jueves 7 de febrero de 2008

Frente a la inmigración


En España tenemos un problema, y gravísimo, con la inmigración. Entre las ideologías racistas y el buenismo sensiblero de "Cáritas", está la posición política acorde con la doctrina católica. Así, ante el error que dice: "ante la inmigración basta considerar el problema del inmigrante que viene en busca de trabajo para satisfacer su legítima aspiración a un estado de bienestar"; hay que oponer el siguiente dictado: "En la selección de inmigrantes debe tomarse en consideración en primer lugar su creencia y no sólo las conveniencias de orden económico, étnico o político".


Es importante saber en qué medida España, atacada desde dentro por su definición aconfesional, y desde fuera por la entrada masiva de cismáticos (llamados a sí mismos "ortodoxos"), protestantes, mahometanos, budistas, hinduistas, ateos, filomasones (países de Hispanoamérica que no pueden considerarse como católicos habida cuenta de la desaparición de la doctrina por diversas "teologías" en esos países) y otros sectarios; sufre cada vez más una invasión que está destruyendo la esencia misma de la Patria. Entre el enemigo interior, que permite el exterior, y el enemigo exterior España pierde la identidad y los españoles su destino nacional.


La unidad católica de España, a la que renuncian escándalosamente prelados y "cristianos", constituye el más alto valor espiritual, y por lo tanto, el más alto valor patrio. Es obvio que tal unidad católica, requebrajada como ya hemos dicho antes por aquellos mismos que debieran defenderla, se quebranta aún más al abrir las fronteras a corrientes inmigratorias que puedan constituir quistes religiosos tan peligrosos en la esfera política. Tanto, como ya observamos a los sectarios de Mahoma querer abrir brecha en favor del materialismo ateo del Psoe. Estos sectarios, apalancados hace años en la pica en Flandes de la M-30, no tienen derecho ninguno al culto público de su falsa religión. Y eso es un deber político. El que ve en los inmigrantes sólo el tema de aspiración económica peca de laicista y promueve el indiferentismo religioso.


Por otra parte, ese error fue directamente condenado por el Santo Padre Pío IX en el Syllabus, prop. 78, que dice así: "Es, pues, justo que en ciertos países católicos la Ley haya establecido que los inmigrantes puedan ejercer públicamente su culto, sea cual fuere" (D. 1778).


En asunto de inmigración la consideración del factor religioso debe ocupar el primer puesto. Aunque sea de derecho natural de las naciones empobrecidas encaminar emigrantes a los países capaces de recibirlos, no obstante es preciso que ese derecho se ejerza con las cautelas exigidas por el superior derecho de las poblaciones católicas, de fidelidad a la Iglesia. En otras palabras: cuando las circunstancias obligan a países católicos a recibir inmigrantes de países paganos o heréticos, se impone una serie de medidas de por sí complejas (¿quién dijo que era fácil la política?) para que tal inmigración no dañe espiritualmente, como de hecho lo está haciendo, a las poblaciones católicas. Véase en este sentido toda la preocupación de la Santa Sede por la asistencia espiritual a los emigrantes en la Constitución Apostólica "Exsul Familia", de 1 de agosto del 1952 (A.A.S. 44, páginas 649 y ss.). Y cómo vergonzosamente se elude ese deber por las instituciones católicas encargadas del trato con inmigrantes, sean Cáritas o los Franciscanos de El Pardo, que renuncian a toda conversión; por tanto, si las intituciones religiosas no cumplen con su misión, ni el Estado con la suya; España y los españoles renuncian a toda aspiración de supervivencia en el futuro, pudiendo acabar como, en el mejor de los casos, Túnez o Marruecos, arrasados por la furia destructiva de Mahoma y sus secuaces. Que Dios los confunda.

1 comentarios:

Uno que pasaba dijo...

La población católica es España es ya muy minoritaria. Me refiero a los católicos de verdad, no a los culturales.

El problema no es tanto los que vienen de fuera y se toman en serio sus creencias sino los de dentro que han abandonado las suyas. Ser español ya no es sinónimo de católico. En nuestras parroquias cada vez se ven más sudamericanos, polacos y filipinos y menos españoles.