miércoles 16 de enero de 2008

La paganización del domingo


En el artículo de ayer comentábamos, brevemente, los deberes de los fieles para la restauración, o reconquista, del Reinado social de Jesucristo. Uno de esos deberes, el de dar testimonio de la fe mediante el culto público, se realiza en la santificación del domingo, y por lo tanto, todo lo que sea paganizar ese día es ir en contra de la Soberanía social, es decir, es colaborar en la destrucción sistemática del orden social cristiano. Así, tal como suena. No es de extrañar, por razón obvia, que nos opongamos a los nuevos horarios comerciales y a la apertura de los comercios el domingo. En tan pequeña cosa, nuestro asentimiento o contrariedad producen efectos insospechados, para bien o para mal, pero en cualquier caso, jamás la indiferencia. El Tercio Católico de Acción Política, incorporando ese punto de lucha de la Comunión Tradicionalista, asumió en su programa muncipal el abolir la apertura de comercios el domingo. Muchos puede que vean en ello un anacronismo, un fuera de tiempo y lugar, puede ser, pero esos mismos son los que destruyen los cimientos de nuestro armazón social; en cambio, muchos otros no ven porque nadie les explica el porqué, nosotros damos las razones, y las obras, pues, obras son amores y no buenas razones, cuanto más para nosotros que somos la acción política del católico. La religión cristiana es una religión pública, y los fieles estamos obligados a practicarla ostensiblemente. Ese es el calificativo del cristiano: ostensible. Nada de esferas privadas o fondos de conciencia.


Si continuamos con la mira puesta en el Obispo de Poitiers, Mons. Pie, éste veía en el carácter público de la religión el camino natural hacia el reino social de Jesucristo, y llamó con insistencia a los fieles sobre esa necesidad del culto público y de lo que el mismo obliga. Por lo tanto, no es de extrañar que los enemigos del catolicismo, llámese liberalismo el peor de ellos por su larvado encubrimiento en las células eclesiásticas y pseudodoctrinales, quieran paganizar el domingo convirtiendo ese día en la asistencia en peregrinación a las cuevas de ladrones, en lugar del incesante hormigueo de visitas al templo del Señor. Lo que no está tan claro es la no advertencia de ese peligro, la colaboración con el mismo, o el tomarlo como un mínimo, quizás para un religioso lo sea, pero no así para el fiel, el cristiano de a pie, si vale la expresión.


Dicen, por ejemplo, que muchos directores de grandes superficies son cristianos comprometidos, en cambio abren las puertas de sus comercios, y en verdad sí son comprometidos, pero en la aniquilación del reinado social de Jesucristo. Muchos trabajadores son obligados a ir a sus puestos de trabajo para atender las estúpidas concupiscencias de su hermanos los hombres, muchos de ellos en la fe, que dicen profesar pero que desconocen por completo. Lo que ya sería el colmo es que, además, en las archifamosas escuelas de negocios católicas (un mix un tanto sui generis) se enseñará las enormes ventajas de abrir los domingos en base al mercado potencial y la gestión de mercaderias, dislate del que no estamos seguros se vean libres en algunos de sus ejemplos a futuros directivos.


Invitamos a todos a leer las instrucciones pastorales, auténtica dirección de la grey, del Cardenal Pie sobre la "ley del domingo", ley que el mismo prelado llamó "motor de la legislación social". Vean, pues, la importancia de oponerse al trabajo de mercader en domingo y a la apertura de los comercios y la nueva ordenanza sobre los horarios comerciales. No es baladí la cuestión, es capital y así la entendemos, tanto, que bien merece la pena rescatar otra vez la campaña de: "El domingo no se trabaja".