miércoles 31 de octubre de 2007

Asaltos a la conciencia


No es este un espacio para debatir, o rebatir, documentos o afirmaciones eclesiales, no por lo menos desde el clericalismo del "¡viva el Papa! ¡qué rica la Coca-Cola!", pero no hay que negar que el varapalo sufrido por la llamada "autodemolición" de la Iglesia se ha notado mucho en las acciones políticas, y sobretodo en la doctrina de esas acciones. No vamos a entrar en la causa, ni en los efectos, descripción de los hechos diarios que a la vista están, de esta desmoralizada sociedad española; no en el sentido de documento malo o mala interpretación, no es a nosotros a quien nos compete. Sin embargo, ante el asalto continuo y sin descanso a la conciencia del cristiano de a pie, un escalofrio recorre nuestra espalda ante la grave anotación que en su día hiciera don Rafael Gambra, q.e.p.d., con respecto a la libertad religiosa y la declaración conciliar "Dignitatis Humanae" del II Concilio Vaticano. Decía así el insigne maestro:


"Se objetará, sin embargo que la Declaración Conciliar “Dignitatis Humanæ” del Concilio Vaticano II ha propugnado la libertad religiosa y el consiguiente laicismo de Estado. ¿Qué hemos de pensar de esto los carlistas? A mi juicio, lo siguiente:


1. El Concilio Vaticano II no es un concilio dogmático sino sólo pastoral, por propia declaración: por lo mismo, exento de infalibilidad.


2. La libertad religiosa en el fuero externo al individuo contradice la enseñanza de todos los papas anteriores (uno de ellos santo) desde la época de la Revolución Francesa, y particularmente a la Encíclica “Quanta Cura” de Pío IX que reviste las condiciones de la infalibilidad.


3. La Declaración Conciliar se contradice a sí misma, puesto que afirma al mismo tiempo que deja intacta la doctrina anterior.


4. Los amargos frutos de esa Declaración son bien patentes en la Iglesia y en la sociedad.


5. Si esa Declaración hubiera de ser recibida como “palabra de Dios”, al Carlismo no le quedaría más que disolverse, porque ha sido el último y más heroico empecinamiento en la defensa del régimen de Cristiandad."


Un escalofrio comienza, y un galope de inmoralidad sacude los cimientos de las sociedades políticas. ¿Cómo luchar? Nuestra lucha es la acción política, y la acción política es formación, y la formación es doctrina, y la doctrina viene directamente del Magisterio y de la predicación sin que pueda haber fisuras ni contradicción entre la acción y el Magisterio. El gran fracaso actual en la política es el haber apartado la misma del reflejo que irradia la doctrina de Cristo, y cuando no, de haber refractado la luz en lugar de reflejarla. El español actual se debate contra sí mismo, en el mejor de los casos se ha convertido en un agnóstico, y en el peor en un revolucionario de parroquia. Como un gran atasco de circulación en el que, como en la realidad, los encargados de descongestionar y dar fluidez, empeoran la circulación suprimiendo los semáforos que no son más que las señales indelebles e irrefractables de la Tradición. Si, desde el puro existencialismo, esta crisis es comparada con las de los siglos I (gnosticismo), IV (arrianismo) y XV (reformismo), es que es una crisis como esas, crisis interna que va en contra de la esencia misma de la enseñanza de Cristo confiada a los apóstoles y conservada por Su Iglesia. El rearme moral no es posible sin un rearme doctrinal, es más, mientras dure la confusión, la ambigüedad y la continuidad discontinua, los políticos no tendremos armas para enfrentarnos al combate. Tenemos, eso sí, garrotes que se convierten en goma, bayonetas que se hacen papel y bombas de mano que explotan serpentines; mientras que el enemigo nos asesta garrotazos que nos conmocionan, bayonetazos que nos degollan y bombas de mano que nos descuartizan. Ante esta situación, de la que hay que ser conscientes para poner los medios de superarla, aparte de la oración fundamental y de la unidad de vida que debe guiar nuestra actuación, no podemos acomodarnos a que nos asalten las conciencias con nuestras propias armas para dejarnos inermes, debemos de responder con elocuencia, pero contundentemente, como decíamos ayer: ¡Libertad! Libertad para la Iglesia que está tomada por el mundo, libertad para las conciencias --que no de conciencia-- que están separadas del Creador; libertad para luchar, y para defender nuestra condición de hombres libres, de españoles.

martes 30 de octubre de 2007

¡Libertad!


El hombre es una creatura dotada de razón y voluntad, esto es el libre albedrío, por definición. Como que las leyes de la naturaleza no determinan la conducta humana, existe una ley que no se impone por la fuerza pero que obliga en conciencia, esto es por definición, la ley moral. La imposibilidad moral no es absoluta, como lo es la imposibilidad de que el círculo se un cuadrado o que el triángulo tenga cuatro ángulos. De esta obligación en conciencia y de esa no imposibilidad absoluta de lo declarado moral surge la libertad. Y la orientación, de las potencias del alma, hacia el fin del hombre, aquello para lo que fue creado, es la libertad gloriosa de los hijos de Dios que les lleva a recapitular todo en Cristo. Y todo, quiere decir, todo. Y parte, quiere decir parte. Y la parte pertenece al todo, y el todo es superior a la parte. Y cuando se dice todo, se dice todas las actividades que el hombre desarrolla por su naturaleza, y esas actividades son individuales y sociales. Y cuando decimos sociales, decimos políticas. Y cuando decimos sociales, decimos que hay tres sociedades, a saber: familia, Iglesia y Estado. Y en todas hay un interés común: el hombre; y todas tienen en común al hombre.


Dicho todo esto, no tenemos por menos que denunciar a los hombres de Iglesia que han avergonzado, que han humillado no sólo su condición, sino la libertad de los españoles. Y denunciamos públicamente al sacerdote Martínez Camino, y lo denunciamos porque de ser ciertas las informaciones publicadas por el diario masón El País, ha contribuido con su formación malsana a la restricción de la libertad de unas personas que portaban, en la ceremonia de beatificación de los 498 mártires (de la infamia roja y liberal) del pasado domingo en Roma, banderas de España con el escudo católico de Isabel y Fernando. Un hombre de Iglesia que recrimina la seña de identidad de la España católica comete dos faltas graves: la primera, como hemos dicho, coartar la libertad responsable; la segunda negar los símbolos que permiten identificar los valores patrios, y en este caso especial, los de España con la Cruz. Suponemos que este sacerdote, a fuer de negar sus propios símbolos católicos, cosa excusable por llevar el hábito anglicano del "clerygman" en lugar de la sotana, ha actuado en conciencia, pero con una conciencia torcida y por tanto al servicio del error. Servir al error es servir a la mentira, y el padre de la mentira es Satanás. Con esto ya está dicho todo.


Es curioso que todos los liberales, conservadores y progresistas, reclamen libertad para sus nefandos vicios; y lo más curioso es que quieran esa libertad para imponer sus tesis a los que, por pensar rectamente, no les conceden ni el derecho a la existencia. Arrasar con los monumentos; incinerar las banderas y los símbolos; vaciar la memoria; todo está justificado en aras del totalitarismo liberal, en aras de la libertad religiosa, en aras del ecumenismo, en aras de la "consagración" de rosquillas, todo, absolutamente todo, excepto proclamar con valentía el orgullo de ser español y confesar la Fe de nuestros mayores, la luz de TRENTO.


