
...por el Reinado social de Jesucristo? Esto debería rondar en la mente de los fieles, cada cual según sus condiciones y estado, pero es una pregunta insoslayable, comienzo del camino. Es, la pregunta así formulada, termómetro de nuestra entrega, de nuestra disposición. Para quien nunca se ha formulado esta pregunta a sí mismo, es un paso de gigante el hacérsela, es el primer escalón de la escala moral del compromiso activo. Si nunca te has hecho esta pregunta, pregúntate por lo menos el porqué no lo has hecho. Efectivamente, la respuesta la da Dios.
Aun así, hay una cosa que todos debemos hacer, y esta es la conversión. No hay cristianismo sin conversión, y sin cristianismo no hay cristianos, obviamente, por lo tanto, el segundo escalón en el combate por la restauración del Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo es el drástico y voluntario cambio de costumbres en nuestra vida. No se puede, una vez aceptada la vocación para la reconquista de la Cristiandad, hacer de nuestra vida una alegoría fantasmagórica y dialéctica en barras de bares y espectáculos nocturnos, amén, por supuesto, de las pérdidas de consciencia en juergas y borracheras. Oímos muchas veces quejarse contra unos y contra otros, pero no son más que desahogos pueriles, pataletas de niño sin caramelo. La conversión lleva a centrar la vida en dos pilares: oración y penitencia. No hay más, ni menos. No se puede pretender querer para la sociedad lo que uno es incapaz de dar. El utilizar, siquiera someramente, los instrumentos de destrucción revolucionarios para la diversión, neutrliza toda nuestra eficacia en la acción contra el Príncipe del Mundo.
Os lo decimos a vosotros, jóvenes, esta lucha no es un romanticismo decimonónico de mauser y chispa, una novela, un film de Holywood en que el bueno arrasa por el mero hecho de la exigencia del guión. No. Esta lucha es una pertinaz batalla en contra del mal y de los enemigos del alma, pero la primera obligación está en nosotros. No podemos salvar el alma de nuestros hermanos, ni salvar nuestra Patria, si nos ocupamos primero de nuestra propia salvación.
En estas fechas futuras de elcciones infernales, que no se inquiete vuestro ánimo por el entorno, antes bien, inquietar al entorno con vuestro ánimo firme y sereno en la paz de Dios.


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