viernes 30 de marzo de 2007

Duéleme, Señor


Et enim non pacifice loquebantur et contra mansuetos terrae dolos cogitabant.
Ellos hablan de paz y traman el daño contra los mansos de la tierra. Ellos roban nuestras palabras, las prostituyen con sentencias vanas, se las arrojan a los cerdos; y el hombre cae preso en la jaula del sofisma preso de su propia soberbia, pero sólo tú Señor, sólo tú tienes palabras de vida eterna, porque todo lo has purificado con la efusión de tu sangre generosa.
No busco el premio o el castigo de mi acción a los ojos del mundo, sólo quiero, oh, Señor, subirme contigo al madero, estar contigo en la Cruz, pedirle subir a tu Madre, que Ella me diga: adelante.
Pero me queda tanto, Señor; me cuesta tanto, Señor, que ante la mirada de la astilla que rebota en la cara, en la primera refriega de prueba, la que es brisa pasajera, salgo corriendo, Señor; tengo miedo, me escondo, me refugio en los lugares de pecado, no se ir a Ti, no se humillarme escondiendo mi rostro, no se esconderme debajo del manto de Santa María, Dolorosa, no sé pedirle que me lleve, esposado en la cinta de su manto, para comparecer ante Ti y llorar amargamente, porque mi lengua ya no puede ensalzar, se ha podrido tanto, que ni siquiera puedo besar, Señor, Señor: misericordia...misericordia.
Misericordia, Señor mío Jesucristo, que os ofendéis por la culpa y os aplacáis con la penitencia: oid benigno las súplicas con que imploramos vuestro perdón y misericordia. No nos castiguéis por nuestros innumerables pecados, sino perdonadnos por vuestra infinita misericordia, y dadnos la gracia de la perseverancia y la victoria sobre el mal a fin de salvar a nuestra Patria y
devolverla a la unidad de sus tierras, de sus gentes y de la Fe. Os rogamos Señor, por los que no os ruegan; os bendecimos por los que os maldicen; os adoramos por los que os ultrajan, y por nosotros os pedimos perdón y misericordia.

Por nuestros pecados, por los de nuestro conyuge, por los de nuestros hijos, por los de nuestros padres y hermanos, por los de nuestros amigos y enemigos, por los del mundo entero:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por nuestra soberbia, por nuestros odios y rencores, por nuestros desprecios a la pobreza, por nuestros abusos de los débiles:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por nuestras avaricias, por las usuras e injusticias, por los fraudes y robos, por el lujo y profusión de los gastos:

-Misericordia , Señor, misericordia.

Por las deshonestidades, por las conversaciones impuras, por las infidelidades de los esposos, por el libertinaje de los jóvenes:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por los escándalos en los teatros, por las representaciones blasfemas y obscenas de los cines y espectáculos:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por la provocación de la prensa y los relatos que te desprecian, Señor:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por la mala educación de los padres, por la desobediencia e indocilidad de los hijos, por la insubordinación de los súbditos, por los abusos de los gobernantes, por los malos educadores que se esconden detrás de todas las escuelas y en particular de las que ostentan tu santo nombre:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por la cobardía y debilidad de los tibios, por las hipocresías y respetos humanos, por el atrevimiento y procacidad de los impíos, por la apostasía de los gobiernos y naciones, por el abandono de la denuncia de la verdad de los que dicen servirte, por los que te esperan en una urna y confían tu venida por sufragio, por los que no se abandonan a tus santas y venerables manos y prefieren la razón de la posibilidad, por los clérigos que se hacen laicos y por los laicos que se hacen clérigos y ninguno quiere hacerse santo:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por la libertad de cultos, por las insolencias de los medios de comunicación de masas, por la libertad de conciencia y por todas las libertades contrarias a Vuestras Leyes:
-Misericordia, Señor, misericordia.

Por las blasfemias propagadas en las calles, en los periódicos, en las cátedras, en los libros, en internet:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por la profanación de los días festivos, por la irreverencia en los templos, por el robo de las iglesias y sagrarios, por los insultos a las santas imágenes:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por las maquinaciones de la masonería, por los crímenes del aborto y del terrorismo, por la destrucción del orden natural establecido por Ti, por los ataques a las familias legítimas, por la persecución de la recta doctrina y educación, por el desenfreno y maldades del liberalismo y sus terribles hijos: el comunismo, el socialismo, el nacionalismo; por las incoherencias y desvergüenzas de la democracia y el humanismo que osan calificarse de cristianos y mancillan Tu santo y adorado nombre, por los que obran, inducen o callan la iniquidad:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por el despojo e insultos al Papa, por la persecución a los Obispos, por la opresión a las Órdenes religiosas, por los insultos al sacerdocio:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por el desprecio de Jesucristo, por la negación de su divinidad, por el menosprecio de sus sacramentos, por la persecución de su Iglesia militante en el mundo:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Por los malos sacerdotes, por los malos jueces, por los malos soldados, por los malos gobernantes:

-Misericordia, Señor, misericordia.
Por los que compadrean con la herejía y vituperan a vuestra amante Madre, y nuestra, la Bienaventurada Inmaculada Virgen María:

-Misericordia, Señor, misericordia.