Por eso, hoy gritemos: ¡libertad! Libertad para salvar nuestros cuerpos y nuestras almas; libertad para salvar a España de la ponzoñosa zarpa de la masonería, del liberalismo, del modernismo, del materialismo. ¡Libertad! y exaltación de la Cruz. Quien no esta conmigo, está contra mí; quien no recoge conmigo, desparrama; dice el Señor.

lunes 29 de octubre de 2007

Nuestras fuerzas aliadas


El pasado día 26, en la cena anual de conmemoración de la festividad de Cristo Rey, organizada por el Círculo Antonio Molle de Madrid, asistimos a un derroche doctrinal de los oradores impagable. Tanto don José Armas, como don Andrés Gambra y don Miguel Ayuso estuvieron inconmensurables en sus respectivas exposiciones, llenas de un claro entendimiento y agudizadas, sobretodo en el caso particular de don Andrés Gambra, con unas dotes de brillante oratoria con lo que los asistentes pudimos comprobar que sigue exitiendo ese don, a pesar de las muestras en sentido contrario que nos ofrecen los profesionales de la política actual. Si algo queda claro, y más hoy en nuestra situación degenerada, es que la Fe sin España seguirá siendo y existiendo, pero que España sin la Fe desaparecerá. Inmmersos en la irracionalidad actual, en el profundo abismo liberal que denunciara Vázquez de Mella de los tronos a las ideas y los cadalsos a las consecuencias, nuestros compañeros de viaje, aún en la distancia política de lo opinable --que es variada y legítima--, deben asumir la premisa que es banderín de enganche: la proclamación de la Soberanía social de Jesucristo (el orden cristiano de la sociedad), y por ende, la negación doctrinal por principio de la soberanía popular, el sufragio universal y la democracia como cosmovisión y fuente de verdad.


"Qui enim fecerit voluntatem Dei, hic frater meus et soror mea et mater est." (Mc 3, 35). Está bien claro que aquel que cumple la voluntad de Dios, ese es nuestro compañero de viaje. Pululan por ahí, eso que alguien --seguro que liberal-- dio en llamar las fuerzas nacionales, integradores de opciones y opiniones, buscando la vértebra de unión entre distintas facciones, algunas de naturaleza irreconciliable, que en accidente patriotero creen tener la sustancia. En otras palabras, la unión de las fuerzas está única y exclusivamente en la unión de la doctrina. Aquel que trabaja para la Soberanía social de Jesucristo ese es nuestro compañero, el resto sólo pueden considerarse enemigos. Enemigo quien apoye al sufragio universal, enemigo quien apoye la soberanía popular, enemigo quien apoye la democracia liberal. No hay condición sine qua non en cuanto a la forma del régimen: monarquía, aristocracia, república o mixto; pero si en cuanto a la esencia del régimen, que en nuestro caso es la Unidad Católica, basada en la confesionalidad del Estado, la restricción religiosa y la negación tajante de los principios liberales de, a fuer de ser pesados, soberanía popular y sufragio universal.


Y, una vez que hemos dicho quién es nuestro compañero de viaje político, aún en la diferencia de lo opinable, hemos de decir respecto a esto, lo que Nuestro Señor dijo a San Pedro al pecatarse que les seguía San Juan, el discípulo amado: “ Si eum volo manere donec veniam, quid ad te? Tu me sequere ”. (Jn 21, 22). Es decir, ¿a ti que te importa que nos siga?, el que no está contra ti, contigo está. Esa es la pluralidad legítima que aúna esfuerzos en la única dirección, esa es la pluralidad que el ideólogo totalitario nunca entenderá. Por eso el afán de muchos en la unión, pero en la unión bajo sus siglas, bajo sus banderas, bajo sus perspectivas, es decir, la absorción y el dominio total. Todos quieren a todos, pero bajo su poder y arbitrio, eso es de por sí revolucionario, ya que no hay doctrina, hay ideología. suponemos que está suficientemente claro, otra cosa es que se acepte o no nuestro punto de vista, ni lo reclamamos ni lo exigimos, simplemente lo exponemos para que nadie se llame a desengaño. Tenemos una bandera social que es la Realeza de Cristo, si alguien la levanta con ese estamos. Lo hemos dicho antes, al empezar, España sin la Fe no será España. La bandera patria, sin la Cruz no es más que un señuelo liberal.

domingo 28 de octubre de 2007

¡Viva Cristo Rey!


Hoy, festividad de Cristo Rey, 498 hermanos de Fe y de Patria, víctimas del odio a la Religión, serán beatificados en Roma. Todos murieron perdonando, muchos al grito de Cristo Rey si sus cuerdas vocales no fueron cortadas previamente por la tortura infame de sus asesinos, servidores éstos de la Revolución materialista, atea y liberal; todos con el Nombre de Dios escrito a fuego en sus corazones, todo a mayor gloria de Dios.


Mártires de España, mártires de la última Cruzada, rogad por nosotros, rogad porque sea España trono de Nuestro Señor.


¡Viva Cristo Rey!

¡Viva España católica!


S.A.R. don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición, estará presente en nombre de la santa Causa, y de todos nosotros, españoles cabales, en los oficios litúrgicos.

viernes 26 de octubre de 2007

De aquellos polvos, estos lodos



Magnífica y oportuna aportación de Cruz_y_Fierro en el Foro Santo Tomás Moro que reseñamos a continuación.

Un 13 de octubre de 1307, daba comienzo público la persecución oficial del rey Felipe de Francia contra la Orden del Temple; merced a un engaño indigno de un caballero, el rey atrajo a los jefes del Temple a París, su propio señorío, en el cual podía ordenar su detención sin riesgo alguno, como en efecto mandó hacer. Luego de imponerlos a duras prisiones y tormentos, temiendo con razón su absolución por parte del Papa y su propia y consiguiente excomunión por haber puesto la mano sobre el Pontífice Romano, mandó quemarlos en la Isla de Francia, centro de París, en 1313, luego de trajines que resumiremos brevemente. En el espacio de todos estos escasos siete centenares de años, no se ha terminado de esclarecer, ni de escribir tampoco, una historia que permita conocer de manera definitiva la verdad sobre este obscuro episodio que, lejos de involucrar la responsabilidad de la Iglesia como querrían sus detractores, fue en verdad el verdadero comienzo de un calvario tremendo y causa nada despreciable del actual estado de postración, además de coincidir con el punto de arranque del ya floreciente cisma occidental y punto de inflexión en el abandono definitivo de la idea de instaurar una Teocracia católica, perdida del todo bajo León XIII. Pero de momento, el Temple era sin duda un obstáculo formidable para no temer que, por su mera existencia, peligraran los siniestros planes cesaropapistas del rey de Francia; la miopía eclesiástica no comprendió a tiempo que, cediendo interna y externamente a las inicuas exigencias temporales contra estos leales súbditos suyos, se entregaba la propia Santa Sede a sí misma, indefensa y maniatada, a las pasiones del mundo.


Al presente, parece ser voluntad de la Santa Sede dar a la publicidad un volúmen conteniendo facsímiles de los documentos determinantes del proceso canónico a los caballeros Templarios, incluyéndose la sentencia absolutoria y testimonio elocuente de su completa y perfecta inocencia de los cargos de herejía y que, dictada por el Papa Clemente V, fuera conocida y publicada pocos años atrás bajo el nombre de “Pergamino de Chinon”; sin duda, su aparición ha dado un giro completo a la cuestión templaria, no solamente absolviendo de culpabilidad en los delitos imaginarios a la Orden, sino también al propio Papa de felonía, situándolos con bastante exactitud donde quedaron el Papado y el Temple luego de este triste asunto: en el duro papel de las víctimas de los feroces apetitos políticos y el odio del mundo.


