
Es tan grande el lío, fruto del desconocimiento generalizado, que hay hoy en día relativo a la organización política que es necesario, de forma breve y concisa dejar claras una serie de cuestiones. Las frases cortas, de sentencia axiómática sobre principios razonados, eso que se da en llamar "eslogan", son asimismo un error de aplicación práctica. Así, cosas como "Más sociedad menos Estado", que puede sonar bien, una vez desmenuzada la sentencia se queda en el absurdo. Los lemas son lo contrarion del eslogan. Así, "Dios, Patria, Fueros, Rey", admite razonamientos extensos, pero al final se llega a la certeza de la hipótesis, confirmando el principio de axioma del lema. Los politiqueros juegan con los eslóganes, la política asume los lemas como fin y dispone y ordena los medios para alcanzarlos.
El régimen político es el que define el fin superior, el gobierno del régimen ordena, en base a esos princpios inmutables del régimen, sus acciones temporales. Santo Tomás de Aquinpo hacía la siguiente definición de regímenes posibles, en base al número de gobernantes sobre el número de gobernados, división que es la hipótesis de partida, quiere decir esto que puede haber otros métodos de división y catalogación de regímenes políticos, pero si se toma este hay que tener en mente siempre la hipótesis de partida. Los regímenes son:
Monarquía: Uno gobierna sobre todos.
Aristocracia: Un grupo de virtuosos gobiernan sobre todos los demás.
República: Una parte gobierna sobre la otra.
De estas tres divisiones de régimen, Santo Tomás decía que se garantizaba lo siguiente:
1.- La Monarquía garantiza la unidad.
2.- La Aristocracia garantiza la virtud.
3.- La República garantiza la estabilidad.
Asisimo, Santo Tomás decía que los regímenes cuando se corrompen se denominan de la siguiente manera y producen el efecto contrario que en la forma incorrupta:
1.- La corrupción de la Monarquía degenera en Tiranía y en desunión.
2.- La corrupción de la Aristocracia degenera en Oligarquía y en vicio.
3.- La corrupción de la República degenera en la Democracia y en inestabilidad.
Evidentemente, cuando la gente habla de la Democracia tomista, en realidad, habla de la República tomista, que es la participación del pueblo en las tareas de gobierno. La Democracia tomista es el reparto de las tareas de gobierno por sorteo.
Santo Tomás, como es razonable, proponía un régimen mixto. Una Monarquía con un órgano de control en la Aristocracia y la participación en las tareas de gobierno, República, por virtud, y no por pertenencia a determinada clase o por posesión de bienes temporales. Esto se articuló en buena manera en la Monarquía tradicional, en la cual el Rey estaba sometido al control de sus actuaciones por parte de las Cortes y los Fueros garantizaban el principio de subsidiariedad y los Municipios se gobernaban por sus gentes a través de una verdadera representación gremial.
Lo que garantiza que los regímenes sean incorruptos es que sus principios sean absolutos e inamovibles y por tanto que garanticen el Derecho Natural y estén subordinados a la Verdad, es decir, al Derecho Divino. Subordinación que respeta la legítima autonomía del ordenamiento temporal, es decir, del Estado. Esos principios es lo que modernamente se entiende como Constitución.
El ataque a la Teología (Lutero), seguido del ataque a la Filosofía (Kant) hicieron que apareciera el desorden de principios rectores de los regímenes políticos, apareciendo "el hombre más nefasto de la Historia", Juan Jacobo Rousseau, y el útltimo ataque, en el que estamos hoy inmersos, a la Política. Para que aparezca Rousseau es necesario negar dos principios fundamentales de la doctrina de Jesucristo:
1.- El pecado original. Negar esto es negar un dogma de Fe.
2.- El poder es de origen divino.
Estos dos principios se traducen en la aplicación práctica, es decir, política de:
1.- La soberanía popular. La soberanía reside en la Nación o el pueblo.
2.- El sufragio universal. La verdad es descubierta en base a la opinión mayoritaria de todos sobre todo.
Por tanto, quede claro que aquel que defienda los dos principios políticos de soberanía popular y sufragio universal contraviene la doctrina católica, vamos que no es católico. Inducidos por parte de la Iglesia docente a errores tan lamentables, muchos gozan del privilegio de la ignorancia invencible, pero que no quita un ápice para los que tenemos el conocimiento, y nos adherimos voluntariamente a el, hagamos lo posible por vencer esa ignorancia, que si bien es cierto que esa ignorancia es motivo de salvación, no quita para que no sólo se busque la salvación sino que además se haga como santos, que si bien el número de éstos es pequeño, no es más grande el nuestro.
Si, a la vista de todo lo expuesto, comparamos algunas cosas que se dicen en política, no hacen más que producir risa. Así, por ejemplo, se dice que la Monarquía es una institución medieval, obsoleta, caduca, y hay que substituirla por una República presidencialista. Independientemente de que la época Medieval, lejos del oscurantismo en que la han sumido las historietas de los masones, es la época modelo para cualquier cristiano con vocación política; ¿qué es la República presidencialista? Obviando, porque no se dice alevosamente, la duración del mandato presidencial, ¿no es el gobierno de uno sobre todos? En el mejor de los casos sería una Monarquía electiva, pero Monarquía. En el peor de los casos, sería culquier régimen liberal moderno, sea Francia, sea Italia, es decir, un régimen ateo basado en los principios de los francmasones y de la Revolución. Y si no, ya tenemos el caso de España. Una autodenominada Monarquía parlamentaria que no es más que una Tiranía, Oligarca y Democrática, es decir, el gobierno de la desunión, el vicio y la inestabilidad. "Por sus frutos los conoceréis". Aunque, como es lógico, la Iglesia docente que ha instalado el Régimen actual en España no haga más que renegar de los frutos, aunque los seguimos conociendo por la manera aberrante que se abrazan a las causas. Sea Mons. García Gasco, sea Mons. Rouco, sea el que sea.

