
Todo lo que seguidamente exponemos lo sometemos al juicio de la Santa Madre Iglesia, con cuya regla nadie yerra.
Cuando llega la plenitud de los tiempos se cumplen y se entienden las profecías. El último libro profético es el Apocalipsi o Apokalypsis de San Juan, el cual se irá, o se nos irá por la gracia bautismal, haciendo más inteligible a medida que se acerque el día. El Concilio de Florencia condenó la definición de fechas, condena en la cual hubieran caído San Vicente Ferrer y el Beato Holzhauser de no haber sido anteriores a dicho Concilio, habida cuenta de que cada época histórica, en más o en menos, han olido el cuerno quemado del fin.
¿Qué tiene que ver esto con la política? Bastante. Hay una corriente que se ha convertido en doctrina, falsa doctrina por supuesto, bastante extendida por la cual el Syllabus de S.S. Pío IX contiene elementos que no pertenecen al depósito de la fe, y por tanto son magisterio ordinario confiado a una época histórica, pero no teológica. Precisamente, esos elementos añadidos no dogmáticos son enjuiciados por la historia y relegados por magisterios posteriores, con lo cual queda salvado el principio de no contradicción inherente a la verdad.
El Syllabus fue atacado desde que vio la luz, y esos ataques partían siempre de un mismo foco: la masonería. Contra el documento dogmático la sociedad filantrópica proponía (es un decir) el espíritu revolucionario de libertad religiosa y de cultos para todas las "religiones". Está claro que en aquella época la Iglesia mantenía un dique de contención sólido y contundente, ante el cual jamás se podía decir religión a ninguna que no fuera la católica, las demás eran tenidas por sectas y falsas religiones, las cuales por el criterio de prudencia política podían ser toleradas en privado, pero nunca serían concesionarias de derechos civiles públicos.
Como siempre, los "intelectuales" eclesiásticos fueron los primeros en acoger con desgana el documento papal, hasta el punto de, ya entonces, negar su carácter dogmático basados en que el espíritu de la época era nuevo y que nunca había habido un caso precedente, ante el cual el axioma "lo que todos han creído y en todo tiempo" no podía aplicarse. El gran Cardenal Pie demostraba el error de semejante afirmación. Ya en tiempos de San Gregorio Magno, nos dice el Cardenal Pie, había herejes que negaban el Reinado social de Nuestro Señor. Así, en la meditación de la adoración de los Magos el papa San Gregorio las ofrendas reonocen la triple cualidad de Nuestro Señor. El oro, en calidad de rey; el incienso, en calidad de Dios; la mirra, en calidad de hombre. Hay quien se cree irreprochable en su fe porque reconoce en la persona divina del Señor Jesús su naturaleza de Dios verdadero y hombre verdadero, pero en cambio le niegan la realeza sobre todo lo temporal, le niegan el oro. No, dice el papa, no eres irreprochable en tu fe, y define esa negación como herejía. Por lo tanto, es falso que el Syllabus no tenga el hilo conductor de la Tradición de la Iglesia.
Precisamente es hoy cuando esos que se creen irreprochables, porque combaten fervorosa y piadosamente según una regla de vida, vuelven a lanzar sus esperpénticas lógicas al vuelo negando a Dios su realeza en lo temporal, en lo político. Dicen esos que Cristo Rey no es un programa político, y estamos de acuerdo. Claro que Cristo Rey no es UN programa político, es EL programa político por antonomasia. Toda política debe arrancar de ese cimiento de la Realeza social de Cristo para ser considerada verdadera política. Claro que no es una bandería, claro que no, es la Bandera. Son, precisamente esos, los que se jactan de haber implantado la aconfesionalidad de los estados y los derechos civiles para las falsas religiones (distintos caminos de salvación les llaman esos hipócritas), los que no hacen más que quejarse de la mala comprensión de sus conceptos de laicismo, laico y laicidad. Cuadrilla de encogidos de corazón que adoráis sólo con los labios, ¡Basta! Parar ya de flagelar el cuerpo de Nuestro Señor en su Santa Esposa la Iglesia. Mercenarios, parar ya.
Paz pedís, pero en lugar de trabajar por la paz según los designios del Sagrado Corazón, recogidos en Quas Primas de S.S. Pío XI, trabajáis a lo humano, matando lo sobrenatural para hacerlo mundano y echarlo a los perros y a los cerdos. Pero gracias a vosotros se nos hace inteligible el plan de Dios, Señor de la Historia. Es en la carta a la Iglesia de Laodicea del Apocalipsi. La tibieza ha invadido y prostituido la doctrina enseñada. Se aparta a Dios de todos los órdenes, con frases arteras y conceptos flasos adornados de verdad. La sociedad es rica, su oro es de ella y para ella, es la soberanía popular; el estado laico, neutro o aconfesional; es la libertad de cultos y el constitucionalismo democrático. La razón ilumina todo, y todo es iluminado por la razón, todos los sofismas son verborreados y lo verdadero parece falso y lo falso parece verdadero.
Pero, ¿es eso así? No. Porque esta época es desgraciada, miserable, pobre, ciega y desnuda. Lo dogmas de la fe, como el Syllabus, no se ven producto de la ceguera, ceguera que nace de la propia soberbia humana inducida por el demonio y practicada por el mundo y la carne. El error propalado desde las cátedras de la verdad. ¿Qué hacer? Acrisolar oro en el fuego, es decir, luchar por la Soberanía social de Cristo, sabiendo que hemos perdido y que únicamente tenemos que demostrar que no nos han vencido, que hemos visto la luz de la doctrina por la gracia de Dios, que somos sencillos como palomas y astutos como serpientes. Es fundamental, porque a todo esto hay que recordar que nuestro magnífico puente de salvación es Nuestra Señora, la Bienaventurada siempre Virgen María, meditar en Fátima. Nada mejor para no ser vencidos, aún habiendo perdido esta guerra actual, que la Consagración de la familia al Inmaculado Corazón de María. Y de ahí nacerá la fortaleza para proclamar la verdad. Reina de la Paz.
Mientras tanto, nuestra jerarquía sigue jugando a quejarse desaforadamente de los males que ellos mismos producen.