Pero la tenacidad del rey francés ya lo tenía resuelto a apoderarse de Europa, comenzando por expandir sus fronteras (bastante menos extensas que el actual territorio francés) aunque, para lograrlo, le fuera preciso secuestrar y retener extorsivamente a su máximo pontífice, y contando para este nefasto propósito con el ingenio diabólico del valido real, ministro Nogaret. El cesarismo real se sumó a una imperiosa necesidad de dinero que la liquidación de los cuantiosos bienes templarios podía sufragar sin esfuerzo, si se jugaba la carta con ingenio; estaba pendiente de satisfacción contra el Papado, además, una afrenta reciente contra el poder temporal, estrictamente a causa de que el anterior papa, Bonifacio VIII librara, como respuesta fulmínea a ciertas inicuas pretensiones reales, una declaración solemne definiendo la supremacía del poder espiritual sobre el poder político, por medio de la bula Unam Sanctam; acto ejecutado antes de morir el Papa Bonifacio, avergonzado a causa de las humillaciones recibidas de Nogaret en la ciudad de Anagni donde lo mantuvieran secuestrado por orden del infame monarca. El conflicto se suscitó cuando Felipe, a fin de perjudicar más aún el poder papal, deteriorado ya con la declinación al trono de Pedro del papa Ceferino, apresó, juzgó y condenó a un sacerdote por delitos imaginarios violando la jurisdicción exclusiva pontificia, montándose para ello un espectáculo circense con pretensiones judiciales, testigos falsos y la exposición minuciosa de horrorosas fantasías y estrafalarias mentiras; y poniendo a punto la maquinaria que se utilizaría pocos años después contra el Temple. Pero ¡estaban los templarios!, así que se decidió poner cerco a este único escollo serio y temible que existía en defensa de la libertad de la Iglesia y de la persona del Papa y que era defensor incondicionalmente favorable al Pontificado Romano; para esas fechas, la Gran Orden del Temple, el poderoso ejército de monjes guerreros, estaba asentada definitivamente por toda Europa, tras la caída y retirada de Jersualem, bastión que fueran los últimos en abandonar dejando tras de sí una incontable cantidad de muertos en los combates por asegurar la partida de los reyes cruzados.


Los años, acaso también una vergüenza mal disimulada y de fea causa y, sobre todo, ese trágico compás humanista y modernista de complejos de culpa —nacidos a la par de la pérdida del sentido de su misión sobrenatural— y el trasluz de arrepentimientos públicos tan innecesarios como inoficiosos, formaron en la Iglesia (institucional) una suerte de generalizado desprecio oficial por la que fuera una de sus creaciones espirituales más exitosas y gloriosas y sólo comparable a la Conquista de América: la Caballería —producto del infalible genio apostólico del gran San Bernardo de Claraval— y quintaesencia y compendio de la futuras virtudes militares por todo el mundo. La luminosa inspiración del doctor Meliflúo, convirtendo salteadores y bandoleros trashumantes en caballeros andantes, mutando más su finalidad que su oficio y edificando sobre barro hediondo una catedral espiritual jamás repetida en la Historia, no solamento no ha merecido un justo reconocimiento de la Historia contemporánea, sino que ha sido vilipendiada en la era moderna porque, aburguesada como está, no resulta congenial con las virtudes de la Caballería, ni con el procedimiento del Santo, ni con ... la santidad.


Desertando de su hontanar de principios, la era moderna que se abre con el Renacimiento, se ha visto cargada proporcionalmente de prejuicios y ya no discierne entre verdad y mentira, mito, leyenda o historia y está preparada para digerir acríticamente todo suerte de mentiras y difamaciones, a condición de presentárselas decentemente revestidas. Los templarios fueron acusados de homosexualismo justo al comienzo de una era vergonzosa por el aplauso descomedido y cómplice que, dispendiosa y estúpida, prestó a todos los desvaríos paganos que el cristianismo había arrinconado; de ser fuente de desorden, cuando en los extremos orientales de Europa, era la única garantía de orden; de homicida, cuando su sola presencia era disuasivo a malandras y asesinos. El problema serio no era aquí la Verdad, sino la fidelidad de estos caballeros al Papado y el rey francés lo sabía muy bien, temiendo que —resuelto ya a apoderarse del papado y del papa, y también de la Religión— fuera a tener que enfrentarse, armas en mano, con la poderosa Orden. Optó entonces por llamar toda clase de testigos falsos, estimulados por el soborno o con el terror, que declararon lo que se les ordenó, sin temor alguno a la contradicción ni, penoso es decirlo, a las consecuencias en la Vida Eterna. Los conmilitones del régimen, los logreros de siempre, prestaron su concurso con alegría y decisión, contando con obtener así el beneplácito y favor reales. El Papa, en un intento tan desesperado como inútil y tardío, sujetó entonces la Orden a la Inquisición romana bajo su directa potestad, pensando librar a los reos del tormento casi cotidiano que les infligía el inquisidor real (algo así como un comisario de instrucción) para obtener unas “confesiones” de culpas imaginarias, no obstante la formal condena del tormento como método de instrucción judicial que, desde hacía 10 siglos, había formulado la Iglesia. Como cualquier historiador serio no ignora pero tampoco se anima a declarar, la Inquisición romana era empleada por la Iglesia para librar a los reos de la mano, mucho más pesada y menos imparcial, de los gobiernos civiles, transfiriéndolos a los jueces canónicos que extendían su manto protector y acaso también el proceso, bastante más allá de la vida natural del reo y de los caprichos políticos. Las grandes “víctimas” de la Inquisición, como Galileo Galilei, pueden atestiguar esta verdad que salvó sus vidas de las garras de los políticos; y también, por contradistinción, las centenares de miles de víctimas que asó la Inquisición luterana surgida a mediados del siglo XVI, al socaire de la loca unificación del poder político y religioso. Lo cierto es que el Papa, fuera miope o cobarde o cómplice, fracasó en sus reiterados intentos de retener para la Iglesia y para sí la competencia sobre los Templarios, ya perdidos entre las garras del cruel francés Felipe IV sin ver, o tal vez sin fuerza para impedirlo, que en ello iba enancada su propia (mala) suerte; en realidad, se acobardó ante el rey más de lo necesario, pues estaba visto que Clemente no tenía pasta de mártir ni de héroe, aunque sí tal vez de cómplice, y que el rey no tenía tanto poder como decía. No obstante y a pesar dello, honra la verdad recordar que en agosto de 1308 libró su sentencia de formal y completa absolución que hemos referido más arriba (y que algunos reputan un simple borrador sin valor jurídico alguno ... ¡conservado 700 años como un tesoro!), sin acertar por ello a mejorar la situación del Temple, pero sí, empeorando la suya propia y comprometiendo seriamente su triple corona, ya decididamente sujetas al triste poblado de Avignón, al rey francés y al venidero cisma occidental.


Esta miopía, de paso, ha arrojado la memoria de los monjes soldados a los pies de esos enemigos de Dios y mercachifles de la verdad, negociantes impenitentes del pasado, que son los masones; que como cualquier rastacueros que se precie, buscan apropiarse de una honorable genealogía ajena para alzarse más allá de sus escasas facultades y nulos méritos; e intentando curarse en salud de una irremediable vulgaridad y una más fatal chocarrería. Pero esa es otra historia; interesante, sí, y parte del cruel e injusto olvido en que se ha sepultado a estos pobres caballeros, y dato de relevancia del tremendo abandono irenista en que se ha sumergido la Iglesia por la pérdida de —digámoslo así— su autoconciencia de Cuerpo Místico de Cristo, de ser la evangélica Sal del mundo y no la Reina de la Noche de “La Flauta Mágica”.


Las consecuencias, tal vez imprevisibles en el día, han sido concausa de 100 años de cisma occidental, de prisión papal en Aviñón, de humillación del Cuerpo Místico y de pruebas inenarrables de los fieles ministros del Señor. Un error produce un desgarramiento, el desgarramiento una herida y la herida, la infección y la muerte.

El “asunto templario” se precipitó cuando, buscando el Papa dar un último golpe para salvar a la Orden y a sí mismo, creó una comisión de cardenales que debían oír otra vez las defensas de aquellos caballeros que quisieran exponerlas a nombre de su ilustre corporación, pero sin detener las presiones reales ni sus propios temblores; llegados a París los legados, cansado el rey de las desatenciones pontificias de los últimos años, ordenó asesinar por el fuego a todos sus prisioneros sin esperar el casi seguro veredicto absolutorio, o al menos dilatorio, de los emisarios papales. La leyenda de la intimación lanzada por Jacques de Molay a comparecer ante el juicio de Dios antes del año, proferida en 1313 desde la hoguera, no la afirmamos ni la negamos; pero en ese período de tiempo los tres involucrados, el Papa Clemente V, el Rey Felipe IV y el maligno Nogaret, comparecieron efectivamente ante el Trono divino.

