restauración, o reconquista, del Reinado social de Jesucristo. Uno de esos deberes, el de dar testimonio de la fe mediante el culto público, se realiza en la santificación del domingo, y por lo tanto, todo lo que sea paganizar ese día es ir en contra de la Soberanía social, es decir, es colaborar en la destrucción sistemática del orden social cristiano. Así, tal como suena. No es de extrañar, por razón obvia, que nos opongamos a los nuevos horarios comerciales y a la apertura de los comercios el domingo. En tan pequeña cosa, nuestro asentimiento o contrariedad producen efectos insospechados, para bien o para mal, pero en cualquier caso, jamás la indiferencia. El Tercio Católico de Acción Política, incorporando ese punto de lucha de la Comunión Tradicionalista, asumió en su programa muncipal el abolir la apertura de comercios el domingo. Muchos puede que vean en ello un anacronismo, un fuera de tiempo y lugar, puede ser, pero esos mismos son los que destruyen los cimientos de nuestro armazón social; en cambio, muchos otros no ven porque nadie les explica el porqué, nosotros damos las razones, y las obras, pues, obras son amores y no buenas razones, cuanto más para nosotros que somos la acción política del católico. La religión cristiana es una religión pública, y los fieles estamos obligados a practicarla ostensiblemente. Ese es el calificativo del cristiano: ostensible. Nada de esferas privadas o fondos de conciencia.


Si continuamos con la mira puesta en el Obispo de Poitiers, Mons. Pie, éste veía en el carácter público de la religión el camino natural hacia el reino social de Jesucristo, y llamó con insistencia a los fieles sobre esa necesidad del culto público y de lo que el mismo obliga. Por lo tanto, no es de extrañar que los enemigos del catolicismo, llámese liberalismo el peor de ellos por su larvado encubrimiento en las células eclesiásticas y pseudodoctrinales, quieran paganizar el domingo convirtiendo ese día en la asistencia en peregrinación a las cuevas de ladrones, en lugar del incesante hormigueo de visitas al templo del Señor. Lo que no está tan claro es la no advertencia de ese peligro, la colaboración con el mismo, o el tomarlo como un mínimo, quizás para un religioso lo sea, pero no así para el fiel, el cristiano de a pie, si vale la expresión.


Dicen, por ejemplo, que muchos directores de grandes superficies son cristianos comprometidos, en cambio abren las puertas de sus comercios, y en verdad sí son comprometidos, pero en la aniquilación del reinado social de Jesucristo. Muchos trabajadores son obligados a ir a sus puestos de trabajo para atender las estúpidas concupiscencias de su hermanos los hombres, muchos de ellos en la fe, que dicen profesar pero que desconocen por completo. Lo que ya sería el colmo es que, además, en las archifamosas escuelas de negocios católicas (un mix un tanto sui generis) se enseñará las enormes ventajas de abrir los domingos en base al mercado potencial y la gestión de mercaderias, dislate del que no estamos seguros se vean libres en algunos de sus ejemplos a futuros directivos.


Invitamos a todos a leer las instrucciones pastorales, auténtica dirección de la grey, del Cardenal Pie sobre la "ley del domingo", ley que el mismo prelado llamó "motor de la legislación social". Vean, pues, la importancia de oponerse al trabajo de mercader en domingo y a la apertura de los comercios y la nueva ordenanza sobre los horarios comerciales. No es baladí la cuestión, es capital y así la entendemos, tanto, que bien merece la pena rescatar otra vez la campaña de: "El domingo no se trabaja".

martes 15 de enero de 2008

Deber de los fieles


La restauración del Reino social de Jesucristo


Estos deberes consisten básicamente en: La formación religiosa, la fe en la Realeza de Cristo, la práctica pública del culto cristiano, la afirmación de la fe en la vida familiar, la afirmación de la fe en la vida pública, la afirmación de la fe en las relaciones sociales; y la oración por el reino social.


El primer deber de los fieles, para ayudar en la restauración social del orden cristiano, es antes de nada hacer reinar a Jesucristo en sus entendimientos por la formación religiosa.


"La sola esperanza de nuestra regeneración social, ha dicho Mons. Pie, descansa en el estudio de la religión...el primer paso de retorno a la paz y al bienestar será el retorno a la ciencia del cristianismo."


