
... es no apoyar, como decía S.S. Pío XII, ni con el talento, ni con el dinero, ni con el voto a todos aquellos que niegan el absoluto dominio de Dios en la sociedad; aquellos que así proceden desde las banderas de los bautizados no deben de considerarse, en palabras del propio Papa, sino como desertores, cobardes y traidores a la Religión. Esos miles de católicos liberales, que nos sacuden los sesos de sus posiciones libertadoras de la conciencia, no merecen más que el desprecio, el combate y la resitencia pasiva a la obediencia.
El desprecio si se jactan de su liberalismo pero permanecen voluntariamente alejados del título de católicos; el combate cuando infiltrados en las filas del bando de Cristo pretenden conciliar a Nuestro Señor con las tesis asquerosas de la Revolución; al fin, la resistencia pasiva a la obediencia, cuando todo eso sea mantenido, como lo es en esta época de oscuridad, por la propia jerarquía de la Iglesia docente.
Hemos llegado ya a las elecciones legislativas. El Tercio Católico de Acción Política, partido católico de ámbito nacional, no se va a presentar a las mismas. Podríamos alegar muchos motivos, casi todos para exculpar, pero sólo podemos decir que no contamos con los suficientes efectivos cauntitativos para confeccionar unas listas electorales, serias y responsables, como la bandera que enarbolamos se merece. Así está la legislación, así están nuestras dificultades. seguiremos luchando por conseguirlas, aunque esa obra sea la de toda nuestra vida. Recomendamos a todos nuestros militantes y simpatizantes, ante la falta de opción política católica, la abstención. Ni nosostros somos responsables de lo que salga de las urnas viciadas por Satanás, ni por nuestra participación lograremos un dique de contención. Así las cosas, lo único que vale es tomar conciencia de que no hay opción y luchar para que la haya en los próximos comicios, eso sí es nuestra responsabilidad y ahí es donde debemos responder, porque esa y no otra es nuestra responsabilidad.
Es la nuestra la única opción católica, que siendo de partido no es partidista. Los supremos valores de Dios y de la Patria a todos integran y a ninguno excluye, es la bandera de la política católica la que enarbolamos, a ella están llamados todos los católicos con diferentes y legítimas opiniones de gobierno para el bien común, de las cuales quedan excluidas aquellas que excluyen la Soberanía social de Jesucristo o la unidad católica de España, porque así lo dicta la doctrina que profesamos, la cual no nos pertenece sino en legítimo usufructo fiduciario que hemos heredado y debemos transmitir.
Queremos dejar, para la reflexión, estas notas del P. Félix Sardà de su obra "El Liberalismo es pecado", con ellas nos despdimos --de nuestra aparciión diaria regular-- hasta después de los comicios, es mucho lo expuesto, es mucha la doctrina, meditemos y actuemos pues, la fe sin obras es una fe de muertos. Somos católicos, somos antiliberales, somos contrarrevolucionarios, eso somos.
XL.- SI ES MÁS CONVENIENTE DEFENDER EN ABSTRACTO LAS DOCTRINAS CATÓLICAS CONTRA EL LIBERALISMO, O DEFENDERLAS POR MEDIO DE UNA AGRUPACIÓN O PARTIDO QUE LAS PERSONIFIQUE.
Esta cuestión se ha propuesto mil veces, aunque nunca seguramente con la franqueza con que nos atrevemos nosotros a proponerla aquí. De la confusión de ideas que hay sobre esto, aun entre muchos que son indudablemente verdaderos católicos, han nacido tantas proyectadas y siempre fracasadas fórmulas de Unión fuera o con abstracción de la cuestión política, fórmulas en algunos, sin duda bien intencionadas, aunque en otros hayan sido máscara de astutas y pérfidas maniobras.
Volvernos, pues, a preguntar con toda sinceridad y llaneza: ¿Conviene más defender las ideas antiliberales en abstracto, o defenderlas en concreto, o sea personificadas en un partido franca y resueltamente antiliberal?
Una buena parte de nuestros hermanos, los que pretenden (aunque no lo consiguen) aparecer neutrales en política, dicen que sí conviene. Nosotros sostenemos decididamente que no. Es decir, creemos que es mejor, y que es lo único práctico y viable y eficaz, atacar al Liberalismo y defender y oponerle las ideas antiliberales, no en abstracto, sino en concreto, esto es, no solamente por media de la palabra hablada o escrita, sino por medio de un partido de acción, perfectamente anti-liberal .
Vamos a probarlo.
¿De qué se trata aquí? Trátase de defender ideas prácticas y de práctica aplicación a la vida pública y social, y a las relaciones entre los modernos Estados y la Iglesia de Dios. Ahora bien; tratándose de buscar, ante todo, resultados inmediatamente prácticos, son los más conducentes a este fin los procedimientos mas prácticos. Y lo más práctico aquí es, no la defensa simplemente abstracta y teórica de las doctrinas, sino ayudar y favorecer a los que en el terreno práctico procuran plantearlas, y combatir, desautorizar y aniquilar, si se pudiese, a los que en el mismo terreno práctico se oponen a su realización.