Madre Dolorosa, escuchadnos, acogednos benigna en vuestro regazo e interceded en este ruego:
No os acordéis, Señor de nuestros delitos. Ni toméis venganza de nuestros pecados. ¡Oh Dios, de quien es propio compadecerse siempre y perdonar! Escuchad nuestra oración de católicos militantes para que vuestra misericordia nos absuelva completamente a nosotros y a todos cuantos están encadenados al pecado, no nos prives Señor de tu gracia y asistidnos en la batalla para salvar a España y devolvértela a tu santo servicio apartando de nuestros oídos, boca y corazón todo respeto humano. Lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

jueves 29 de marzo de 2007

Ya, pero ¿qué es la política?(II)



Nos sugieren nuestros amables lectores, amigos y enemigos -a ambos agradecidos-, que nos hemos quedado muy parcos en el artículo anterior. Es cierto, si bien la materia da para mucho, el entendimiento y la extensión articular no da sino para ampliar con esos centinelas romanos que son las sucesiones de números naturales.

Desde Santo Tomás, último filósofo cristiano, hasta Hegel, último filósofo pagano, parece que el conocimiento de las cosas, de lo que son, la verdad al fin y al cabo, ha dejado de ser una cuestión primordial para la filosofía; por eso no hay filósofos. Cuando al hombre se le desposee de razón, ¿qué queda de él? Y hoy, el hombre es irracional por propia voluntad, que no por naturaleza, y nada más en contra de la recta razón que ser contranatural. Hay personas que dicen ser descendientes del simio, bien, la paradoja evolucionista demuestra que forzar la hipótesis para mantener la conclusión no es más que ser voluntariamente aquello que se piensa ser; pudiendo decir que el hombre no desciende del simio, sino que hay hombres que se descienden al simio.

La política, antes de la Revolución Francesa y el atrofiado, inmoral y demente, Rousseau fue preguntar a la razón por las cosas que existían por sí y no eran evidentes al entendimiento. Así, la belleza, la verdad y la justicia, fueron ansías de conquista y nuevos caminos de aventura, a la cual, los hijos del tiempo en que vivían, trataban de responder y corresponder. Pero, y he aquí la figura geométrica de la imagen, ¿existen cosas por sí mismas que no son evidentes al entendimiento humano por medio de los sentidos? Pues sí, existen y, por tanto, si existen y el hombre no las alcanza es que su existencia no es fruto de una imaginación subjetiva, sino una existencia externa del hombre. Fermat, matemático francés delsiglo XVII, dijo que un cuadrado se podía descomponer en la suma de otros dos (z2=x2+y2), o una recta en la suma de otras dos (z=x+y), pero un cubo, o potencia mayor, no es suma de otros dos (z3 no es = x3+y3). Este buen hombre dijo esto en una anotación del libro que hizo él mismo sobre la aritmética de Diofanto de Alejandría, geómetra griego del 150 a. C.; y además, que como lo ponía en el margen y éste era angosto no explicaba la demostración, pero que así era. La demostración de este enunciado, formalmente, tuvo lugar 300 años después, y no por métodos analíticos, sino utilizando un isomorfismo geométrico. Este caso, denominado durante muchos años como proposición "agnóstica" matemática, tenía solución, y la tenía antes de ser enunciado, y en el momento de ser enunciado el problema. Si bien la demostracción racional llegó tres siglos después, su resolución, la verdad, existía aun cuando no fuera evidente para la razón humana de todos estos años. Si la búsqueda racional de la solución huiera dejado paso al sentimiento subjetivo de las conciencias en sufragio, hoy podríamos decir que 2+2=5 y tan contentos, porque al fin y al cabo, a mí me gusta más que sean 5 que el que sean 4, y como lo que importa es mi gusto, mi apetencia, mi sensibilidad, la razón no tiene sentido, es un estorbo, el último estorbo después de quitar la Fe.

Es la política el arte racional de buscar la belleza, la verdad, la justicia, para ponerlas al servicio del bien común, al servicio de la Humanidad. Por tanto, no es lícito, porque no es legítimo, decir que si un día los españoles quieren que España se deshaga, ésta deberá hacerlo. Y no es lícito, ni legítimo, porque primero va contra la razón, contra el conocimiento de la causa existencial de España; y porque segundo es negar a la Historia ser efecto de la Providencia. España es una verdad, una categoría de razón que existe por sí misma, pero al contario del teorema de Fermat, hace más de 300 años que se ha demostrado, y ahora se pretende negar toda evidencia, y si esto es, en cierta medida, entendible (como arma de debilitamiento moral) para aquellos que la combaten, en ningún modo es aceptable para aquellos que dicen servirla. Negar a Dios es negar Su obra, es negar toda categoría de razón, es negar la justicia, es negar la belleza, es negar la verdad, es negar al hombre, es negar a la Iglesia y es negar a España. La política es el servicio, no nacido de la negación evidente ni racional, sino barruntado difícilmente en la búsqueda incesante de los efectos de Dios, para reflejarlos en el ordenamiento jurídico y social de la convivencia humana en libertad.

miércoles 28 de marzo de 2007

¿Qué es la política?