Mons. Pie insiste en este punto que para él es capital, ya que, según tan docta opinión, el renacimiento social cristiano de occidente esta ligado inevitablemente al renacimiento catequético. No es de extrañar que hoy en día sean esas catequesis ñoñas, vacías de toda doctrina, impartidas por ignorantes llenos de sentimentalismo, las que predominen en nuestras parroquias invadidas por el cáncer del protestantismo. O si no, esas otras llamadas así mismas como neocatecumenales, y en verdad son neo, pero neoreligiosas, enseñan una nueva religión nacida en sus conciencias y practicadas en los atrios pisoteados de las iglesias. Nada que ver con la doctrina católica y sus escuelas. Por eso, hoy más que nunca es necesario volver al Magisterio, a la fidelidad doctrinal sin taras; por eso, el Cardenal Pie, en cuatro sermones predicados en la catedral de Chartres, explica largamente a los fieles (laicos, que diríamos hoy) la importancia del estudio de la religión y les indica el método a emplear en este estudio.


Esos sermones de joven vicario de la catedral de Chartres, platicados en 1840, son siempre de una rabiosa actualidad, y nos atrevemos a decir que, en esta materia, no conocemos nada más claro y persuasivo. Releyéndolos, todos los fieles (laicos, que nos dicen algunos) seran empujados a dar en su vida un lugar privilegiado a la instrucción religiosa. Como, en efecto, no ser tocado por las palabras tan verdaderas como fuertes: "Degradar su espíritu de la verdad, y ser indiferente, es ese precisamente el crimen que Dios castigará con mayor severidad y justicia...es evidente, pues, que la sola ignorancia voluntaria de la religión es por ella misma un crimen digno de muerte, porque ella reafirma el menosprecio de Dios y la voluntad de escapar de su mano todopoderosa". Esta solida instrucción religiosa exigida a los fieles debe ser el alimento de una fe íntegra (vaya, carnaza ahí para el modernismo) y completa, y para Mons. Pie la fe completa, sólo la verdadera fe, es no sólo aquella que afirma la Divinidad y la Humanidad de Nuestro Señor Jesús, sino la que, además y conjunta y solidariamente, proclama Su Realeza social. Escuchémosle, comentadnod a los fieles (bueno, no lo repetimos más: laicos) un pasaje de San Gregorio Magno (sí, éste sí es digno del título por conquista, no por apropiación mediática), responde también al cristiano de nuestros días, embutido en falsas ideas modernas: "Hermano mío, tu tienes la conciencia en paz, me dices, y aun aceptando el programa del catolicismo liberal, te crees profesar la ortodoxia, atendiendo que crees firmemente en la divinidad y en la humanidad de Jesucristo, eso que es suficiente para constituir un cristianismo inatacable. Desengáñate. Desde los tiempos de San Gregorio ha habido "negaciones heréticas, nonnulli haeretici" que creían esos dos puntos como tú y su herejía consistía en no querer reconocer a Dios hecho hombre una realeza que se extendía a todo: sed hunc ubique regnare nequaquam credunt.


"No, tu no eres irreprochable en la fe; y el Papa San Gregorio (¡qué Magno!), más enérgico que en el Syllabus, te acusa la nota de herejía si eres de los que, se exigen el deber de ofrecer a Jesús el incienso, no queriendo asimismo añadirle el oro", es decir, reconocer y proclamar su Realeza social.


Y qué exige esa Realeza social de Nuestro Señor si no el recapitular todo en Él. Todo. Así, el reconocimiento por el Estado de la Fe de Cristo y ordenar todo lo social, lo económico, lo jurídico, lo político, en definitiva, toda la sociedad bajo su santa autoridad.

lunes 14 de enero de 2008

¡Lo que hay que ver!


Nos cuenta hoy el diario ABC que el Psoe pierde medio millón de votantes "católicos" respecto al 2004. Menuda vergüenza de confusión. Primero la de esos votantes del Psoe, que si lo son no son católicos; y segundo la del diario ABC, que si no lo son (votantes católicos porque no pueden serlo) los ponga como una etnia más, una sensibilidad más que hay que respetar si no se quiere tener un tropezón. Que haya católicos que voten al Psoe, o al Pp, o a cualquier partido liberal, es consecuencia directa de la falta de guía moral de los eclesiásticos en estas cuestiones, que sin paños calientes debieran, porque así lo exige su cometido de pastores, elaborar el index de partidos políticos, pero es su silencio, su falta de señalar lo objetivo y concreto lo que produce el desastre de la sociedad anticristiana.




