
Efectivamente, ese es el discuuso más estúpido y cobarde de cuantos se pueden escuchar. La verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad. De aquí se coliga que la verdad se propone, no se impone. Hay una mezcla sofista de los conceptos y de las distintas acciones del sujeto que las realiza y del objeto que las recibe, directa o indirectamente. En nuestro caso, y vamos a lo que nos interesa, el decir que la verdad se propone es algo que indirectamente lleva a interpretar que la verdad es una suerte de opinión personal, y como toda opinión personal posible de certeza o de error, pero legítimamente propuesta en una serie de variedades de opiniones y propuestas varias.
Todo ese transfondo, que queda muy bien la frase para calmar los ánimos, lleva inevitablemente al relativismo que tanto se detesta, porque inevitablemente el hombre ha sido creado para la verdad y por lo tanto la ansía y la busca cuando pone en ello su buena voluntad y no su interés personal de quedar por encima de una opinión. La verdad, entonces, no se propone, la verdad se proclama, que es bien distinto, porque en la proclamación de la verdad, objeto, se necesita un sujeto que la dé a conocer y la defienda aun a riesgo de su vida, eso es la proclamación, ante la cual siempre encontraremos la misma oposición:
"Quid est veritas?"