Si la política es la lucha por el poder, por el gobierno de un estado para someterlo a una visión ideológica, o la concepción de lo opinable desde la perspectiva de la voluntad del sufragio mayoritario; es que en algo estamos degradando el lenguaje. Y lo degradamos sin paliativos, aun recibiendo la mayor parte de bofetadas desde concepto miope de la política. Preocupados en levantar muros de piedra reivindicativos de lo laico y de lo libre, que están bien -porque así lo dice quien tiene autoridad para decirlo-, en cambio en la cuestión política se agazapa la tremenda injusticia del sentido lato.





Si, recuperando al insigne doctor, o por lo menos así lo fue durante siete siglos, santo Tomás decimos que: "Si igitur principalior scientia est quae et nobiliori et perfectiori, necesse est politicam inter ommes scientias practicas esse principaliorem et architectonicam omnium aliarum, utpote considerans ultimum et perfectum bonum in rebus humanis". (Santo Tomás, Polit. I.Proemium), entonces nos damos cuenta de que "se puede considerar el útlimo y perfecto bien de las cosas del hombre", del gobierno temporal.





Algunos dicen: "Yo no creo en la política"; otros dicen: "no hay solución"; pero claro, retomando la doctrina social habrá pocos que crean en la guerra justa una vez que ésta ha comenzado; también habrá otros que no crean en la pena de muerte, cuando ésta se ejecuta; y es que no es cuestión de creencias, sino de eficacias. Nosotros no creemos, por ejemplo, en la eficacia de las armas de fuego y en la conspiración, pero desde luego que el momento de plantearse la creencia no vendrá cuando todos las cogen o cuando se está inmerso en las horas conspirativas.





Y viene todo esto a cuento porque las armas de que disponemos hoy, creamos en ellas o no, de manera eficaz es la articulación del poder temporal conforme a la recta razón y la ley natural, y toda legislación subordinada al orden moral. Creemos en lo lejano y grandilocuente, porque sabemos, no conscientemente en muchos casos, que en lo cercano y ordinario salimos siempre derrotados, como el perro con el rabo entre las piernas, y si así pasa en lo poco, ¿qué no pasará en lo mucho? La perspectiva nos esconde en el amargo quehacer de lo intrascendente, y las estadísticas nos sumen en la desesperación, pues nos hace olvidar que la eficacia viene de Dios.





Mientras el virús FF6, el Anticristo, muta y ataca sin compasión, las vacunas católicas se sumistran sólo a los cadáveres y a los lamentos. Y claramente, nosotros vivimos en el tiempo y el espacio que Dios nos ha colocado, y este tiempo y espacio, este momento histórico requiere vacunas contra los cabeza de tornillo, y las campañas de vacunación, aun siendo los pacientes individuales en su administración, se organizan por grupos, o no se ponen.

martes 27 de marzo de 2007

¿Se debe potenciar la presencia católica en política?


Hay dos respuestas a esta pregunta. En ambos casos la respuesta es afirmativa, nadie duda de que la presencia del mensaje cristiano en la sociedad es un bien para la sociedad, no puede ser de otra manera, y además no es un interés, sino un bien común.


Las dos repsuestas son:


1.- Debe haber católicos que, coherentemente con su fe, trabajen en el apostolado de lo público. Esto es la conversión personal.


2.- Debe haber una política definida como católica, con presencia de grupo. Esto es la conversión social.


Partiendo de la base de que la confesión de la fe nunca debe ser forzada, e históricamente nunca lo ha sido -por mucho que digan-, tanto la primera respuesta como la segunda son instantáneas y complementarias. Es decir, si a una conversión individual no la retroalimenta una experiencia del entorno que la rodea, la fe queda inmiscuida en el ámbito de lo privado, en la esfera de lo personal. Y esto es un error declarado como tal.


En Polonia se demuestra que un poderoso aliado para la conversión individual es la profesión pública de la fe. Las actuaciones políticas del partido de la Liga de Familias Polacas es reflejo de que la instantaniedad complementaria de la respuesta católica, interna y externa, da buenos frutos.


En España se sigue pensando, lo cual es un relajamiento interesado, que primero debe haber una gran conversión individual de las personas y posteriormente una repercusión social de esa masiva conversión. Así, fiados en esa actuación personalísima e íntima, los abortos crecen, las leyes se redactan en contra de la recta razón y del Derecho Natural, y el silencio en el espacio público de una opinión formadora es ocupado por una desinformación que destruye todo tejido moral de la juventud, la cual, cada vez es más ignorante y con menos accesos a la fe salvadora. Un juventud que relativiza, porque lo único que se le ha enseñado es a relativizar, porque el seglar vive del templo hacia adentro -ocupado en leer, catequizar y hacer de ministro extraodinadio habitualmente- en lugar de vivir desde el Sagrario hacia afuera.


