
La restauración del Reino social de Jesucristo
Estos deberes consisten básicamente en: La formación religiosa, la fe en la Realeza de Cristo, la práctica pública del culto cristiano, la afirmación de la fe en la vida familiar, la afirmación de la fe en la vida pública, la afirmación de la fe en las relaciones sociales; y la oración por el reino social.
El primer deber de los fieles, para ayudar en la restauración social del orden cristiano, es antes de nada hacer reinar a Jesucristo en sus entendimientos por la formación religiosa.
"La sola esperanza de nuestra regeneración social, ha dicho Mons. Pie, descansa en el estudio de la religión...el primer paso de retorno a la paz y al bienestar será el retorno a la ciencia del cristianismo."
Mons. Pie insiste en este punto que para él es capital, ya que, según tan docta opinión, el renacimiento social cristiano de occidente esta ligado inevitablemente al renacimiento catequético. No es de extrañar que hoy en día sean esas catequesis ñoñas, vacías de toda doctrina, impartidas por ignorantes llenos de sentimentalismo, las que predominen en nuestras parroquias invadidas por el cáncer del protestantismo. O si no, esas otras llamadas así mismas como neocatecumenales, y en verdad son neo, pero neoreligiosas, enseñan una nueva religión nacida en sus conciencias y practicadas en los atrios pisoteados de las iglesias. Nada que ver con la doctrina católica y sus escuelas. Por eso, hoy más que nunca es necesario volver al Magisterio, a la fidelidad doctrinal sin taras; por eso, el Cardenal Pie, en cuatro sermones predicados en la catedral de Chartres, explica largamente a los fieles (laicos, que diríamos hoy) la importancia del estudio de la religión y les indica el método a emplear en este estudio.
Esos sermones de joven vicario de la catedral de Chartres, platicados en 1840, son siempre de una rabiosa actualidad, y nos atrevemos a decir que, en esta materia, no conocemos nada más claro y persuasivo. Releyéndolos, todos los fieles (laicos, que nos dicen algunos) seran empujados a dar en su vida un lugar privilegiado a la instrucción religiosa. Como, en efecto, no ser tocado por las palabras tan verdaderas como fuertes: "Degradar su espíritu de la verdad, y ser indiferente, es ese precisamente el crimen que Dios castigará con mayor severidad y justicia...es evidente, pues, que la sola ignorancia voluntaria de la religión es por ella misma un crimen digno de muerte, porque ella reafirma el menosprecio de Dios y la voluntad de escapar de su mano todopoderosa". Esta solida instrucción religiosa exigida a los fieles debe ser el alimento de una fe íntegra (vaya, carnaza ahí para el modernismo) y completa, y para Mons. Pie la fe completa, sólo la verdadera fe, es no sólo aquella que afirma la Divinidad y la Humanidad de Nuestro Señor Jesús, sino la que, además y conjunta y solidariamente, proclama Su Realeza social. Escuchémosle, comentadnod a los fieles (bueno, no lo repetimos más: laicos) un pasaje de San Gregorio Magno (sí, éste sí es digno del título por conquista, no por apropiación mediática), responde también al cristiano de nuestros días, embutido en falsas ideas modernas: "Hermano mío, tu tienes la conciencia en paz, me dices, y aun aceptando el programa del catolicismo liberal, te crees profesar la ortodoxia, atendiendo que crees firmemente en la divinidad y en la humanidad de Jesucristo, eso que es suficiente para constituir un cristianismo inatacable. Desengáñate. Desde los tiempos de San Gregorio ha habido "negaciones heréticas, nonnulli haeretici" que creían esos dos puntos como tú y su herejía consistía en no querer reconocer a Dios hecho hombre una realeza que se extendía a todo: sed hunc ubique regnare nequaquam credunt.
"No, tu no eres irreprochable en la fe; y el Papa San Gregorio (¡qué Magno!), más enérgico que en el Syllabus, te acusa la nota de herejía si eres de los que, se exigen el deber de ofrecer a Jesús el incienso, no queriendo asimismo añadirle el oro", es decir, reconocer y proclamar su Realeza social.
Y qué exige esa Realeza social de Nuestro Señor si no el recapitular todo en Él. Todo. Así, el reconocimiento por el Estado de la Fe de Cristo y ordenar todo lo social, lo económico, lo jurídico, lo político, en definitiva, toda la sociedad bajo su santa autoridad.


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