lunes 10 de marzo de 2008

Fracaso del sistema democrático

El proceso electoral de este fin de semana pasado ha demostrado que el prinicpio un hombre un voto, a parte de ser una blasfemia, es un rotundo fracaso. Y es que se sigue empeñado en usar mal el libro de instrucciones de la sociedad. Así, la soberanía popular y el sufragio universal demuestran que el número de los necios es infinito. Bien que para esa demostración aplica aquello de que para ese viaje no hacían falta alforjas, pero el hombre es así de terco.
El sectario Rodríguez Zapatero, hombre ruin donde los haya, que debiera recibir una sonada patada en su amorfo trasero, que ha realizado actos de felonía que han superado al propio Vellido Dolfos, ha recibido el apoyo de once millones de insensatos. El otro alegórico del sistema, el curtido en amparar bajo el símbolo del "humanismo cristiano", las atrocidades del aborto, Mariano Rajoy, ha sido respaldado por nueve, o más, millones de mentecatos.
Todos ganan, y es cierto, porque gana el sistema y pierde la sociedad, pierde la Religión y pierde España, nos perdemos todos. Leonidas luchó contra el endemoniado Jerjes en las Termópilas, en una batalla "typo" y prefiguración del guerrero cristiano. Hasta el mismo Churchill llegó a decir una vez: "Nunca tantos han debido tanto a tan pocos". Y es así, como levadura en la masa. Son los pocos, porque la virtud es escasa, los que amparan y protegen. La subversión revolucionaria ha convertido a los muchos en la destrucción del todo y de la parte.
Asímismo, hemos podido sacar otra conclusión. Los grupos de "estimulación" social, llámense "thinks tanks", "lobbys", o lo que se quiera, todas esas organizaciones cristianas de prestigio, agrupadas en universidades y escuelas de negocios, que debieran dedicarse a influir en la sociedad los valores y la sana doctrina, eso sí, como ellos mismos dicen sin intervenir en lo político ni en lo social porque el "cristianismo no es programa político", han demostrado su rotundo fracaso y que su autismo estatal es aprovechado para destruir los pocos vestigios que quedan de la Cristiandad. Vendrán con sus guitarreos y su proclamación y defensa de la "dignidad humana" y la "libertad religiosa", se ahogan en sus propios vómitos.
Está claro que este sistema sigue liberando a Barrabás y crucificando a Jesucristo.