Imaginemos una Polonia sin Solidarnösc, sería una Polonia comunista, y sin conversión individual. Lo mismo pasa en España, nos imaginamos una Patria sin compromiso católico de grupo, sino difuminado en los grandes partidos auspiciados por el sistema sin Dios que nos gobierna. Pues si no hubo España evangelizadora sin la Cruz y sin la Corona ceñida por aquellos Reyes que legaron el nombre de Católicos a su estirpe y descendencia sucesoria, tampoco habrá una conversión individual si las tareas del gobierno se delegan poniendo una vela a San Miguel y otra al diablo.


No lloréis como mujeres lo que no habéis defendido como hombres.

lunes 26 de marzo de 2007

Banderita tu eres...

Nos hemos quedado consternados al conocer la noticia de que en la manifestación de Pamplona, del pasado 17 de marzo, los esbirros encargados de la seguridad (¿?) de la citada marcha, al servicio del Partido Popular (Pontio Pilato), agredieron a una joven que portaba una bandera con la Cruz de Borgoña, se la arrancaron y quitaron, tras zarandearla, alegando de que sólo se podían llevar banderas de España constitucionales.

Pues que quieren que les digamos, que precisamente si hay una Bandera de España, que represente la causa exsitencial patria, esa es la de la Cruz de Borgoña. Ahora bien, como que se pone, porque así lo hace el discuro ignorante y zafio de estos mentecatos demócratas, la Constitución de 1978, sus valores (que son los antivalores) y su transición (traición) como causa eficiente de España, es normal que al ver que España es una realidad evidente por sí misma, aun cuando la verborrea dogmática del régimen no la convierta -o intente converrtir- en evidente para todos los españoles, se les ericen los pelos y arremetan contra una joven indefensa por la que ninguno, de los compañeros de marcha "peperos", hiciera nada por defenderla.

Si con esto no teníamos suficiente, llegan ahora estos mismos del PP y declaran solemnemente que unos Brigadistas Internacionales polacos vienieron a luchar a España por la libertad y la democracia, junto con sus amiguitos del PSOE para derrotar al oprobioso general Franco y sus adláteres.

Cada vez se van posicionando más, cada uno a su lado, bien,nos parece estupendo, que nosotros ya llevamos años manteniendo esta posición, estamos preparados para lo que haga falta. Y a todos, que les sirva de advertencia que el enemigo se esconde bajo la palabreja mortal de democracia.

viernes 23 de marzo de 2007

Persigamos al justo, o el laicismo incluyente/exluyente


D. Fernando Primo de Rivera, asesinado por la democracia de la II República en el Asalto de la chusma a la Cárcel Módelo de Madrid (23-08-1936)


1 Porque se dicen discurriendo desacertadamente: «Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades. 2 Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón; 3 al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente. 4 Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida. 5 Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie regresa.6 Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud. 7 Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral, 8 coronémonos de rosas antes que se marchiten; 9 ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.
10 Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano. 11 Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve. 12 Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. 13 Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 14 Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, 15 lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. 16 Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre. 17 Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. 18 Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos. 19 Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. 20 Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»
21 Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; 22 no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables. 23 Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; 24 mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.
Del Libro de la Sabiduría, Caput II

jueves 22 de marzo de 2007

Principios políticos


Lamentablemente nos hemos acostumbrado, o nos han acostumbrado a ello, a relacionar que el compromiso político en un sistema de partidos -en sentido lato democracia- se reduce al contraste de programas. Éstos, a modo de contrato por contraprestación, ofrecen medidas que el ciudadano acepta y del cumplimiento o del incumplimiento sale el premio o el castigo político hacia el partido para los siguientes sufragios.


Aceptar el sistema de partidos, lo que conocemos por democracia, lleva a aceptar la soberanía popular, es decir, toda autoridad emana del sufragio universal de los ciudadanos. Toda dignidad humana emana del pacto de libertad entre esos ciudadanos. Aceptar no es lo mismo que acatar. Nosotros acatamos, pero no aceptamos. Acatamos porque es obligación estar sujeto a la ley, pero no aceptamos porque es obligación obedecer a Dios antes que a los hombres. Y para nosotros no hay más soberanía que la de Jesucristo Rey, del cual emana toda autoridad; ni más dignidad que el ser criaturas a imagen y semejanza de Dios. ahí radica nuestra profunda libertad, ahí radica nuestra filiación.


Todo lo anterior implica que toda formación política, sea o no sea partido, debe tener una doctrina que aplicar y una legitimidad para ejercer la autoridad. Los partidos, en sentido lato -todo es lato, como vemos nada tiene ya sentido semántico- de izquierdas tienen una doctrina, la socialista -marxista-, y una legitimidad (eso creen) la revolución para ejercer la autoridad que emana de la historia (la de ellos, claro). Por supuesto que estos partidos, a los cuales se les llena la boca de cacareos democráticos, no aceptan, ni acatan, el sistema de partidos, simplemente lo padecen disimulando hasta que les llegue su oportunidad.


