
Hoy estamos por las analogías, ya sabemos que se acerca el fin de semana y se nos va a pasar el cabreo que nos ha metido desde el lunes la prensa, roja o naranja (que más que mezcla del rojo y el amarillo este color es un rojo diluido, pero rojo al fin y al cabo). Es decir, lo que nos han contando los panfletos de "El País" y "La Razón"; el "ABC" se ha quedado que ni la propia editorial sabe donde está, así que unas veces apoya a unos y otras a otros, es el indiferente, lo mejor para entibiar todavía más al lector. Dicotomía PSOE-PP.
Empezamos: España es un avión (esta es la analogía) en rumbo a ninguna parte. La tripulación la componen los propios miembros del pasaje, unas veces les toca a unos hacer de Comandante y copiloto y otros miembros de cabina; y otras veces otros hacen lo propio. Esto se hace cada cuatro años. En aviación cuando el aparato está en situación estable se dice que está en vuelo recto y nivelado, y es así como transcurre el viaje, excepto en las operaciones de despegue y aterrizaje y "slot" (espera para despegue/aterrizaje). Nuestro vuelo dura mucho, y la altitud también, pero lo importante es que ni el Comandante ni el resto de la tripulación saben pilotar. Y esto no es malo, no mucho porque hay altura abajo (cosa importante), lo peor es que se va contra el procedimiento de navegación del aparato. El avión tiene unos procedimientos marcados por el fabricante que son de obligado cumplimiento, en nuestro caso, el avión es España, el fabricante es Dios y los procedimientos son la ley divina.
Desde que el pasaje se va erigiendo en tripulación el vuelo nunca ha sido recto y nivelado, sino en tirabuzones, barrenas y rizos, que si bien son emocionantes en un avión deportivo o de combate, en este caso, Boeing 747, hacen echar los higadillos, y claro, el avión se pone perdido de desechos orgánicos. Lo emocionante es ver como el pasaje, cada cuatro años (a veces menos), se desvive por elegir a los peores elementos para gobernar el avión, porque lo importante es no saber pilotar y estar en la carlinga porque allí, aun siendo parte del avión, se vive mejor. Se echan higadillos de más calidad y regados con güisqui, como poco, y uno se da la vidorra padre. Así, unos se dice a otros los malos que son en las tareas, y el pasaje embobado escucha sin prestar atención que lo primero que hay que hacer es saber pilotar. Siguen eligiendo: ¡y este año, el Comandante será el bufón PSOE! o ¡y este año, el Comandante será el bufón PP!. Y palmas, plas, plas, plas. ¡Qué vergüenza! pero eso no es todo, no, todavía es peor, sí, ya saben, la "ley" de un tal Murphy (no piensen en la marca de la cerveza, es algo más). Todo, por muy mal que esté, es susceptible de empeorar. Así, detrás, en la cola del avión, pegaditos al retrete, subsisten unos grupos de pasajeros que se aferran a la cola del avión, como queriendo ir hacia atrás en el tiempo, y hacen lo mismo que los otros pasajeros, pero (y sí, esto es peor) imaginando que la proa está en la popa y viceversa. Esos son los que, aprovechando el dicsurso de salvar el avión, lo hacen con los mismos elementos, es decir, sin saber pilotar. ¿Y tienen nombre esos? Sí, lo tienen, los que dicen situarse a la derecha (a estribor) del grupo de Comandantes del PP. Nada.
Toda esta situación es larga, pero no es perpetua ni eterna. Se ha perdido mucha, muchísima altura y las personas no es que parezcan hormigas, es que se ven ya las hormigas. Vale.
¿Pero tan dídifil es saber pilotar? Qué va. Sólo se requiere ser honesto, saberse los procedimientos y hacer caso del fabricante, lo difícil es hacerse con la carlinga y coger los "cuernos" (dícese del volante del avión) para tirar fuerte hacia arriba, recuperar altura, ir tomando rumbo hasta situarse en vuelo recto y nivelado para llegar al destino (prefijado en el plan de vuelo que, vaya hombre, ha sido definido ya también por el fabricante, un chollo vamos). Necesitamos al pasaje, porque al fin y al cabo, este avión es muy peculiar, y existe por y para el pasaje, un instrumento, pero valioso. Hay, en cambio, otros instrumentos -no valiosos- pero útiles y que son aquellos que hacen despertar al pasajero de su sueño embaucador, para hacerle ver la realidad, de que la situación de caída en picado no es la normal --no hay que perder de vista que hay pasajeros que han nacido con esa -G (carga gravitatoria debida a la caída)-- y que lo normal es una cosa que no ha conocido nunca, ni ha experimentado, pero que existe y puede alcanzarla y con ella su felicidad es plena. Si ahora es feliz y esto está fatal, que imagine y sueñe cuanto quiera como será la plena felicidad, no será capaz de hacerse ni un atisbo de su gozo y eso es lo que debemos transmitir los que nos hemos puesto en la labor de ir a por los "cuernos" (siguen siendo los del volante del avión).
De ti depende ahora, o te decides a tomar la carlinga, o te estrellas con tu responsabilidad por elegir ineptos para el mando del avión. Tú decides. Sigue planteando la disputa entre PP y PSOE, estarás perdido y habrás perdido a muchos contigo.