No consta cómo les haya ido a ese trío ante tan definitivo Tribunal de Uno Solo; sí constan los males que se siguieron de tanta felonía, cobardía y abandono y los dolores que la Iglesia tuvo que sufrir por abandonar a los suyos en las garras, sedientas de sangre santa, del gobierno de las naciones.

Ese mismo poder mundano que, temblando de odio y terror ante la cercanía del Justo de Dios, ofreciera Satanás en el Desierto al Ungido a ver si lograba que se postrara y lo adorase. Y aunque allí fracasó para siempre, es de su natura el no poder evitar intentarlo todo el tiempo hasta el fin de los siglos. Y cuentan que, de vez en cuando, le va bien.

Escrito por Ludovico ben Cidehamete

jueves 25 de octubre de 2007

Manipulación informativa.

FOTO: D. Fernando Primo de Rivera, asesinado por los rojos en la cárcel modelo de Madrid.


Como bien saben los agitadores de masas, la alienación del hombre diluye la conciencia individual en una emoción sugestiva en favor de una voluntad artificial que crea lo que se llama opinión pública y a la cual se encadenan la mayoría de los gobernantes y de los gobernados. Bien cierta es la aseveración de que si cada hombre cumpliera con el dictado de su conciencia, el mundo estaría salvado. Pero precisamente, tras esa libertad de conciencia cacareada por la Revolución se esconde la esclavitud peor que vieron los tiempos, la de los respetos humanos, la del qué dirán, la de la cobardía, pero cobardía disfrazada en una vergonzosa "lo que deice la mayoría". Y al fin, la mayoría nunca dice nada, es sólo una minoría la que dice y decide, esa que maquina la voluntad artificial, esa que tan bien conocen los masones y demás sectas del Maligno enemigo.




Dejado en claro esto, vamos a destapar la última manipulación de la opinión pública. No decimos que el hecho exista y que el mismo sea deleznable y condenable, sino cómo y por qué se presenta de una determinada manera. Antes, hagamos un repaso a la situación actual. Por una parte, en Suiza ganan las elecciones unos de los cuales se dice que son "ultraderechistas" racistas y xenófobos. De otra parte, las injerencias del Ejecutivo en la administración de Justicia son cada vez más patentes, y el ministerio fiscal actúa siempre según los designios gubernativos. Asimismo, en la Cañada Real de Madrid se desata una revuelta en la que la policia es obligada a batirse en retirada y a la Justicia a suspender los autos dictaminados con anterioridad. También, se nos hace público de que España es el país con mayor porcentaje de inmigrantes de toda la Unión Europea, el 10% de la población, según datos oficiales y siguiendo los inscritos oficialmente, que extraoficialmente las cifras pueden ser muy superiores. Para más escarnio, ¡larga lista!, los trenes dejan de funcionar en Cataluña, con lo que los ánimos ciudadanos están a flor de piel. Y, por fin, elecciones generales a cinco meses vista.




Esos son los hechos. Con todos esos elementos, un manipulador informativo debe de encontrar una noticia que, haciendo uso de todo lo emocional, pueda dirigir la opinión de la masa hacia un objetivo interesado. ¿Cuál es el objetivo? Pues, sólo los manipuladores lo saben, si bien nosotros estamos obligados a inducir, después de un análisis, cual puede ser.




La Noticia: agresión a una chica. Los elementos que la integran están perfectamente relacionados, pasemos a describirlos.


El agresor: un garrulo español.


La agredida: una joven inmigrante, apenas una niña.


El medio: un tren de cercanías.


Los antecedentes: el fiscal no presenta acusación.


El juicio: sancionado por faltas.


El entorno humano: la impasibilidad de los testigos.


La emoción: golpes violentos, rematados con una patada en la cara.


La imagen: el agresor entrevistado en todas las cadenas y a todas horas.




Después de ver ese video se producen jucios emocionales contradictorios. Ante la carga emocional del tren (aquí esta lo subconsciente, la mala uva impregnada en una imagen fija y constante durante toda la noticia) y la violenta agresión; los sentimientos de venganza se destan, hasta tal manera que se pide la pena de muerte para el agresor ante la complacencia de tal sanción por parte de la opinión pública.




No existen las casualidades informativas. Cada día se comenten infinidad de delitos, muchos de ellos sexuales, contra ciudadanos españoles por parte de bandas organizadas de inmigrantes. De estos hechos, que se dan de pasada en la prensa, existen grabaciones contundentes de las agresiones, ¿por qué no los visualizamos todos? La impasibilidad, el adormecimiento de la gente no es nuevo. Desde los años 80, los atracos a mano armada se han sucedido con épocas de más o menos altibajos, pero se han producido en horas punta y con la aquiesciencia de los testigos que no movían ni un dedo, y muchas veces hasta de la misma policia municipal. En los años 90, por ejemplo, en una conocida población barcelonesa había un drogadicto que se dedicaba a pegar patadas en la cara a las ancianas que estaban sentadas en los bancos. ¿Cuánto tardaron en detenerle? Más de una semana, y eso que todo el pueblo lo conocía. ¿Saben cuántas agresiones fueron relatadas en los periódicos locales? Ninguna. Hay lugares en los cuales los adolescentes son atracados diariamente, pero eso nunca fue noticia. La idiotez de este pueblo español es gráfica, ante las agresiones calla. Ha callado ante las agresiones de ETa, antes las agresiones de las leyes ignominiosas que le quieren quitar su dignidad y su historia, ha callado siempre. No es novedoso de que nadie preste auxilio. Pero eso sí, ahora a rasgarse las vestiduras de "si yo hubiera estado allí". Sí, sí, como si el miedo no existiera, como si el valor que hace sobreponerse al miedo fuera cultivado en esta sociedad democrática. Cuando se cultiva la cobardía, sólo cobardes pueden ser sus frutos. Sometimiento al miedo y al terror, cosas que conocen muy bien los terroristas.




No vamos a entrar en valoraciones obvias, esto sólo ha querido ser un espacio para la razón y la reflexión, no olvidemos que si para vender una marca de chocolate se hacen miles de estudios psicológicos y se orienta la publicidad a la manipulación del deseo emocional de poseer, cuanto más no se hará del que quiere amordazar a todo un pueblo, a toda una Nación. Por eso hemos puesto la foto macabra de lo que significó la II República, porque esa agresión a Dios y a los hombres nos la quieren sustituir por la que jamás existió: la represión franquista. Y si decir esto nos cuesta que nos acusen de exaltación de la Dictadura de Franco, no hace falta, nos autoinculpamos ya.

miércoles 24 de octubre de 2007

La gran farsa


Otra vez, esta vez en la Argentina, asistimos atónitos a la gran farsa electoral y al engaño masivo del sufragio universal, la soberanía popular y la bazofia de los derechos del hombre. Otra vez los buitres del averno sobrevuelan el cadáver de una sociedad sumida en las cadenas del electoralismo; otra vez el esperpento y la sinrazón nos dicen quién está gobernando el mundo.