Cuando en las escuelas "católicas" se enseña a los niños que, por ejemplo, la Religión católica es superior a la mahometana, porque la primera es Revelación de Dios y la segunda revelación del arcángel San Gabriel, ¿quién si no la propia autoridad encargada de la enseñanza doctrinal es la culpable del apartamiento de Dios? Sí, luego lloran como mojigatos tiernos las deficiencias del ordenamiento político y jurídico de España, pero con su complicidad traicionera siguen acrecentando la causa de sus lágrimas, que o tienen un negocio de pañuelos, o no se entiende el oficio este plañidera oficial de la democracia en el que han sido sumidos. Ellos que denunciaban a los "profetas de calamidades", los han convertido el "notarios de realidades". ¿Dónde están los Peces Barba y todos los cristianos de base? Pues eso, contra la Iglesia y su Cristo, donde siempre han estado. Así, han convertido a Cristo en una opción de opciones, a un posible de posibles, le han negado el oro, negándolo como Rey, dándole la patada arriba y colocándolo en el Universo, bien lejano e inalcanzable y fuera de la sociedad. Que reine, sí, que reine, pero allá, en el cosmos, no en nuestras familias, no en nuestras escuelas, no en nuestros ayuntamientos, no en nuestros parlamentos, no en nuestra Patria. Así, la mentira y las falsas religiones, como la de Mahoma, son diferencias de grado con la verdad, de simple conocimiento humano. Y siguen empecinados en ese camino.




No podemos hacer otra cosas que recordar con S.S. Pío XI, que sólo el Reinado social de Jesucristo trae la paz a las naciones. No las democracias occidentales, con sus mentiras y sus expansiones neomahometanas, sino la Soberanía social de Cristo es lo que hay que llevar a cada rincón del orbe.




Víctimas de sus falsos razonamientos, y de su soberbia que les impide reconocer errores cometidos, mueren matando las almas aquellos que han sido designados para salvarlas. Queridos y amados Pastores de Nuestro Señor, sólo les pedimos esto para las próximas elecciones generales: Index de partidos políticos, no más ambigüedades doctrinales, no más denuncias implícitas, no más católicos perdidos.

viernes 11 de enero de 2008

En el Nuevo Año


Señor: para estos días
de Año Nuevo te pido
antes que la alegría,
antes que el gozo claro y encendido,
antes que la azucena
y que las rosas,
una curiosidad ancha y serena,
un asombro pueril frente a las
cosas...


Quiero que ante el afán de
mi mirada,
enamorada y pura,
todo tenga un misterio de
alborada
que me deslumbre a fuerza
de blancura.


Quiero ser el espejo con que
el río
convierte en gozo nuevo la
ribera:
quiero asombrarme del estío
y enamorarme de la primavera.


Señor y Padre mío:
dame el frescor de esta pradera llana,
riégame del rocío
de tu mejor mañana.


Hazme nuevo, Señor,
y ante el cielo, y los campos, y la flor,
haz que mi asombro desvelado diga:

Señor: ésta es la rosa, ésta es la
espiga...
¡y esto que llevo dentro es el amor!


José María Pemán

jueves 10 de enero de 2008

El Rey es el Caudillo


Mensaje de S.A.R. don Sixto Enrique de Borbón. Nos hubiera gustado, no lo vamos a negar, que el mensaje hubiera sido dirigido a los españoles, a todos, no exclusivamente a los carlistas, si bien entendemos que es fundamental, y así deben entenderlo los tradicionalistas, que primero hay que ordenar la casa antes de intentar poner orden en la Ciudad. Todo tiempo perdido en la recomposición y reorganización es un tiempo que se roba a España, y nadie tiene derecho a disponer de algo que no es suyo, sino como fiduciario, el problema de la reorganización no es un problema de siglas, de partidismo o facción, es un problema que atañe directamente a España y a todos los españoles, pues, no en vano es la Tradición la esperanza de la Patria.