Los partidos de derechas, o centro, que aceptan el sistema de partidos, son los mismos que han aupado ese sistema asentado en las bases de la Revolución Liberal. Tiene el mismo origen que el error socialista, es decir, el Maligno -por él entró todo pecado, todo error-, pero en proporciones de magnicidio han superado las víctimas de las carnicerías rojas, pues mientras los secuaces marxistas mataban los cuerpos, los liberales matan las almas a fuerza de diluir la conciencia individual y el compromiso para con Dios en el compromiso para con la sociedad política. Ni tienen origen ni tienen final, sólo un peligroso adversario a quien destruir anímicamente: la Verdad.


Tanto la doctrina de unos, como la de los otros están condenadas por la doctrina de la Iglesia, por las enseñanzas de Cristo. Cada cosa en su sitio. Cuando la Iglesia habla de democracia lo hace en su sentido filosófico tomista que nada tiene que ver con el sentido actual que se le da a la palabra. La participación política de las personas, independientemente de su origen social, en los deberes de Estado es la democracia que se entiende en filosofía. Independiente de su origen no quiere decir independiente de sus aptitudes y actitudes.


Nuestro Tercio, instrumento de acatamiento para llevar la luz católica a la política envenenada del odio partidista, tiene doctrina, tiene legitimidad y tiene autoridad, y no en virtud de su adhesión a este sistema, sino de su novedosa incorporación a la Causa de la Tradición. Todos aquellos que intenten aventurarse por las sendas correctas de la política deben hacerlo en base a esos fundamentos esenciales de los que emana el principio de autoridad, piedra angular de la familia, de la Patria y la sociedad.


El carecer de doctrina y legítima autoridad no es más que el lamentable arrastre decimonónico, cuando cualquier abogadete o generalucho salvapatria montaba su capillita particular de redención. Nos vienen a la memoria, aquellas palabras del epílogo de la "Historia de los heterodoxos españoles" del insigne don Marcelino:
"¿Será cierto, como algunos benévolamente afirman, que la masa de nuestro pueblo está sana y que sólo la, hez es la que sale a la superficie? ¡Ojalá sea verdad! Por mi parte, prefiero creerlo, sin escudriñarlo mucho. Los esfuerzos de nuestras guerras civiles no prueban ciertamente falta de virilidad, en la raza; lo futuro, ¿quién lo sabe? No suelen venir dos siglos de oro sobre una misma nación; pero mientras sus elementos esenciales permanezcan los mismos por lo menos en las últimas esferas sociales; mientras sea capaz de creer, amar y esperar; mientras su espíritu no se aridezca de tal modo que rechace el rocío de los cielos; mientras guarde alguna memoria de lo antiguo y se contemple solidaria con las generaciones que la precedieron, aun puede esperarse su regeneración, aun puede esperarse que, juntas las almas por la caridad, tome a brillar para España la gloria del Señor y acudan las gentes a su lumbre, y los pueblos al resplandor de su Oriente."


Preguntar, pues, a esos que os arrostran tras las palabras de Dios y de España y decidid después.

miércoles 21 de marzo de 2007

España será...


El dirigente del PP ( Pontio Pilato), esos que ponen la causa existencial en interrogantes, dijo una cosa -sobre la cual hay que reflexionar- que a cualquiera deja espantado, y es:


"España será lo que quieran los españoles que sea"


Grave sofisma, pues es como decir: "La verdad será lo que la mayoría quiera que sea", y esta máxima demoliberal es una mentira, como todo lo que impone -penetrando la percepción sensual- la corrección o la incorrección en base a la mayoría de sufragio y no a la justicia.


Así, España no será lo que quieran los españoles, y no lo será porque España es lo que ha querido Dios que sea. Si los españoles conocen o no conocen la causa existencial de nuestra Patria, eso los hará más o menos responsables, más o menos libres. El conocimiento lleva al amor y sólo desde el amor se desenvuelve la libertad profunda del hombre.


La propuesta volitiva sobre una cuestión trascendente al hombre sólo tiene dos compromisos: o acatamiento (por compromiso de inteligencia, memoria y voluntad libre) o traición (por ignorancia, manipulación y voluntad esclavizada).


Los que acatamos a España no podemos traicionarla, y decir que España será lo que quieran que sea los españoles sólo tiene un nombre: traición.

martes 20 de marzo de 2007

Apoyo al Gobierno de Polonia


Ante la noticia publicada hoy en el diario El P(a)ís de adoctrinamiento revolucionario-marxista, que reproducimos a continuación:


"El Gobierno polaco prepara un proyecto de ley, que estará listo en un mes, para perseguir a todo el que propugne o hable sobre homosexualidad en escuelas, universidades y cualquier otra institución académica, lo que, de llevarse adelante, atentaría contra la libertad de expresión y el derecho al libre acceso a la información por parte de los ciudadanos, entre otros derechos humanos. La UE y Human Rights Watch se han puesto en guardia.

