
Aprovecho la cesión de este espacio para hacer una aclaración. Dicen que uno es esclavo de sus palabras, en efecto, y así yo lo soy de las mías. No es esto un orgullo, muchas veces --más de lo que debiera-- le sacan a uno los colores. Lo que firmo yo, es de mi autoría, y lo que no, no. Parece una obviedad, lo será, pero hay veces que Perogrullo no es tenido en cuenta. Dicho lo cual, el artículo publicado en este blog por el Tercio, cuya presidencia ya no ocupo, sobre las llamadas "Fuerzas Nacionales" me parece bastante acertado en el fondo del mismo, en las formas no soy yo nadie para juzgar, pues, soy el primero que en la refriega se me escapan lanzadas que a lo sumo, y en justa ponderación, hubieran sido bofetadas, pero es lo que tiene la lucha y el escarceo, eso de que "gana el duelo el que no se mancha" me parece una frase del que nunca se ha batido.
No quiero hacer un repaso de las vivencias de esta Semana Santa, pero sí aprovechar algunas cosas que me ha ofrecido. Entre ellas la relectura de libros viejos de la casa de mis padres. Libros que gozaban de buena reputación y autoridad para mí, no en vano uno bebió muchas veces de sus aguas, pero que, a la luz -- ó a la inspiración divina-- de los últimos años se me presentan con verdades a medias, que no dejan de ser las peores mentiras. Cabe destacar como la traición de Maroto es presentada como un pacto beneficioso y honroso para las Partes, y como la guerra fratricida era preciso acabarla en aras de los intereses económicos de España. Y es que bien mirado, el siglo XIX se presenta como el gran desconocido. Al igual que para leer una buena traducción de la Biblia hay que buscar una serie de versículos comprometedores, sea el Mt (17, 21), por ejemplo; o la traducción de los escritos de catequesis de Santo Tomás en el consubstancial (las adaptaciones malas y las peores traducciones pone "de la misma naturaleza"); así para ver si alguien se entera o no se entera de la Historia hay que buscar en esos pasajes del siglo de los vericuetos. El simplismo, refugio de la pereza mental de muchos, se trasluce en estas pequeñas pinceladas, y hasta el más purista está lleno de malformaciones. Traigo, a modo de ejemplo, aquí estos pasajes de un historiador, políticamente de "los nuestros", que dice cosas como:
"Lo que nos interesa de este periodo es la aprobación en Cádiz, en 1812, cuando los franceses ocupan la práctica totalidad de España, de la primera Constitución española ---que recibirá el sobrenombre de “La Pepa”--- y que recogía fundamentalmente los postulados de la nueva corriente reformista europea, mayoritaria en las Cortes refugiadas en la capital gaditana, como resultado de la todavía cercana convulsión creada por la Revolución francesa, cuyo fin último era conseguir el recorte de los poderes absolutos de los monarcas. Esta Constitución, avanzada para su tiempo y circunstancias, gravitaba sobre dos puntos principales: la redefinición del concepto de soberanía nacional y el reconocimiento de la necesidad de división de poderes; por ella, la soberanía pasaba a pertenecer al pueblo y no al Rey; el poder legislativo, a las Cortes; el ejecutivo, seguía siendo potestad del Rey y el poder judicial se transfería en exclusiva a los tribunales. Se declaraba como religión oficial de España a la católica. Se reconocía el derecho a voto de los varones mayores de 25 años, pero sólo podían ser elegidos diputados los que poseyeran ciertas rentas, es decir, un nivel económico específico, pues dado el bajo grado de alfabetización de entonces se consideraba ---lo que en general era verdad--- que sólo ciertas clases poseían la cultura adecuada para implicarse en el gobierno de la nación. Por último, se abolían los “señoríos”, con lo que desaparecía la condición de “vasallo” y los campesinos veían así aligeradas en parte sus tradicionales cargas fiscales."
He puesto en negrita lo más espeluznante. Así es presentada la traición de las Cortes de Cádiz, y por uno de los nuestros, pero es que mamó de mos mismos libros viejos de los que en su día lo hice yo. La cultura en manos de lo siempre ha hecho estragos, si fueron los tecnócratas en su día no lo han sido más los socialistas en los nuestros.
Luego, no es de extrañar que después de ese párrafo tan desafortunado, nuestro historiador pase por alto las confrontaciones civiles por la Religión, los Fueros, la Patria y el Rey; y diga cosas como:
"Carlos María Isidro ---que debía recoger la Corona según la citada Ley Sálica, al tener preferencia sobre las hijas de Fernando VII, que no había tenido hijos varones---no acate lo establecido por la “Pragmática sanción” y se produzca la primera guerra “carlista”, verdadera guerra civil en la que los españoles se enfrentan por la sucesión al trono: unos, mayoritariamente los de signo liberal, a favor de Isabel (con tres años de edad por entonces) de la que esperaban obtener a cambio el reconocimiento a sus pretensiones constitucionalistas y de instauración de una Monarquía parlamentaria; los otros, los de tendencia absolutista/tradicionalista, a favor de Carlos María."
Ese reduccionismo a la cuestión dinástica y la equiparación sistemática de tradición con Antiguo Régimen francés es una de las secuelas más difíciles de extirpar de la conciencia social de España.
Y ya para rematar:
En 1840 el General Espartero logra dar fin a la guerra carlista con el llamado “abrazo de Vergara” ---en realidad rendición obligada para los carlistas debido a sus continuos reveses militares---". ¿Reveses militares? ¿Y qué guerra no tiene reveses militares? ¿No los tuvieron las tropas nacionales en la Cruzada?¿Nos imaginamos que hubieran abandonado por esos reveses? Pues bien, no fueron mayores reveses los de la Cruzada que los de los carlistas en 1840.
Estos párrafos, de un tomo que pretende ser: "El camino hacia la guerra. Hechos, motivos y razones.(1808 – Julio de 1936)", nos dice en qué punto está la piedra angular de nuestro desconocimiento histórico, y en buena medida, nuestro fracaso presente y la renuncia de futuro.