A los carlistas:


Me dirijo a vosotros, con el cariño de siempre, en cuanto continuadores ideales de las viejas Españas. En puridad, la Comunión Tradicionalista no ha sido y no puede ser otra cosa que el encuadramiento de unos leales, en torno de sus príncipes, opuestos al tiempo a la usurpación y a la revolución, y por lo mismo custodios de la legitimidad y de la tradición. Esto es: os tomo como representantes de los verdaderos españoles, pues así se ha acreditado con creces a lo largo de más de siglo y medio, e incluso dos siglos si se interpreta el carlismo en un sentido amplio, pero no menos propio. Lo que enlaza con el primer motivo de este mensaje.Escribo en los umbrales de 2008, a los dos siglos de la llamada "francesada"; que no fue una revuelta nacionalista antifrancesa, ni menos aún una revolución liberal, sino un levantamiento primero, y una guerra después, contra los principios y los hombres de la Revolución francesa, encarnados en los soldados de Napoleón, y a favor de Dios, la Patria y el Rey. Sí, el trilema que después ondeará en nuestras banderas, como entre tanto en la guerra realista de tiempos del Trienio (1820-1823), y que encontramos operante ya en 1808. Sólo la habilidad de los en verdad, a la sazón, escasísimos elementos liberales, movidos por las logias, engañando al pueblo español, pudo revertir el signo del conflicto. En efecto, a través de la Constitución doceañista, calco al menos parcial de la francesa jacobina de 1791, y con el auxilio del débil Fernando VII, se produjo a la postre el triunfo intelectual y político de lo que heroicamente se combatía con las armas. Hubo, es verdad, afrancesados que sostuvieron al hermano de Napoleón. Pero los más eficaces fueron los que oponiéndosele en apariencia hicieron posible el triunfo de las ideas que sus soldados llevaban en la punta de las bayonetas.
A los dos siglos de 1808, cuando tantas conmemoraciones de tantos bicentenarios que arrancan de esa fecha están prontas a aparecer, no puede faltar la voz de la Tradición española, que modestamente abandero, para oponer tantos "otros" bicentenarios: el que descubra la verdadera faz de la llamada (con término nada feliz) Guerra de la Independencia; el que denuncie la matriz liberal y por lo mismo antitradicional y antiespañola de la Constitución de Cádiz; y el que engarce esos procesos y fenómenos con los que llevaron a la mutilación cruenta de las Españas americanas, de los reinos de Ultramar, que nunca fueron colonias, y que desde entonces sufren, aún con mayor intensidad que la porción situada geográficamente en Europa, los frutos del desorden y la traición fundacionales. Resulta instructivo recordar los planes precisos «para humillar a España» concebidos por los ingleses, puestos por obra en 1741, en Cartagena de Indias, de la Nueva Granada, o en 1806 y 1807, en Buenos Aires y Montevideo, del Río de la Plata. Como también observar que, por lo menos desde 1810, la Francia napoleónica e Inglaterra, mientras guerreaban entre sí en Europa, se concertaban en el Ultramar para destruir allí la monarquía hispánica.Por ahí enlazamos con un segundo objeto de esta comunicación. Pues esa parte restante de las viejas Españas, situada en la península ibérica, sufre desde hace tiempo un nuevo acoso, doctrinario al inicio, real al final, del enemigo europeo. Una Europa que no es sino el subrogado secularizado de la vieja Cristiandad, de la que las Españas fueron parte primero, continuación después y relicto hoy que no permanece sino en pequeños grupos fieles a una civilización de base católica, comunitariamente vivida, en ocasiones contra las propias jerarquías de la Santa Iglesia Católica, cuyo designio pareciera ser completar la revolución liberal, llevando a sus filas a quienes secularmente y hasta el momento le han sido refractarios. Por eso el discurso en pro de una "laicidad" no "laicista", círculo cuadrado del liberalismo de matriz anglosajona, hoy tan en boga en ambientes quizá sanamente conservadores, pero objetivamente cómplices con el error liberal, a través de sus conocidas (también por sus efectos destructivos) versiones de los sedicentes liberalismo católico y democracia cristiana, en buena parte dirigidos por quienes alguna vez militaron bajo nuestras banderas, pero les faltó la esperanza. Mi Secretaría Política, en nombre de la Comunión Tradicionalista, en este punto, cuando en los primeros meses de 2005 se sometió a referéndum del pueblo español el denominado "Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa", luego fallido, realizó una importante declaración que hoy, ante el reciente Tratado de Lisboa, en puridad reiteración maquillada si no camuflada del anterior, sería oportuno reiterar.En la presente