El proyecto está siendo elaborado por el ministro de Educación, Roman Giertych, a su vez viceprimer ministro y dirigente de la Liga de las Familias Polacas, uno de los tres partidos que forman la coalición de Gobierno (los otros dos son Ley y Justicia, de los hermanos Lech y Jaroslaw Kaczynski, presidente y primer ministro de Polonia, respectivamente, y Autodefensa, de origen agrario).
El proyecto ha desencadenado la polémica en Polonia -y no sólo entre las organizaciones de gays y lesbianas-, y la preocupación en la Unión Europea. Y es que al intento de perseguir la homosexualidad se unen otras iniciativas, entre las cuales destaca la Ley de Lustración, que obliga a cientos de miles de personas a confesar si colaboraron con la policía política del régimen comunista desaparecido hace 17 años (profesores, directivos de empresas públicas, periodistas, funcionarios y abogados).
Las legaciones diplomáticas de la UE en Varsovia observan escrupulosamente los movimientos del Gobierno polaco y están a la espera de conocer el contenido del proyecto para tomar alguna iniciativa, según fuentes diplomáticas. Pero la organización Human Rights Watch (HRW) ya ha dirigido una carta al primer ministro polaco, Jaroslaw Kaczynski, en la que asegura que "la legislación crearía un clima de intolerancia y amenazaría los derechos civiles y políticos de los educadores polacos y de gays y lesbianas en las escuelas, especialmente de los jóvenes".
La organización pro derechos humanos apela al primer ministro Kaczynski para que "se asegure de que los derechos humanos son totalmente protegidos y respetados en las escuelas, impida la censura académica, se disocie de la retórica que propaga el odio y promueva la igualdad sin tener en cuenta la orientación sexual ni la identidad de género".
El contenido del proyecto de ley no se conoce aún, pero sí se sabe que tiene como objetivo que en las escuelas, universidades y otras instituciones académicas no se pueda hablar sobre homosexualidad.
El viceministro de Educación, Marek Orzechowski, destapó la caja de los truenos cuando el pasado día 13 declaró que la ley en proceso de gestación tiene como fin "castigar a cualquiera que promueva la homosexualidad o cualquier otra desviación de naturaleza sexual en los centros educativos". Dos días después, el día 15, insistió en que "los profesores que revelen su homosexualidad serán despedidos de sus trabajos". Orzechowski dijo ayer que sus palabras fueron mal interpretadas.
Pero HRW advierte a Kaczynski que profesores, directores de colegios y estudiantes defensores de los derechos humanos que violen la ley se enfrentarán al despido, a multas y penas de cárcel. La censura impedirá a los estudiantes recibir información que puede salvarles la vida."


No podemos hacer otra cosa que congratularnos de la medida, de apoyarla para que salga adelante y de hacerla extensiva a España. Ante todo la protección a la juventud formándola en la sana moral.

lunes 19 de marzo de 2007

Ipse Venena Bibas





Suma Teológica, parte II, sección I, cuestión 21, artículo 4, respuesta a la tercera objeción:


El hombre no se ordena a la comunidad política de modo absoluto y según todo lo que es suyo: y por tanto no es preciso que cualquier acto suyo sea meritorio o demeritorio por referencia a la comunidad política.

Pero todo lo que el hombre es, y lo que puede y lo que tiene, ha de ser referido a Dios: por lo cual todo acto humano bueno o malo tiene, en cuanto tal, razón de mérito o de demérito ante Dios.
Santo Tomás de Aquino

Si bien el ejercicio activo de la política le corresponde al candidato -al "político profesional" "per democratia gratiarum"-, es el elector, mediante su sufragio activo, causa, por tanto, activa de la orientación política de la sociedad. Cuando el elector, sujeto agente, en base a su razón elige un partido político cuya práctica le es conocida -que no programática innecesaria, incumplida e incumplible- somete esta acción al jucicio directo de Dios. Si vota a un partido de práctica inquina y mala, su voto es una obra de la misma proporción en malcia, y si bien se ampara diluir su conciencia en una masa informe de votantes, su específica individualidad personal le configura como máximo responsable del gobierno del mal.


El Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Unida, Convergencia y Unión, Izquierda Republicana de Cataluña, el Partido Nacionalista Vasco, la Unión del Pueblo Navarro, entre otros, han demostrado su práctica inquina sobre temas innegociables para toda recta razón, como son:


- El apoyo al aborto y la eutanasia



- El apoyo a la blasfemia y la difusión de la misma entre los jóvenes



- El apoyo a la pornografía desde la edad prenúbil



- El apoyo a la eliminación sistemática de la moral objetiva sustituida por la voluntad popular



- El apoyo a la destrucción de la familia, con leyes infames de educación y divorcio


...y de todo eso, el que vota a esos partidos, ante Dios, es responsable del mal que ejercen. Nadie es anónimo ante Dios, ni el malhechor, ni el héroe.

Tú eliges el bando.