Hemos encontrado opiniones para todos los gustos, al fin y a la postre, se trata de ver qué candidato es el menos malo, qué candidato es el que hará menos daño, a priori, a la Religión y optar por el mal menor. Siempre el dichoso mal menor. Ese malminorismo, practicado durante una centuria, con la acomodaticia cosmovisión de una Jerarquía de privilegios mundanos. Ya, por octubre del año 1905 se decía en Fe y Razón:


Dígase lo que se quiera sobre la inutilidad de los esfuerzos hechos en las elecciones, repítase una y muchas veces (y nunca se repetirá lo bastante) que las elecciones no son más que una mentira y una farsa de mal género, háblese (que no faltará materia de hablar) de las coacciones, de los fraudes, de los amaños y chanchullos electorales; decimos que, a pesar de todo eso y a pesar de todas las arbitrariedades y de todos los despotismos caciqueriles, mientras haya alguna manera posible de ejercer el derecho, mientras haya un recurso legal y armas que oponer a las armas de los enemigos y medios para descubrir y poner coto a sus abusos y demasías, es menester que no abandonen la lucha electoral los que sienten arder en su pecho la llama de la Religión y del bien público. Porque el no hacerlo así, es lo mismo que entregar el campo a los enemigos, es decir, a los peores enemigos de la Iglesia y de la sociedad”.


Pero esto era en 1905 y se debería haber aprendido de los errores para aplicar las cataplasmas de los remedios, en su lugar se convivió con el enfermo a riesgo de contagiarse, como aí sucedió, de la enfermedad de la muerte política y del orden social cristiano. Bien, se puede aducir, que S.S. Pío XII y la democracia cristiana, no la de ahora por supuesto, fue un intento loable de desbancar al enemigo del campo electoral, pero falló en que se olvidó que esa democracia cristiana era un medio, un instrumento por lo más indigno y faccioso, y se convirtió en el instrumento para el único fin de alcanzar el poder por el poder. Fácilmente, nos enseña la historia, se abandona la vista del fin sobrenatural y se abandona todo en manos del naturalismo, la antropología y la ciencia sin más miras que las temporales. Así, las instituciones de caridad de la Iglesia se convierten en apartos filantrópicos faltos de toda caridad, y las asociaciones de católicos en política se convierten en un partido más. Se olvida que hay que ocupar el terreno para construir. La Reconquista nos muestra como la gran batalla, después del chirrío del acero, se libraba en la repoblación, en la construcción de la ciudad católica. Si se ocupa el terreno, pero se deja en tierra de nadie, en realidad no hay tal ocupación, hay paso al enemigo, que es lo que ocurre ahora en los pocos vestigios que quedan de Cristiandad.


La única opción viable es la facción católica, que debe ser conglomerado de siglas y asociaciones, bajo el único estandarte de la recapitulación del orden político y social en Cristo. Hasta que esto, junto con la malicia del sistema electoral, las democracias liberales, los derechos del hombre, etc., no sea doctrinalmente vuelto a recuperar no hay nada que hacer. No nos engañemos, los diques de contención del malminorismo son instrumentos del propio mal. Nuestros deseos no son esos, pero son así las realidades. El Magisterio secular de la Iglesia debe aplicarse, pero hay que tener en cuenta que han pasado bastantes años y que lo que entonces podría ser un pase, hoy no admite ni una concesión. Es la prudencia política la que debe gobernar esos actos.


Muchos argentinos acudirán a las urnas con el expreso deseo de combatir el mal y apoyarán la candidatura menos indigna, pero cuidado, el abandonar a susuerte a esos miles de ciudadanos después de las elecciones y no trabajar para la construcción de la ciudad católica no es un error, es una claudicación.

martes 23 de octubre de 2007

Condena a la Cristiandad


Título el de hoy muy rimbombante, pero la verdad lo merece. La Cristiandad ha sido condenada, y esto es malo, pero son los propios que se dicen cristianos los que la condenan, y esto no es malo, es peor. Nunca tuvieron más sentido aquellas lapidarias frases de S.S. Pablo VI, el arrepentido, que innovara la nueva acción de la Iglesia: la autodemolición.


En España se ha condenado (oficialmente, queremos decir, levantando la careta para que no queden dudas), con la aprobación de todos los grupos parlamentarios, por medio de una resolución del Congreso de los Diputados en el año 2002, con mayoría absoluta del Pp, la Cristiandad. Porque no se ha condenado una actuación más o menos mala de un gobernante, no, se ha condenado un régimen de gobierno inspirado en los principios cristianos. No es de extrañar que tuviera eco en la masónica institución del parlamento europeo en el año 2006, pero es que el camino se llevaba allanando desde hacía ya bastantes años. Lo lamentable de todo esto es que los propios cristianos hayan participado y participen en su propia aniquilación.


Es indignante ver como personajillos que se autotitulan cristianos denigran y ofenden a sus hermanos que combatieron por la Fe. Es indignante observar cada día, como para justificar la aproximación a la opinión pública, lo primero es decir lo malo que fue Franco. Tenemos, por ejemplo, a Santiago Mata que para hablar del Cardenal Eijo y del Opus Dei, lo primero que suelta son las dificultades con Franco y su pérfido régimen. Quizás olvida, este adversario (curioso que tenga más enemigos una vez muerto que cuando estaba vivo) de Franco, a los supernumerarios del Opus Dei que fueron parte integrante de ese régimen, muchos por trepas, pero también muchos por convicción. Pero el caso es que en su página web, este Santiago Mata, compara a Franco con Hitler y con todos los "dictadores" del mundo haciendo un nuevo perfil psicótico del dictador. Y esto es sólo un ejemplo, pero lo extraemos porque es paradigma de lo que llaman, o mejor cacarean esas gallinas que no saben poner huevos, la nueva evangelización.


Nosotros, este Tercio contrarrevolucionario, que defendemos los principios cristianos de todo régimen político no podemos sino congratularnos con todo régimen que los cumplió, faltaría más. La política es un arte y una ciencia, y por tanto, humana y opinable donde hay soluciones mejores o peores, como hay hombres más simpáticos y más capaces que otros, pero lo fundamental es que donde se inscribe toda la acción polílica sea un marco de doctrina cristiana, es decir, la Soberanía social de Jesucristo. No olvidemos que además el régimen de Franco tuvo que hacer frente al fenómeno democratizador de occidente, y lo hizo con la hoy caricaturizada (por aquellos mismos que tanto la defendieron, como los propagandistas de don Ángel Herrera Oria) democracia orgánica, salvaguardando el orden cristiano al no reconocer jamás la soberanía popular. ¿Cómo no van a condenar ese régimen los enemigos de Cristo? Lo que no nos parece normal es que sea condenado por los que se dicen sus seguidores. Con amigos como estos no nos hacen falta enemigos. Bien es verdad que el mismo Cristo cuando iba a ser entregado por Judas le saludó con un: "a qué vienes, amigo", reflejando en aquel instante a todos los Judas que siguen entregando con un beso a Nuestro Señor.


Muchos se preguntan en dónde están los palios, en dónde los turifarios, en dónde las misas al pie del altar con los mártires de la Patria, pero lo peor de todo es que la infiltración del enemigo no nos hace ver con nitidez. Obras son amores y no buenas razones. Todo aquel que exhala el viento demoledor de la democracia liberal no merece otro título más que traidor. Pero claro, cuando se reconoce los efectos saludables de este régimen demoniaco que es la democracia liberal inorgánica, amparada y gobernada por la soberbia de la soberanía popular, aún cuando se apele a no sabemos que clase de valores, no hay por menos que evidenciar de manera funesta que verdaderamente el "humo de Satanás se ha colado por entre las columnas".


Ante todo este espectáculo, el quedarse impasible, inactivo es convertirse en un colaboracionista del Maligno, tal cual lo decimos, porque tal cual es. No se trata de que gane un partido u otro, de tener más o menos estatuas ecuestres, se trata de ser o no ser, y sólo hay dos maneras de enfrentarse a ello, con honor o con vilipendio. Allá cada cual en su conciencia.

lunes 22 de octubre de 2007

Los estragos del naturalismo.