crisis de civilización nuestra España aparece singularmente desfondada. Así lo abonan profundas razones doctrinales e históricas, alguna de las cuales quise sucintamente señalar en mi Manifiesto de 17 de julio de 2001, en el que anuncié la designación del llorado profesor Rafael Gambra como Jefe de mi Secretaria Política, con el encargo de reorganizar la Comunión Tradicionalista. Salvada en su dignidad y continuidad venerable gracias a su trabajo como Jefe Delegado, que Dios Nuestro Señor le habrá premiado, y que humanamente no le podremos agradecer nunca lo suficiente. Sin embargo, me consta que el eco recibido no fue el que merecía, lo que deploro, pese a lo que llamo de nuevo a todos, pues nunca es tarde, a hacer caso de aquella su llamada, y de quienes le han sucedido en el pesado empeño, y que es también la mía.Desde entonces han pasado muchas cosas, casi todas para confirmar por desgracia los males que allí se señalaban o avizoraban. Hoy, en efecto, la sociedad española está más fragmentada y debilitada.En primer lugar en su anclaje religioso, con impacto inmediato sobre la moralidad pública, siempre más deteriorada, bajo el impacto de leyes siempre más deseducadoras. Sin que, por desgracia, antes lo apuntábamos, las jerarquías de la Santa Iglesia acierten a encontrar un discurso neto que ataje las causas del mal y restituya a los políticos católicos las premisas para poder restaurar en Cristo también la cosa política. En mi salutación a Su Santidad el Papa Benedicto XVI, con motivo de su primera visita a nuestra tierra, en el verano de 2006, le expresé con humildad y sencillez esta nuestra inquietud ante el abandono por los documentos pontificios de los últimos cuarenta años de la tesis del orden político católico, que no es sólo de orden sobrenatural, sino principalmente humano y racional, pues la fe y la recta vida en común requieren del sostén de sanas instituciones que afiancen las buenas costumbres. Precisamente, hoy, en que procesos migratorios masivos amenazan con alterar más hondamente todavía, si cabe, la fisonomía de España, la unidad católica vuelve a presentarse bajo una nueva luz, como remedio providencial para los nuevos problemas sociales.También en su sentido patriótico, tan lejano del sentimiento de piedad y tan volcado sobre nacionalismos particularistas, puramente disolventes, de impronta etnicista y romántica, que provocan por reacción otros de igual género aunque de más amplio radio o, lo que es peor, "patriotismos constitucionales", de puros individuos, ciudadanos, portadores de un liberalismo aún más extremo. Entretanto, el fuero, que aúna diversidad y lealtad, yace abandonado y desconocido, cuando constituye el quicio para la solución del problema regional y nacional. Lo demás son trágicas consecuencias. Que el Estado constitucional agnóstico no es capaz de afrontar, ni siquiera de comprender.
Son muchos, pues, los problemas que España tiene planteados. Leyes contrarias a la ley natural (aborto, divorcio, el llamado "matrimonio" homosexual) y, de resultas, debilitación de la familia e inmoralidad creciente. Inmigración no selectiva que, o no se integra, o lo hace a lo peor de la nueva disociedad de la opulencia (por el momento) y permisiva. Egoísmo y desinterés campante por el destino de los demás. Incomprensión y desconocimiento de lo que es nuestra tradición… Los carlistas, alejados de las riendas del gobierno desde hace casi dos siglos, no tenemos la respuesta mecánica, diríase que mágica, para todos ellos. Ahora bien, sí sabemos que sólo un cambio de sistema político puede ofrecernos el ámbito propicio para empezar a ensayar programas que permitan solucionarlos. Cuando el desarme religioso y moral coincide con el encogimiento social y nacional y con la debilidad gubernativa, en cambio, nada puede hacerse.
El Carlismo, anclado en la mejor tradición católica, tiene mucho que decir en la situación presente de España y de los pueblos hispánicos. Son muchos los que, angustiados, no saben sin embargo qué camino tomar, y lo hacen a través de respuestas infundadas, puramente reactivas o simplemente inconducentes al fin de orientar de nuevo el rumbo de nuestros destinos colectivos.
A ellos también llamo a venir a nuestras filas. Donde no se encuentran puros proyectos de coyuntura, tantas veces prolongados en el tiempo sólo por romanticismo, pero que no guardan ni verdadera sustancia teórica ni adaptación a la entraña de nuestra constitución natural. Donde, sin embargo, se halla el servicio perenne a Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo y Señor de las Españas. En torno a esa realeza social se concreta el gran debate de todos los tiempos, que se presenta insuperable en nuestros días.