Cansados estamos de idealismos místicos y poéticos, que a nada conducen más que a una vaga admiración de la verdad, si a tanto llegan. A la Iglesia, como a Dios, se la ha de servir spiritu et veritatc, "en espíritu y en verdad"; cogitatione, verbo et opera, "con pensamiento, palabra y obra". El problema actual, en que anda revuelto el mundo, es brutalmente práctico con toda la propiedad del adverbio subrayado. Mas que con razones, pues, se ha de resolver con obras, que obras son amores y no buenas razones, dice el refrán. No es principalmente la cháchara liberal lo que ha trastornado al mundo sino el trabajo eficaz y práctico de los sectarios del Liberalismo. Con la mano más que con la lengua se ha destronado a Dios y al Evangelio de su social soberanía de dieciocho siglos: con la mano más que con la lengua se los ha de volver a colocar en su trono. las ideas, hemos dicho ya más arriba, no se sostienen en el aíre, ni hacen camino por sí solas, ni por sí solas producen en el mundo general conflagración. Son pólvora que no se inflama si no hay quien, aplicando la mecha, la ponga en combustión. Las herejías puramente teóricas y doctrinales han dada poco que hacer a la Iglesia de Dios: más se ha servido al error el brazo que blande la espada que la pluma que escribe falsos silogismos. Nada hubiera sido el Arrianismo sin el apoyo de los emperadores arrianos; nada el Protestantismo sin el favor de los príncipes alemanes deseosos de sacudir el yugo de Carlos V; nada el Anglicanismo sin el de los Lores ingleses cebados por Enrique VIII con los bienes de los Cabildos y monasterios. Urge, pues, oponer a la pluma, la pluma; a la lengua, la lengua; pero principalmente al trabajo el trabajo; a la acción, la acción; al partido, el partido; a la política, la política; a la espada (en ocasiones dadas), la espada.
Así se han hecho siempre las cosas en el mundo, y así se harán. hasta el fin de él. Prodigios no los suele obrar Dios para la defensa de la fe, más que en los principios de ella. Arraigada ésta en un pueblo, quiere que sea defendida humanamente y al modo humano la que en el mundo y al modo humano ha descendido a vivir.
Lo que se llama, pues, un partido católico, sea cualquiera el otro apellido que se le dé, es hay día una necesidad. Tanto significa como haz de fuerzas católicas, núcleo de buenos católicos, unión de trabajos católicos, para obrar en el terreno humano en favor de la Iglesia, allí donde la Iglesia jerárquica no puede muchas veces descender. Que se procure una política católica, una legalidad católica, un Gobierno católico, por medios dignos y católicos, ¿quién lo puede reprobar? ¿No bendijo la Iglesia en la Edad Media la espada de los cruzados, y en la Moderna la bayoneta de los zuavos pontificios? ¿No les dio su pendón? ¿No fue ella la que les prendió al pecho la divisa? Si San Bernardo no se contentó con escribir sobre eso patéticas homilías, sino que recluto soldados y los lanzó a las costas de Palestina, ¿qué inconveniente hay en que un partido católico se lance hay día a la cruzada que permitan las circunstancias, la de los periódicos, la de los círculos, la de los votos, la de la pública manifestación, mientras aguarda la hora histórica en que disponga Dios enviar a favor de su pueblo cautivo la espada de un nuevo Constantino o de un segundo Carlomagno?
Extraño será no le parezcan blasfemias estas verdades a la secta liberal. Pues, por lo mismo, nos han de parecer a nosotros las máximas más sólidas y las más oportunas hoy día.
XLI.- SI ES EXAGERACIÓN NO RECONOCER COMO PARTIDO PERFECTAMENTE CATÓLICO MÁS QUE A UN PARTIDO QUE SEA RADICALMENTE ANTILIBERAL.
Parécenos, amigo lector, que estampamos aquí la dificultad en toda su fuerza y tal como se la oye proponer por multitud de personas. Afortunadamente nos costará poquísimo desvanecerla, por más que en ella se encuentren como atascados y atarugados muchos de nuestros hermanos.
Afirmamos, pues, sin temor de que nadie pueda lógicamente contradecirnos, que, para combatir al Liberalismo, lo más procedente y lógico es trabajar en mancomunidad de miras y esfuerzos con el partido más radicalmente antiliberal.-¡Hombre! ¡Eso es verdad de Pero Grullo!
-Pero es verdad. Y ¿quién tiene la culpa si a ciertas gentes hay que presentarles las más sólidas verdades de la filosofía en forma de vulgares perogrulladas? No, no es espíritu de partido, sino espíritu de verdad, afirmar que no puede eficazmente oponerse al Liberalismo más que un partido verdaderamente católico, y afirmar en seguida que no es partido radicalmente católico más que un partido radicalmente antiliberal.