La acción política cristiana (fuente Catholic.net, José María Ibaruru)
En los países descristianizados de Occidente, los católicos llevamos medio siglo viéndonos en la necesidad de abstenernos en las votaciones políticas o de votar a partidos criminales del Estado liberal, que ni respetan la tradición cristiana, ni guardan las normas más elementales de la ley natural. ¿Hasta cuándo va a durar esta ignominia? ¿Acaso es inevitable, como estiman los católicos liberales?La Bestia liberal separa al pueblo de su pasado histórico, allí donde éste ha sido netamente cristiano, quitándole así su identidad y su alma: disminuye, falsifica o casi elimina el estudio de la historia nacional. La Bestia liberal, es por un lado extremadamente centralista, pero por otro lado, al quitarle el alma a un pueblo, ocasiona que se divida en trozos, en partidos contrapuestos y en regiones egocéntricas. Degrada la escuela y la Universidad, y sofoca la enseñanza privada. Estimula el divorcio, la pornografía, la homosexualidad, el consumismo, la rebeldía, el antipatriotismo y toda clase de perversiones. Por el aborto despenalizado y gratuito, causa la matanza de los inocentes –en España, la Bestia ha asesinado medio millón de niños no nacidos en los últimos diez años–. La Bestia liberal es intrínsecamente perversa. El Estado del liberalismo es congénitamente inmoral, pues no sujeta su acción, cada vez más amplia e invasora, a ley alguna, ni divina, ni natural. Es una potencia política sin freno, capaz, y así lo viene demostrando, de producir en la sociedad males enormes. Más que promover el bien común, muchas veces fomenta y procura el mal común.Mírese, por ejemplo, la acción del Estado liberal hacia la juventud. Hace campañas, ya en los adolescentes, en favor de la promiscuidad: «vive el sexo, pero el sexo seguro»; distribuye gratuitamente preservativos; produce y difunde folletos en los que la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad se presentan, científicamente, como formas igualmente válidas de la sexualidad humana. Subvenciona o difunde series televisivas juveniles en las que sistemáticamente se ridiculiza la virtud, la honradez, el empeño trabajador en los jóvenes, y se estimula en ellos, por el contrario, la desvergüenza, la pereza, la lujuria, la rebeldía contra los padres, contra los profesores, contra todo, en un nihilismo prepotente, falso, absurdo, feo, degradado.Corruptio optimi pessima. Al poder político le corresponde la altísima misión de procurar el bien común. Por eso, cuando este ministerio óptimo se corrompe y es ejercitado de modo perverso, sin sujetarse a norma moral alguna, se transforma en la fuente mayor de los peores males. Y es, desde luego, la causa principal de la descritianización de los pueblos en Occidente.Y sin embargo, como se describe en Apocalipsis 13, «la tierra entera seguía maravillada a la Bestia» liberal, a quien el Dragón infernal le da poder para «hacer la guerra a los santos y vencerlos». La mayoría de los cristianos, acobardados unos y fascinados los más, aceptan la marca de esta Bestia mundana «en la mano derecha y en la frente», es decir, en sus conductas y pensamientos. Acceden convencidos al servicio de la Bestia, en buena parte porque saben que quienes no adoren públicamente a la Bestia y no acepten la marca de su sello, «no podrán ni comprar ni vender» en el mundo, quedarán marginados y perdidos, y serán finalmente «exterminados». La voluntad influye en el juicio y lo fuerza al error. No quieren ser mártires. Se creen con derecho a no serlo.En esta situación, sólamente un resto de fieles mártires resisten a la Bestia y no admiten su marca ni en la frente ni en la mano: son «los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap 12,17).El catolicismo liberal siempre ha visto con horror y desprecio el Syllabus del Beato Pío IX (1964). Pero especialmente se ha escandalizado de su último número, el 80, donde el Papa condena la siguiente proposición: «El Romano Pontífice [la Iglesia] puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna» (DS 2980).Por supuesto que la Iglesia colabora con el progreso científico, técnico, social, etc. ¿Pero qué conciliación cabe entre la Iglesia y una sociedad liberal, herméticamente cerrada a la autoridad de Dios, que en su vida política y cultural ni siquiera reconoce la ley natural, sino que parece complacerse especialmente en pisotearla? Es obvio que, como dice el Syllabus, entre la Iglesia y la Bestia liberal no puede haber concordia alguna. Siguen, pues, vigentes las palabras del Apóstol: «no os unzáis al mismo yugo con los infieles: ¿qué tiene que ver la rectitud con la maldad?, ¿puede unirse la luz con las tinieblas?, ¿pueden estar de acuerdo Cristo y el diablo?, ¿irán a medias el fiel y el infiel?, ¿son compatibles el templo de Dios y los ídolos?» (2Cor 6,14-16).Cuando consideramos la actitud pasada de la Iglesia Ortodoxa en la Unión Soviética, nos parece lamentable que no se enfrentase más abiertamente con la Bestia comunista. Los sucesores de los Apóstoles se daban la mano con los Jerarcas soviéticos y se dejaban fotografiar sonrientes con ellos. Los campos de concentración, las