Que el Niño de Belén, manifestado a los gentiles en los Reyes Magos, nos acompañe este nuevo año en medio de nuestros quehaceres y tareas para la venida de Su Reino.


En el exilio, a seis de enero de dos mil ocho, fiesta de la Epifanía de Nuestro Señor, festividad de la Monarquía Tradicional.

miércoles 9 de enero de 2008

El perdón social y la mentira clerical


Que no se hable de ello en los medios no quiere decir que no se esté infiltrando peligrosamente en la sociedad el suero de la debilidad para perecer ante varios envites, uno de ellos el terrorista. Tuvimos desgraciados ejemplos, y los seguimos teniendo, susurrados a los oídos, cual cantinela pegadiza que se enclaustra en el subconsciente, de que hay que perdonar, individual y socialmente, a los asesinos etarras. Los propaladores de esta soflama del perdón, además, haciendo alarde de ser hijos de quienes son, lo dicen a través de las mitras, y por medio de éstas, en lo que es el acto de mayor cinismo y de abuso de autoridad que han visto los siglos. Estos prelados que auspician y defienden la separación de la Iglesia y el Estado, destruyendo con ello la doctrina que se les ha confiado, en cambio, en un asunto de orden social se inmiscuyen para hablarnos del perdón cristiano. Así, nos presentan ese perdón como el árbol que dará el fruto ansiado de la paz social. Nada más lejos. Primero, porque la sociedad se ha ordenado anticristianamente; y segundo, porque el perdón anticristiano no es más que cobardía. Y esto lo saben los amigos de la Revolución, que inoculando el virus de la debilidad quitan el arma doctrinal, fundamental en el combate por el orden social cristiano, y así, desarmada en lo moral, perece la sociedad en manos de la ponzoña revolucionaria.


Cómo no extrañarnos cuando, por ejemplo, se habla a diestro y siniestro de las bondades del Estado laico (o neutro que dicen estos sofistas), y en cambio, se exija luego a ese Estado (de propio sin alma para confesar la Fe) un comportamiento personal cristiano. Es como cantar las excelencias del instinto animal del perro y luego exigirle a ese mismo instinto la resolución de silogismos de lógica matemática. Estúpido e insesato. Porque, ya que estamos en ello, y tanto que deberíamos perdonar a modo de vicarios de Dios, también podemos castigar al pecador impetinente, como por ejemplo el adúltero, el que no santifique las fiestas, el que no honre a padre y madre, etc. Este clericalismo de baja estopa de los "tua culpa" confunde, en términos populares, la gimnasia con la magnesia, que no viene a ser otra cosa que anular la política cristiana y con ella el principio de prudencia que debe regir toda recta gobernación de la Ciudad.


Así, con todo lo anterior, al golpe cobarde y destructor del terrorista se le añade el acobardamiento moral de las prelaturas vascongadas (y adláteres), y muerto el cuerpo de paso condenan también al espíritu.


Y luego llegamos a otro punto de escarnio. La inmigración. Convertida la Iglesia en una campaña de marketing, en afectos desordenados que ponen al hombre en la cumbre como amable por sí, se nos habla de la acogida cristiana a esos miles de seres humanos que vienen a prestar sus brazos a la esclavitud capitalista y globalizada. Y, cómo no, tras las campañas gubernamentales, guerra psicológica a la población, de las excelencias de la inmigración (muerte del cuerpo social patrio); llega el otro mensaje de la obligada acogida, "porque fuistéis forasteros", es decir, el binomio laico-clerical del liberalismo otra vez en acción. Son las consecuencias del liberalismo introducido en la doctrina. Sabiendo, como lo sabe, el enemigo que el baluarte contrarrevolucionario es la doctrina, lo que hizo no fue combatirla como en decenios anteriores, sino introducirse en ella y corromperla. Palabras que ya nos son familiares, aquellas pronunciadas en las sinagogas de Satanás: "como no podemos destruir ni a la mujer ni a la Iglesia, corrompamos ambas". Y así, en un sustrato social cristiano que todavía perdura en nuestra España, y por el cual es necesaria esa ayuda eclesial al aparato de gobierno del sistema, el cáncer de la destrucción total sigue inexorablemente destruyendo el tejido social. No nos engañemos, mientras no escuchemos clara y nítidamente que la soberanía popular es una herejía, como así está definido (a perpetuidad, es decir, hasta el fin de la Historia) en la doctrina, debemos resistir al abuso de autoridad de las manifestaciones eclesiales en el ámbito político. Por eso, cualquier manifestación del clero en sentido político (familia, educación, etc) que implítica o explícitamente sea el reconocimiento tácito de los principios revolucionarios de 1789, debe tomarse como injerencia y no como esa subordinación y colaboración mutua de poderes que cimienta la Cristiandad. Caso omiso, pues.

