Si hay leyes injustas es porque la norma superior en la que se encuadran es la misma injusticia. El jurista aplica la ley dictada, no dicta la ley. El legislador, el poder político, es el que dicta las leyes teniendo en cuenta la norma superior que no puede ser transgredida. La ilegal (porque no nació de unas Cortes constituyentes) e ilegítima (porque no puede ser ley aquello que atenta contra la justicia) Constitución española de 1978, amparada y protegida por los afrancesados actuales, los guiris de siempre, es la norma superior que regula la legislación española. Y el árbitro de esa norma superior es el Tribunal Constitucional (Alto Tribunal), nombrado por el poder político en base a afinidades ideológicas, que decide qué se ajusta y qué no se ajusta a la norma superior de vida y convivencia. Así, cuando la despenalización del aborto el partido Ap presentó un recurso al Alto Tribunal y éste sentencio que era totalmente constitucional abortar y estableció que no se es ser humano hasta las doce semanas de gestación. Y en todo ese proceso, ¿dónde está Dios? El hábil lector se habrá dado cuenta que en ningún sitio.
Una parte numerosa de la Iglesia católica docente prefirió ser un grupo de presión democrático y liberal, eso que se llama "think tank", antes que la sociedad perfecta fundada por Dios depositaria de la Verdad y de la vida sobrenatural. Así, en una Patria libre como era España antes de la nefanda institución de la Constitución masónica que nos rige, lo normal era tener opciones políticas diversas, dentro de la legitimidad de las mismas avaladas únicamente por la doctrina de la Iglesia, a la cual no podían contradecir, sino servir y aplicar en el campo autónomo del orden temporal la contingencia práctica de esa doctrina, que por ser contingente podía ser variada en el accidente conservando la esencia. Pero no. Las intrigas liberales siempre vieron en la Unidad Católica de España el dique de contención a sus filosofismos y perversos planes de destrucción de toda moralidad, por eso siempre fue una de sus máximas aspiraciones, y si por algo ha suspirado la masonería desde su ignominiosa fundación en 1717 ha sido por la "libertad de cultos". Si, finalmente, hay que colegir de la actual pastoral del clero apestado de modernismo que la libertad religiosa es un avance y una conquista de la Iglesia, habrá pues que dar la razón a la secta satánica y pedir perdón por todas las infamias contra ella desatadas; ya que, en pura lógica, reconocer esa aspiración es reconocer en la misma una justicia latente. Pero nada más lejos de la realidad. Y es más, el hombre prudente que sabe guardar su virtud aun a falta de letras y luces enciclopédicas, piensa que si sus enemigos hacen algo, él debe hacer lo contrario, porque la sintonía de acción es comunión de pareceres.
Y es que parece que levanta revuelo el laicismo que se ha implantado en España, como si ese laicismo fuera efecto de algo distinto a la norma superior que los sustenta y lo causa. Desgraciadamente las personas no siempre miran las consecuencias de sus actos, y en lugar de guiarse por una tradición multisecular, se adhieren a las novedades por probar, queriendo con ello llegar a descubrir a transformar un mundo que ellos no han creado y con las leyes contrarias al Creador, todo un absurdo.
La Acción Católica, y sus esquemas, la democracia cristiana y todos los patrones extraídos al margen de la Historia de nuestra Patria nunca ha funcionado y nunca funcionarán. Ni funcionará el partido único católico, porque el español es amante de su libertad de pensamiento y acción en ese campo; ni funcionará la "nueva evangelización" propuesta desde los púlpitos modernistas porque el español es celoso amante de la Fe (en mayúscula como objeto, el depósito) y lo único que hace la Jerarquía actual es alejar cada más a los jóvenes que ansían, como todo hombre, la adhesión incondicional a la Verdad y no a las medias tintas. A esperar.
viernes 9 de mayo de 2008
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