Todo hombre, de cualquier cultura y religión, o sin religión profesa, es capaz de entender que en el mundo existe un orden natural, es decir, una ley que regula los fenómenos de la naturaleza inerte, vegetativa e irracional. Un orden el cual el hombre ha logrado describir, en una ínfima parte, en leyes físicas que relacionan el efecto, el hecho observado, con la causa de la que es función o con las causas que aun no siéndolo se producen en el mismo instante. Dentro de ese mismo orden natural, el hombre, percibe que hay una ley inscrita en su naturaleza racional la cual le obliga a realizar el bien y evitar el mal, y que además hacer el bien le supone mayor esfuerzo pero en cambio una vez realizado le ofrece mayor satisfacción. Esta ley es la moral que debe regir los actos de los seres racionales, la cual no se impone por una fuerza exterior, porque el hombre es libre (está dotado de razón y voluntad), pero que obliga a su cumplimiento para sentirse bien consigo mismo, es decir, lo que se llama que obliga en conciencia.


Asimismo, la naturaleza del hombre está descrita en una ley de acción social, la historia, que no es más que la relación entre los hombres. La historia es además una fuente de conocimiento racional que permite averiguar el origen, y por tanto el destino, de una sociedad. Es una gran equivocación sostener que el conocimiento, para ser tal, debe ser expresado en lenguaje matemático negando la validez de los sentidos. Las operaciones de conocimiento, recuerdo y voluntad, que el hombre ordena hacia un fin, subordinando a ellas sus potencias sensuales, pertenecen a la naturaleza humana, pero no están relacionadas con el mundo material, son de orden espiritual, sobrenatural, y son específicas de lo que llamamos alma.


El hombre, informado por el alma, tiene una naturaleza religiosa. Del estudio histórico de la Humanidad sabemos que desde siempre, en toda sociedad, hubo un altar y un sacerdote, y esto es porque al igual que la moral, el hombre tiene inscrita está ley en su naturaleza pero que es superior a ella, que es de orden sobrenatural.


Por la razón deducimos que todas estas leyes deben ser ordenadas por un legislador superior, en inteligencia y en tiempo, a la legislación por Él ordenada al que llamamos Dios. Pero, ¿quién este Dios? ¿es el mismo para todo el mundo?¿tiene una enseñanza?¿cuál es esa enseñanza? Es en este punto donde la razón del hombre se queda paralizada, no puede ir más allá, necesita una fuente de enseñanza superior al hombre que le permita saber más, y esa necesidad de conocimiento sobrenatural es la revelación, la enseñanza del mismo Dios al hombre. Es decir, la revelación es racionalmente necesaria.


El naturalismo pretendió unir en base a lo moral renunciando a lo sobrenatural. Así, todo lo moral que es común a los hombres que ordenan correctamente sus potencias anímicas y sensuales se constituía en el nexo de trabajo, paz y concordia humanas. Pero esto es falso, como lo ha demostrado la historia, y el renunciar a lo sobrenatural conlleva renunciar a la doctrina, y renunciando a la doctrina el hombre es débil y cae en las manos de su orgullo y su exclusiva soberanía sobre todo orden.


El estrago del naturalismo tiene hoy dos efectos políticos. El uno el humanismo cristiano como filosofía, el otro la democracia cristiana como facción. Y estos dos efectos tienen una causa común que acalla la conciencia y no es otra que la expuesta en la Declaración Conciliar "Nostra Aetate" que dice:


"Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres. "


Esta declaración naturalista sólo tiene un perjudicado: la doctrina católica. Y unos engañados: los fieles católicos. Es imposible quedarse impasible ante tan lamentable renuncia de nuestros tiempos, es imposible no ver las consecuencias a las que nos ha llevado y nos lleva la adulteración y el callar el nombre de Cristo, que al fin y al cabo, es el nombre de Dios. Amar no significa negar. El que ama mucho a Dios ama mucho a los hombres por ese amor, esa es la caridad. El amor a los hombres, si fuera posible, sin amor de Dios es filantropía. Y el amor a Dios no puede ser sin la Santísima Trinidad, tres personas un solo Dios. Esa es la base de la fe católica, no es Dios impersonal, es la Santísima Trinidad. ¿Por qué, o mejor aún, en nombre de quién se calla la verdad? No puede ser en el nombre de Dios tres veces Santo, no. Sólo puede ser en el nombre de la soberbia del hombre.


No es de extrañar que los católicos pueden apoyar, formar y votar leyes que van contra el orden moral, porque ese orden no se sustenta solo. El cimiento de todo orden es el sobrenatural y la mampostería que lo conforma la Revelación. Se puede exigir a los católicos en la vida pública que sean coherentes con la fe, pero se puede exigir siempre y cuando la doctrina que es el instrumento de combate en la vida pública de esos católicos sea la que es, no la que los respetos humanos han hecho que sea. Vivimos en nuestros tiempos una lamentable incoherencia fruto de una doctirna incoherente, que por lo tanto, no es doctrina, sino filosofía revolucionaria. Mientras la doctrina no vuelva a las cátedras de la Jerarquía nuestro combate sera ineficaz.

viernes 19 de octubre de 2007

Milicia


"Militia est vita hominis super terram" (Jb 7, 1). La vida del hombre en la tierra es milicia. No hay descanso, pues, hasta el momento en que el alma deje de ceñir al cuerpo. No es que quiera hacer hoy una serie de citas bíblicas, sino que con un par de ellas decir que las comodidades y las búsquedas de rutinas obran en contra de nosotros y del tiempo que tenemos concedido para hollar los lodos de la tierra, que toda comodidad de espíritu es destruir nuestra naturaleza humana, unidad sustancial de materia y espíritu. El que lo crea bien, el que no peor para él, lamentablemente para el hombre las cosas no son como deseamos o pensamos que son, sino como son en realidad. Entre la descendencia de Eva y Satanás hay una enemistad perpetua hasta el fin de los siglos: "Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su talón." (Gen 3, 15). Maria, la Madre del nuevo Adán, nuevo linaje del hombre redimido, es quién pisará la cabeza de ese reptil que es el demonio. Es inútil pensar que un día se llegará a un pacto entre linajes para alcanzar la paz y la concordia, la batalla es hasta el final de los tiempos y el que piense lo contrario se engaña. Por eso la vida es lucha, es combate, es milicia; y por eso también, la posesión intelectual del demonio en el mundo moderno propala el pacifismo y el diálogo cobarde y artero a fin de mantener en el hombre un statu quo que es mentira, pues, como bien se demuestra en la ciencia los estados estacionarios no existen en la naturaleza física, todo lo que no avanza se retrae. Es decir, todo armisticio con Satanás y su linaje (liberalismo, marxismo, masonería) es una batalla perdida.

Cuando uno elige un bando debe saber dónde está y por quién lucha y para qué lucha. No se puede, a menos de ser un infiltrado --que de estos hay demasiados--, renegar de los principios que sustentan la doctrina y pretender estar haciendo un buena obra, un buen servicio. No se puede, como tantas veces hacen los "profetas de castillos en el aire", defender a la vez una cosa y su contraria. No se puede estar del lado de Cristo y servir a todos los instrumentos que reniegan de Él. Esto es de locos, sino de imbéciles o necios. No, no se puede defender a Cristo y a Su Iglesia y estar a favor o FAVORECER (estando en contra que tiene guasa la cosa, pero sucede) todo lo que contracdice no sólo la fe, sino la moral. Claro, que si al hombre se le quita su componente moral ya no queda hombre, queda el bruto irracional, pero abundando sobre lo dicho al principio, existe la moral católica, esa moral es la que debe de aplicar el hombre, y si no lo hace se destruye. La moral es el libro de intrucciones d ela naturaleza humana. Uno puede enchufar un aparato a 125 V, pero como sea de 220 V lo que ocurre es que el aparto se funde, pues, eso mismo ocurre con nuestra naturaleza, cunado la contraríamos, contrariando la moral, la fundimos. ¿Que no nos damos cuenta? Pues, sí, pero el no darse cuenta tampoco significa que no ocurra. Como el que contempla pasmado un cuadro, que el mirarlo no le hace apercibir el sentimiento que expresa el autor, pero que si no lo capta, jamás captará el cuadro, pues, así y no de otra manera se contempla el arte, con sentimiento.

