lunes 21 de enero de 2008

Bicentenario del Alzamiento


Desde luego que para festejar los 200 años del Alzamiento del dos de mayo de 1808 se nos ocurren muchas cosas, quizás de las más originales, y no por ello menos olvidadas, sea la de Eugenio en su proclamación de la primavera, a saber, apedrear la embajada de la Francia revolucionaria que intentó implantar la impiedad y la blasfemia de sus sucias entrañas con aquellas embusteras palabras de "libertad, igualdad y fraternidad". El pueblo español, la nación entendida como el "gens" latino, la Patria, se puso en pie contra la barbarie práctica del que fuera el "hombre más nefasto de la Historia", el plebeyo servil Juan Jacobo Rousseau.


Lo que no consiguieron las tropas de los "fanfarrones", lo han conseguido la deslealtad y la traición de lesa Patria y catolicidad, del sistema liberal implantado tras el perjurio del las Leyes y Principios Fundamentales del Movimiento, y la legitimidad del 18 de julio, otro Alzamiento, pero esta vez enfretada a sí misma la substancia y esencia de España. Difícil, pues, la conmemoración fastuosa y honrada que se merecen los héroes de la Patria. Aquellos que preparon el camino y el sustrato de la raza de las mujeres españolas, gestadoras, parturientas y escuelas de héroes; esas mismas que hicieron derramar las lágrimas a todo un espartano y curtido legionario, tal cual fue el Generalísimo Franco, del que oyeron este sublime elogio: "¿Cómo podría expresar la honda emoción que nos embarga ante la presencia de las madres y las esposas de nuestros Caídos, representadas por esas mujeres ejemplares aquí presentes, que conscientes de lo que la Patria les exigía, colgaron un día las medallas del cuello de sus deudos animándoles para la batalla?" Dicen los teólogos, que los mensajes proféticos tienen un typo (imagen ligada a su experiencia histórica) y un antitypo (proyección futura según el patrón typo). Bien, si alguien profeticamente hubiera revelado la historia de España, el Alzamiento de 1808 sería el typo, y el Alzamiento de 1936 el antitypo, es decir, la misma misión de destino universal. Así lo recuerda muy bien el combatiente de las Brigadas Navarras mientras redactaba el Eugenio.


Y ahora, ¿qué se ha hecho? La mujer española denigrada, manoseada y corrompida; cuando no asaltada y muerta a manos de los efectos de la propia revolución instalada en nuestros parlamentos; convertidos sus senos en sepulcros blanqueados en las asquerosas factorias de destrucción masiva del género humano, llamadas clínicas aborteras. Y mientras: silencio. Más vale, a todos esos cobardes que traicionan la impronta indeleble de los soldados de Cristo, que en lugar de ir a Auschwitz y preguntar sacrílegamente: "¿dónde estaba Dios?" reflexionen la pregunta que Dios les ha de devolver, ante los ángeles que ven su rostro y que son los custodios de todos esos inocentes masacrados en pro de unos derechos humanos y unas libertades implantadas por la misma revolución:


"¿Dónde estabas tú, cobarde y traidor, mientras todo eso ocurría?"...


...y ante el silencio del que ve su culpa pero no quiere misericordia, increpará el Señor:


"Apártate de Mi, no te conozco"


Quizás no tenga sentido, hoy por hoy apedrear la embajada de Francia sino se apedrea las embajadas de las leyes inicuas, pero pongamos el antitypo de la embajadas en lo que es hoy las clínicas aborteras, donde, otra vez, se instalan los paredones de los fusilamientos de mayo de 1808.