Esto escuece naturalmente a ciertos paladares estragados por salsas mestizas, pero es incontestable. El Catolicismo y el Liberalismo son sistemas de doctrinas y de procedimientos esencialmente opuestos, como creemos haber demostrado en estos nuestros artículos; forzoso se hace, pues, reconocer, aunque cueste y amargue, que no se es íntegramente católico sino en cuanto se es íntegramente antiliberal. Estas ideas dan una ecuación rigurosamente matemática. los hombres y los partidos (salvo en ellos error de buena fe) en tanto son católicos por sus doctrinas, en cuanto no profesan idea alguna anticatólica, y es clarísimo que profesarán doctrina anticatólica siempre y cuando conscientes profesen en todo o en parte alguna doctrina liberal. Decir, pues: tal partido liberal o tal persona conscientemente liberal no son católicos, es fórmula tan exacta corno decir: tal casa blanca no es negra, o tal otra colorada no es azul. Es simplemente enunciar de un sujeto lo que lógicamente resulta de aplicar el principio de contradicción: Nequit idem simul esse et non esse: "No puede algo ser y juntamente dejar de ser". Venga, pues, acá el más pintado liberal y diganos si hay en el mundo teorema de matemáticas que concluya mejor que éste: No hay más partido perfectamente católico que un partido que sea radicalmente antiliberal.
No es, pues, partido católico, repetimos, ni aceptable en buena tesis para católicos, más que el que profese y sostenga y practique ideas resueltamente antiliberales. Cualquier otro, por respetable que sea, por conservador que se presente, por orden material que proporcione al país, por beneficios y ventajas que accidentalmente ofrezca a la misma Religión, no es partido católico desde el momento en que se presenta basado en principios liberales, u organizado con espíritu liberal, o dirigido a fines liberales. Y decimos así, refiriéndonos a lo que más arriba hemos indicado, esto es, que hay liberales que del Liberalismo aceptan los principios tan sólo, sin querer las aplicaciones; al paso que hay otros que aceptan las aplicaciones sin querer admitir (por lo menos descaradamente) los principios. Repetimos, pues, que un partido liberal no es católico, ya sea liberal en cuanto a sus principios, ya no lo sea en cuanto a sus aplicaciones, como lo blanco no es negro, como lo cuadrado no es circular, como el valle no es montaña, como la obscuridad no es luz.El periodismo revolucionario, que ha traído al mundo para confusión de él una filosofía y una literatura cuyas especiales, ha inventado también Un modo de discurrir especialmente suyo. Que es, no discurrir como antiguamente se solía, sacando de principios consecuencias, sino discurrir como se usa en las plazuelas y en los corros de comadres, moverse por impresión, vociferar a diestro y a siniestro pomposas palabrotas (sesquipedalia verba), y aturdir y marear al entendimiento propio y al ajeno con desatado turbión de prosa volcánica, en vez de alumbrarle y dirigirle con la clara y serena lumbre de bien seguida argumentación. Es seguro, por lo mismo, que se escandalizará de que neguemos el dictado de católicos a tantos partidos representados en la vida publica por hombres que, vela en mano, concurren a nuestras procesiones; y representados en la prensa por tantos órganos que cantan endechas allá por Semana Santa al Mártir del Gólgota (estilo progresista puro) o villancicos en NocheBuena al Niño de Belén, y que se creen con esto sólo tan representantes de una política católica, como pudieran el gran Cisneros o nuestra ínclita primera Isabel. Y sin embargo... escandalícense o no, les diremos que tan católicos son ellos, como fueron estos luteranos o francmasones. Cada cosa es lo que es, y nada más. Todas las apariencias buenas no harán sea bueno lo que en su esencial naturaleza es malo. Y hable en católico y hágalo todo en apariencia como católico el liberal, liberal será y no católico Todo lo más será liberal vergonzante, que de los católicos anda remedando idioma, traje, forma y buen parecer.


2 comentarios:
No entiendo que se diga que sois la única opción católica que existe en España. Al menos existen 2 tan católicas como vosotros, como son la Comunión Tradicionalista Carlista y Alternativa Española. Podréis tener con ellos diferencias políticas legítimas, pero no podéis decir que no son partidos católicos porque es faltar a la verdad.
Pues mire, se lo explicamos. Alternativa Española no es un partido católico, en purida, pues, ni pretenden, ni está en su programa, la confesionalidad del Estado ni la restricción de cultos, amén de que en ningún momento, ni explícita, ni implícita, ni tácitamente, se pronuncian en contra de la soberanía popular. Y con todo esto AES puede ser un partido de católicos, e incluso un partido confesional, pero no es un partido católico. AES es sólo una opción legítima si se fundamenta en la legitimidad del sistema actual, pero en fundamento de una política católica.
En cuanto a la CTC no está clara su participación en los comicios, y en qué, es decir, si se presentarán al Congreso o sólo al Senado. Cuando esa duda se despeje haremos el pertinente comentario, mientras tanto vale lo dicho y en ningún momento se ha faltado a la verdad, todo lo contrario, así están las cosas le guste a usted o no.
Saludos.
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