martes 8 de enero de 2008

¿Que cuál es el plan?


Un lector nos dice que no tenemos plan. Que la única acción del Tercio ha consistido en pegar pegatinas para las elecciones municipales del pasado mayo. Luego entra en un juicio de valor, arriesgado y falto de rigor, pero sabemos que escocemos, no por lo que se nos ve, sino por aquello que se nos supone en base a lo que decimos y que nadie se atreve a decir más que nosotros. Hay algunos que juegan a las asambleas decimonónicas, que se dicen tradicionalistas, pero que están contagiados de liberalismo hasta el tuétano. Cómo, si no, entender que se adule por activa y por pasiva a una Jerarquía eclesiástica que proclama la antítesis del tradicionalismo, tal cual, por ejemlo la libertad religiosa, la neutralidad religiosa del Estado y la soberanía popular. El servilismo es una debilidad detestable. Pero bueno, allá cada cual, no nos incumbe. Efectivamente, no nos inmcumbe porque el Tercio tiene plan y no es nuevo, es la acción contrarrevolucionaria. ¿Y en qué consiste? Bien, por lo pronto el Tercio se organiza en Círculos de acción y de formación. Cada Círculo se reune cada semana y, según la cricunscripción a la que pertenece, toma una serie de medidas en función del objetivo estratégico fijado, que tiene dos componentes, una general que es el combate contra la Revolución, y otra particular que es la acción concreta. ¿Que las acciones concretas no tienen repercusión mediática? Pues claro, es lo normal del enemigo que tiene los medios en sus manos. Hagamos una prueba del nueve. Hay en las empresas, por ejemplo, una lista negra de accesos a internet. Esta lista la confecciona una organización filantro masónica que después la vende a las distintas organizaciones y empresas como base de datos en las cuales, tras unos filtros casuísticos, por supuesto, el valor principal es el respeto a los Derechos del Hombre, se deniega el acceso a todos los que contravienen el filtro. Sí, también hay filtros restringidos por otros temas, pero este es el principal de una censura latente que actúa cada día y la cual nadie denuncia. Bien, la página del Tercio es inaccesible, desde empresas y desde instituciones. Hagan la prueba. ¿Y esto qué quiere decir? Pues que nuestra acción no pasa desapercibida, como no puede ser de otra manera, por el enemigo.


En el Tercio, que no es un partido más, no es una organización para politiqueros que vienen a establecer un modus vivendi a costa de los demás, es necesario una vida honesta, cimentada en el espíritu de sacrifio, y por eso hay dos cosas fundamentales que el militante del Tercio realiza, a saber: oración y ayuno. Sí, es el orden cristiano predicado, en primer lugar, con el ejemplo individual, después el social primario, la familia, y por último exigido a toda la sociedad. Si el amable lector comentarista hiciera lo que han hecho muchos, que es ponerse en contacto con nocotros para formar parte del Tercio, hubiera descubierto el plan. Ahora bien, quizás le agrade más ir a votar cada cuatro años, cosa que nosotros no desdeñamos; o ver la televisión a diario para ver si sale el Tercio; o leer el periódico y ver la última acción de un Círculo del Tercio; pero que por supuesto no es todo eso nuestra acción principal, eso queda para los vagos y en Tercio no hay pereza porque hay militancia.


Desde aquí, nada más, el que quiera conocernos más a fondo que venga a vernos, estamos al servicio de Dios y de la Patria.