Entre los aspavientos y los desaires que nos producen el espectáculo esperpéntico de hombres comportándose como reptiles, también dejamos huecos a la compresión y al recogimiento, pero por favor, no nos tomen por idiotas.

jueves 18 de octubre de 2007

O jugamos todos...


...o rompemos la baraja. La frase en boca de S.S. Pío XII, y de la que El Tercio hace lema en su página web, dice así:


"Desertor y traidor, quien preste su colaboración material, sus servicios, sus talentos, su ayuda, su voto político a los partidos y a los poderes que niegan a Dios."
(S.S. Pío XII, 8 de diciembre de 1947)


Así, pues, a continuación y para poner a cada cual en su sitio, dejamos la lista de todas aquellas instituicones (en negrita) y personas que han colaborado en una guía de la Comunidad de Madrid de apología del aborto y del divorcio, a los cuales se les puede denominar desertores y traidores.


Instituciones que han participado en la elaboración de la Guía


• Dirección General de Familia de la Comunidad de Madrid.
• Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid COP.


Universidad Pontificia Comillas UPCO.
Autor: José Carlos Bermejo Higuera.
Director del Centro: “Humanización de la Salud”
Doctor en Teología Pastoral Sanitaria por el Camillianum -Roma-
Máster en Bioética por la Universidad Pontificia Comillas
Máster en Counselling y Postgrado en gestión de residencias y servicios para las personas mayores, Universidad Ramon Llull (Barcelona).


• Facultad de Ciencias Humanas y Sociales UPCO.
• Universidad Complutense de Madrid.


Universidad San Pablo CEU.
Autor: Departamento de Psicología de la Universidad San Pablo-CEU.
Dirigido por el Prof. Dr. Aquilino Polaino-Lorente (3 artículos).
Catedrático de Psicopatología.
Autor: Mª. Pilar Egea Romero.
Doctora en Psicología. Diplomada en Psicología Industrial.
Profesora de la Universidad San Pablo CEU.


ICAI-ICADE.
Autor: Ana Berástegui Pedro-Viejo.
Licenciada en Psicología y Diplomada de Estudios Avanzados en Psicología Evolutiva y de la Educación por la Universidad Pontificia Comillas. Actualmente realiza sus tareas como investigadora del Instituto Universitario de la Familia en la misma universidad, centrándose en la adaptación psicológica, familiar, racial y cultural en adopción internacional.

Autor: Isabel Espinar Fellmann.
Psicóloga. Psicoterapeuta. Doctorada en la Universidad Pontificia Comillas (beca F.P.I). Miembro de la Unidad de Psicología Clínica de la Universidad Pontificia Comillas.
Autor: Javier Martín Holgado.
Psicólogo. Vicedecano de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales e la Universidad Pontificia Comillas. rofesor de Psicología del Desarrollo, Psicología Clínica Infantil y Juvenil Ética Profesional en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la niversidad Pontificia Comillas. rofesor de Desarrollo del Individuo y la Familia en el Instituto Universitario e la Familia (Universidad Pontificia Comillas). "La homosexualidad no es una enfermedad, algo que deba “curarse”.
Autor: Carlos Ballesteros García.
Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia Comillas ICADE; Master en Economía Social y Dirección de Entidades sin ánimo de Lucro por la Universidad de Barcelona en colaboración con el Mº. Trabajo y Asuntos Sociales-CIRES. Profesor Propio de la Facultad de CC. EE: y EE. de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Coordinador del Grupo de Investigación El consumidor y su entorno.
Autor: Gabriel Dávalos Picazo.
Licenciado en Filosofía, Licenciado en Psicología. Master en Asesoramiento Familiar. Master en Terapia Familiar y de Pareja. Profesor e investigador del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas, Madrid. Terapeuta familiar en el Centro de Atención a la Familia de las Escuelas Profesionales Padre Piquer, Madrid.
Autor: Vicente Hernández Franco.
Doctor en Pedagogía. Profesor del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia Comillas. Ha dirigido durante siete años la Escuela de Padres en el Centro de Formación Padre Piquer.

Autor: María Prieto Ursúa.
Doctora en Filosofía y Letras (Psicología). Tesis doctoral sobre la adicción al juego. Profesora del Dpto. de Psicología de la Universidad P. Comillas. Coordinadora del Equipo de Terapia de Conducta de la Unidad de Psicología Clínica y de la Salud de la Upco. Revisora y miembro del International Advisory Board de la revista Journal of Gambling Issues de Canadá. Autora de varias publicaciones nacionales e internacionales sobre el tema de la adicción al juego.
Autor: Belén Charro Baena.
Doctora en Psicología. Profesora Propia Adjunta de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia Comillas. Autora de diversos artículos y libros sobre drogodependencias.
Autor: Pilar del Río Cobián.
Psicóloga. Psicoterapeuta. Miembro de la Unidad de Psicología Clínica de la Universidad Pontificia Comillas.
Autor: Virginia Cagigal de Gregorio.
Licenciada en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas. Profesora Colaboradora de la Universidad Pontificia Comillas. Terapeuta Familiar y miembro del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas y coordinadora del Centro de Atención a la familia del Centro de Formación de las Escuelas de Padre Piquer.
Autor: Mª. Angustias Roldán Franco.
Doctora en Psicología por la Universidad Pontificia Comillas. Profesora de Psicología de la Personalidad y Psicopatología Laboral en la Universidad Pontificia Comillas. Psicoterapeuta de Adolescentes.


• Instituto Universitario Cardenal Cisneros.
• Instituto Universitario de la Familia UPCO.
• Unidad de Psicología Clínica y de la Salud. UPCO.
• Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.
• Clínica Medico-Forense de Madrid. (Juzgados de Madrid).
• Hospital Universitario “La Paz” de Madrid.
• Centro de Atención a la Familia del Centro de Formación de las Escuelas de Padre Piquer.
• Centro de Estudios Financieros de Madrid. CEF.
• Centro de Humanización de la Salud.


Master/especialista de Terapia Familiar y de Pareja del Instituto de Postgrado y Formación Continua ICADE.
Autor: Teodoro Herranz Castillo.
Psicólogo. Profesor de Psicología de la Personalidad Universidad Pontificia Comillas. Profesor de Terapia de Familia en el Master de Terapia de Familia y Pareja de la UPC. Psicoterapeuta.
Presidente de la Asociación Española de Psicodrama 1998-2000.

Autor: Alicia Moreno Fernández.
Doctora en Psicología. Especialista en Terapia Familiar por la Universidad de Seton Hall (New Jersey, USA) y el Kantor Family Institute (Boston, USA) Directora del Master/ Especialista en Terapia Familiar y de Pareja del Instituto de Postgrado y Formación Continua, en la Universidad Pontificia Comillas. Psicoterapeuta individual, de pareja y familia.


• Consultorio de Psicología Médica Psicomed.
• Acción Psicológica.

Responsable política inmediata:
Beatriz Elorriaga Pisarik
Consejera de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid


Responsable político superior:

Esperanza Aguirre López Biezma


Partido político responsable:

Partido Popular


Responsable moral de las instituciones relacionadas con la Iglesia:

Cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco Varela.

Indignos


No debe haber peor calificativo que ese, indigno; ni peor actitud que esta: indignidad. El pueblo español, ese que cada cuatro años arregla las goteras de sus conciencias con el acto vandálico de ir a votar, es un pueblo indigno. Sí, vandálico decimos eso del sufragio inorgánico y, por tanto, universal, pues, como ya dijo en su día José Antonio Primo de Rivera: "Que no se rompieran las urnas, cuando el ser rota es el más noble destino de toda urna." Precisamente, lo digno es romper la urna, lo vandálico ir a depositar el voto y pretender con ese gesto haber cambiado la sociedad hacia su rumbo correcto.


