viernes 22 de febrero de 2008

Empieza la farandula democrática...


...que terminará, si Dios no lo remedia, en la gran fiesta del 9 de marzo. Vamos a analizar lo que se dice al principio, que coincide con lo que se dice al final. La participación. Dicen, los esbirros y senagüillas de este sistema corrupto, que la alta participación favorece a la izquierda y las fuerzas progresistas, y que la abstención favorece a la derecha y a las fuerzas reaccionarias. De ser cierto eso, que en principio pudiera serlo, ya que, el sistema debe favorecerse de la implicación ciudadana y favorecer el desorden cristiano en la sociedad, pues, lo que es bueno para el sistema es malo para todo ordenamiento basado en la ley natural y el orden social cristiano. Las fuerzas conservadoras, abogadas del error, favorecen aun a pesar de sus votantes al fortalecimiento de la Revolución validando el sistema por vía del sufragio y el discurso aguado de sus convicciones, y el sistema, está claro, no puede favorecerlas porque como todo tonto útil es un instrumento de dispersión, pero no de confianza. De ser cierto, pues, parece que el presentarse los partidos marginales, que no siendo conservadores alguno de ellos, caso de los antiliberales, puede el común de los mortales asociarlos a eso que llaman la ultraderecha, no hace sino favorecer al sistema y al auge de las fuerzas revolucionarias bien representadas en la izquierda y sus votantes.


Pero, entonces, ¿no es eso una incongruencia? Es decir, ¿cómo un partido marginal, de escaso eco social, puede alimentar un sistema que incluso pretende combatir? El sistema democrático no deja de ser una concepción mecánica, y como tal, se articula en base a un esquema en paralelo de k sobre n elementos, es decir, que el sistema funciona cuando funcionan algunos de sus elementos no siendo necesario el funcionamiento de todos, sino sólo de unos pocos. Pensemos en un avión de cuatro motores, para que se mantenga en vuelo es necesario que funcione al menos un motor. Cuando aumentamos el número de los motores, hasta los cuatro que tiene disponibles, lo que hacemos es aumentar la fiabilidad del avión, es decir, disminuimos al 100% la posibilidad de que se estrelle por falta de empuje. Así, los partidos minoritarios que no suponen un "corte" para el sistema, aumentan, sin quererlo, la fiabilidad del mismo.


¿Y cuál es el camino de corte? En verdad, se puede romper el sistema con un pequeño camino de corte, por unos elementos de esos k sobre n que hacen que el sistema no funcione. ¿Y cuáles son esos elementos? Son los elementos contrarios a la Revolución, es decir, la Contrarrevolución. Es decir, si seguimos con el ejemplo del avión, el sistema en paralelo del empuje funciona, pero no hay que perder de vista que es más fácil hacerse con los mandos de la cabina que intentar que por casualidad dejen de funcionar los cuatro motores, es decir, es más fácil y constructivo cambiar el rumbo que estrellar el avión. Lo venimos diciendo desde hace mucho tiempo. Si en lugar de jugar al gato y al ratón, se apoyara moral y explícitamente a una fuerza política contrarrevolucionaria, y para eso sólo hay que ser valiente en la proclamación de la Ley de Cristo, la "pussillus grex" se dedicaría a tomar la cabina, en lugar de seguir aportando queroseno a los motores. ¿Todo esto para concluir que el pueblo tiene los principios de sus príncipes? Pues, sí, nada nuevo bajo el sol.
Y que nadie nos tilde de inconguentes. Nuestra presencia en las municipales fue presentar el testimonio directo, y en momento adecuado, del camino de corte.