martes 5 de febrero de 2008

Nuestra explicación


La nota de la Conferencia Episcopal Española (CEE), la criticamos, porque es nuestro deber, en el sentido de que adolece de los siguientes defectos:


1.- Falta de autoridad. Los Obispos se dirigen en primer lugar a su grey encomendada, y en segundo lugar a todos los hombres de buena voluntad que van a ejercer, o no, su derecho al voto. Y se dirigen con una orientación moral, que por ser tal no puede ser más que preceptiva. Es decir, la opinión de la Iglesia sobre asuntos tan trascendentales de la época moderna no es una opinión más, digna de ser tolerada y respetada, no es una visión de una ética particular, más o menos buena como toda ética; no, es la verdad. Y la verdad es única, objetiva y la entendamos o no, la sepamos explicar o no, le debemos más o menos realce, no por eso deja de ser verdad. Por lo tanto, es un grave error comenzar la nota rebajando la autoridad de la Iglesia en materia de costumbres a una mera opinión. Nadie tiene el derecho de rebajar la autoridad que le ha sido dada por el Fundador, el propio Dios, Jesucristo, menos aún los que son los sucesores de los Apóstoles.


2.- Validación de la mayoría como forma de soberanía y de verdad. El decir que los partidos nacionalistas, siempre que lleven sus asuntos por las vías democráticas, tienen derecho a pedir la disolución y desmembración de España es un atropello a la verdad. Así, si mañana en plebiscito la mayoria del sufragio universal, instrumento de la soberanía popular, decide que España debe desaparecer se deberá entender como algo legítimo. Pues, no. Porque la verdad, que es el cimiento de la predicación de la Iglesia, no es cuestión de mayorías o minorías, sino de entender las cosas tal y como son, y no cmo a cada uno le gustaría que fuesen. Porque, una vez admitida esa "legitimidad", ¿qué impediría en consulta popular decidir sobre la muerte o la vida del propio Dios? Es una estúpidez y es una concesión a la visión torcida y miope del separatismo que tanto daño ha hecho, y sigue haciendo, a la Iglesia, y si no miren las iglesias de Cataluña y Vasconia, desiertas, hechas añicos por su venta los poderes separatistas, que como la hidra han dejado sin savia el árbol fértil de la misión evangelizadora de la Iglesia en esas zonas de España.


3.- Separación de Iglesia y Estado. La nota recoge que "la Iglesia no quiere imponer la moral católica a los gobernantes", y esto es otro error, concatenado con los anteriores pues forman la misma trenza. La Iglesia no impone, sino que enseña, y lo que enseña es que la moral católica la impone Dios y es de obligado cumplimiento para todo hombre, gobernante o no, pero no sólo compete a los individuos esa sumisión, sino a sus relaciones sociales, y siendo la más alta de esas relaciones la política, la cual ordena hacia el bien común las cosas temporales, es del todo imposible que la moral católica no sea de obligado cumplimiento. Renunciar, ocultar o adulterar como se hace en la nota el sentido de la moral política es sustituir la Soberanía social de Jesucristo por la soberanía popular, cosa a la que lleva todo el mensaje de la nota y sobre la que orbita como núcleo. Además de que racionalmente es una estupidez, es ir en contra de lo enseñado por laIglesia en dos mil años de existencia.


4.- Confunde a los sencillos. La nota está en un lenguaje ambiguo, pedante y complicado para el destinatario, que no es otro que los fieles. No se necesitan ardúas disquisiciones, sino que como otrora el Index, decir a las claras qué partidos y qué programas pueden ser votados en conciencia recta. Ese trabajo de desmigar es el que corresponde al Buen Pastor, así las ovejas van seguras por la senda marcada. ¡Qué se haga ya de una vez! Porque aquí parece que la nota va en contra de un partido, el Psoe, y en favor del voto útil y el mal menor a favor de otro, el Pp; cuando ambas sectas masónicas partitocráticas están excluídas "latae sentenciae" por la moral católica.


Esa es nuestra explicación de la crítica a la nota. No obstante, que no se equivoque nadie, nosotros estamos con la Iglesia y la Jerarquía, nuestros pastores, hasta las últimas consecuencias, y las chulerías del charlatán Pepiño White (horse), portavoz masónico del Psoe, y toda la caterva de sectarios anticristianos (cristianos de base, teólogos progres, abades y mitrados sedicentes) tienen en este Tercio una muralla a traspasar antes de que sus amenazas histéricas, cual mariconas locas, lleguen a su destino.