¿Pero qué es la dignidad? ¿Es una cualidad de la naturaleza humana, un accidente de su esencia, o su esencia misma? La dignidad no es más que un sentimiento que hace al hombre, en un momento apurado, enfrentar una situación difícil y salir airoso gracias a recordar su origen y su destino. Su contrapartida sería el orgullo, es decir, el vicio por el cual se sobrepone el hombre por creer tener méritos que nadie más que él tiene. Por lo tanto, la dignidad es parte del entendimiento humano, la parte sensual, que debe ser orientada por la razón y por la voluntad hacia la virtud de cada acto. Así, un soldado que deba acometer al enemigo a la bayoneta calada puede hacerlo, bien por su valor, bien porque al ver a sus camaradas que irrumpen sin vacilación, le asalte el sentimiento de vergüenza imaginando que si él quedara con vida por haberse arrugado ante el asalto, no podría soportar las miradas de reproche por el resto de sus días, y ante eso, le venga al corazón el impulso de su dignidad, de quién es y adónde va, y ante eso decida seguir al resto de sus compañeros. Este acto será heroico, al igual que el que acometió con valor sin pensar siquiera en su diginidad. En cambio, si ese mismo soldado, ante la guasa de uno de su compañeros, le sobreviniera el impulso de dignidad (ese mismo que le dice quién es y adónde va), y agarrando la pistola le descargara dos tiros y matara al compañero, no se comportaría ya como un héroe, sino como un homicida, porque la dignidad fue mutada por el orgullo.


Ante los asaltos a la naturaleza, a la persona, a la historia, a la religión, que se suceden todos los días, los españoles no muestran más que orgullo e indignidad. Orgullo de ser idiotas, indignidad porque lo que les debiera servir como acicate de ser la generación más ruinosa de su historia, se torna en pusilanimidad. Una arrogante cobardía sacude a nuestra España. Eso sí, muy democrática, pero cobardía; muy ecuménica, pero cobardía; muy correcta, pero cobardía; muy prudente, pero cobardía. Cobardía en sus pueblos, cobardía en sus ciudades; cobardía en sus políticos, cobardía en sus prelados; cobardía en sus militares, cobardía en sus reyes; cobardía en los hijos, cobardía en los padres; cobardía en los colegios, cobardía en los hogares; cobardía en las asambleas, cobardía en las iglesias; cobardía, cobardía, cobardía. Una ola de indignidad sacude a España.


El Pp, partido de traidores y para traidores (traidores todos: militantes, simpatizantes y votantes estables o esporádicos), ha sacado una guía, sí, otra más, una de tantas a las que desgraciadamente nos tiene acostumbrado el esperpéntico partido en el que ponen sus esperanzas, nunca mejor dicho, los "honrados" y "católicos" españolitos, cuyo resumen es el siguiente:


"La Guía "La familia ante momentos difíciles", editada por la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid y repartida en los Ayuntamientos, ofrece una concepción peculiar del aborto. El documento ofrece el aborto como "salida" a la situación problemática que presenta el embarazo de una hija adolescente. En la legislatura anterior, la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid editó una guía en la que se tratan como atajar diversos problemas que se pueden presentar en las familias. En ese momento, la Consejera de Familia era Beatriz Elorriaga, actualmente Consejera de Medio Ambiente. La actual Consejera de Familia, Gádor Ongil, ha heredado la Guía, que sigue disponible en la Web de su Consejería y que sigue repartiéndose a través de los Servicios Sociales de los Ayuntamientos de la Comunidad.


Propone la guía como una salida a la "detección e intervención precoz en el embarazo" el eufemismo de "intervención voluntaria del embarazo" ( i.e. aborto).


Sobre la separación de los padres, la guía argumenta: "Las conductas que los menores puedan presentar ante esta, no son debidas a la separación en sí misma, sino a toda la situación de conflicto y tensión antes, durante y después de la separación y a la forma en que sus padres la lleven a cabo". Y más tarde: "La separación y el divorcio no son perjudiciales en sí mismos para los hijos".


Indignidad es lo que hay en España. Además, por si eso fuera poco, los canallas del Pp ha apoyado a la Ley de memoria histórica en dos puntos:


1.- Despolitización de El Valle de los Caídos.

2.- Aumento de prestaciones a la víctimas de la "dictadura franquista".


A lo que hay que añadir, recordemos, la condena que en el año 2002, siendo presidente del gobierno José María Aznar con mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y las Diputadas, promulgó el parlamento contra el régimen y el gobierno del General Franco. Más indignidad, todo un cúmulo de indignidades y de indignos. Seguimos prefiriendo a los revolucionarios rojos que a los revolucionarios blancos. ¡Dónde va a parar! Es mejor luchar contra un enemigo uniformado que contra un enemigo camuflado, que eso y no otra cosa es el Pp.


No hay vergüenza, seguimos repitiendo hasta la saciedad, no la hay. Y luego vendrá el fantoche de Marianico Rajoy, el sopas, a decir no sé qué narices de los símbolos, de las banderas, y miles y miles de indignos, aplaudiendo como magnetizados al igual que las juventudes hitlerianas en Nüremberg. Pues, no, Marianico, no. La Bandera de España es la más gloriosa, porque está teñida con la sangre de sus muertos y envejecida con el polvo de sus tumbas. Y eso, eso es dignidad, el morir por Dios y por España, y no ponerse al culo la bandera dando el espectáculo más bochornoso de esnobismo e indignidad que se puede ofrecer. Sois indignos.


Hay una brecha para la lucha y hay una posición que mantener, a los que aún les quede dignidad: ¡Al Tercio! Los demás: ¡a la mierda!

miércoles 17 de octubre de 2007

Para despistados.


Y para todos aquellos que piensan que el descanso, de cuerpo y espíritu, es privativo de esta vida terrenal, y por ello, y a todo trance, conforman la verdad de sus principios al pacto ignominioso de la convivencia y la concordia. Bellas palabras que no significan nada, por mucho que cada uno le dé el significado que más se le acomode a su pusilanimidad o pereza mental.


No nos sorprende que en algunos medios (El Manifiesto, v.g., diario digital http://www.elmanifiesto.com/) se sorprendan y traigan a colación noticias como esta:


"Fue en 1956. El Partido Comunista de España emitía un largo documento en el que daba por superada la guerra civil, anunciaba acuerdos con fuerzas de la derecha (democristianos, monárquicos, etc.) y apostaba por la reconciliación nacional en un régimen democrático. Decían los comunistas que ya habían expirado las circunstancias que dividieron España en dos bandos y que nada bueno puede nacer del rencor. Hoy, setenta años después de la guerra, medio siglo después de aquel documento del PCE, la izquierda española da marcha atrás. A continuación ofrecemos las primeras páginas de aquella histórica declaración comunista."


¡Pero qué equivocados! La llamada izquierda, que no es más que la fuerza progresista de la Revolución (la llamada derecha es la fuerza conservadora revolucionaria --demonocristianos, monárquicos francmasones, etc.)-- que por supuesto no da ahora marcha atrás, el paso atrás lo dio en el 1978 (¡tan buenos y reconciliadores que parecían ellos!, revolucionarios ellos que nunca han roto un plato...), sino que ahora da los dos pasos adelante, una vez ha tomado la posición de la demonocracia (llamada democracia por los estúpidos), única vía accesible, en los países llamados desarrollados, para la devastación del hombre.


Vamos a ver. En 1978 se redactó la segunda Constitución española atea, la primera fue en 1931 con la II (Rip)ública, también mal llamada república. Pero esto no era más que confirmar la posición que se buscó en 1812, cuando los traidores de las Cortes de Cádiz promulgaban una Constitución contraria a la sangre de los muertos del Alzamien