arbitrariedades inauditas de la KGB, el ostracismo, la cárcel, los genocidios y las deportaciones masivas, la persecución de sacerdotes y laicos cristianos, la promoción del ateismo y del aborto, no eran suficientes para que se distanciaran totalmente –ateniéndose a las consecuencias– de tantos horrores. Las razones alegadas eran claras: «si no salvamos la propia vida, se apaga totalmente en nuestra patria el Evangelio y cesa la celebración de la Divina Liturgia». Cuando se considere dentro de unos años la actitud de algunas regiones de la Iglesia Católica, parecerá lamentable que ésta no se enfrentase allí más abiertamente con la Bestia liberal. Dar la mano, la sonrisa y la imagen de concordia a políticos responsables de tan graves crímenes –no pocos de ellos se dicentes cristianos–; establecer con ellos acuerdos, que se declaran «satisfactorios»; no impedir que el voto de los católicos sostenga y haga posible tantas infamias, se verá con pena, vergüenza y lamentación. Y las razones alegadas, «salvar la vida de la Iglesia, el mantenimiento de los sacerdotes y de los templos, la vida litúrgica, asistencial, apostólica», etc., no se estimarán convincentes, sino falsas y cobardes. El siglo XX, él solo, ha dado, con gran diferencia, más mártires cristianos que todos los siglos precedentes. Pero junto a esta oleada de fidelidad extrema, se ha dado en la Iglesia una oleada de apóstatas, también en proporciones nunca conocidas. La vocación al martirio ha sido rechazada por los innumerables cristianos que han aceptado en su frente y en su mano la marca de la Bestia liberal.Pero es indudable que la vocación martirial ha sido muy particularmente escasa en la mayoría de los políticos cristianos. No han luchado por la verdad y el bien del pueblo. No se les ven cicatrices, sino prestigio mundano y riqueza. Sin mayores resistencias –pues tienen que «guardar sus vidas», para así continuar sirviendo al Reino de Cristo en el mundo–, han dejado ir adelante políticas perversas con sus silencios o complicidades. Han tolerado agravios a la Iglesia que no habrían permitido contra una minoría islámica, budista o gitana. Se han mostrado incapaces no sólo de guardar en lo posible un orden cristiano –formado durante siglos en naciones, a veces, de gran mayoría cristiana–, sino que ni siquiera han procurado proteger lo más elemental de un orden natural, destrozado más y más por un poder político malvado. E incluso han obrado así también cuando han tenido mayoría parlamentaria, pues no querían perderla.La Democracia Cristiana de Italia, que ha gobernado durante casi toda la segunda mitad del siglo XX, ha sido sin duda una referencia muy importante para todos los políticos católicos del mundo. Pues bien, viniendo a un caso concreto, en 1994, perdido ya el poder, y siendo presidente de Italia el antiguo democristiano Oscar Luigi Scalfaro, dirige al Congreso un notable discurso en el que aboga por el derecho de los padres a enviar a sus hijos a colegios privados, sin que ello les suponga un gasto adicional. El valiente alegato de este eminente político fue respondido por una congresista católica, recordándole que, habiendo sido él mismo ministro de Enseñanza, «tendría que explicar a los italianos qué es lo que ha impedido a los ministros del ramo, todos ellos democristianos, haber puesto en marcha esta idea», siendo así que la Democracia Cristiana, sola o con otros, ha gobernado Italia entre 1945 y 1993. En casi cincuenta años, por lo visto, la DC italiana no ha hallado el momento político oportuno para conseguir –para procurar al menos– la ayuda a la enseñanza privada, un derecho natural tan importante.¿Cómo puede explicarse la inoperancia casi absoluta de los cristianos de hoy en el mundo de la política y de la cultura? Llevamos más de medio siglo elaborando «la teología de las realidades temporales», hablando del ineludible «compromiso político» de los laicos, llamando a éstos a «impregnar de Evangelio todas las realidades del mundo secular». Y sin embargo, nunca en la historia de la Iglesia, al menos después de Constantino, el Evangelio ha tenido menos influjo que hoy en la vida del arte y de la cultura, de las leyes y de las instituciones, de la educación, de la familia y de los medios de comunicación social. ¿Cómo se explica eso?¿Hasta cuándo esta Bestia liberal será alimentada por los votos de los ciudadanos católicos? La respuesta es simple: esa miseria será inevitable hasta que exista alguna opción política cristiana. ¿Pero y por qué esta opción política cristiana se tiene por imposible o por inconveniente? ¿Es que ha de prolongarse indefinidamente la absoluta impotencia política del pueblo cristiano?No dejaremos estas preguntas en el aire. Trataremos de darles respuestas verdaderas.1. El catolicismo liberal es inerte en la política, porque se ha mundanizado completamente en su mentalidad y costumbres. Ignora y desprecia la tradición doctrinal y espiritual católica, asimila las mentiras del mundo, y no tiene nada que dar al mundo secular. En su ambiente no hay ya filósofos ni novelistas, ni tampoco polemistas que entren en liza con las degradaciones mentales y conductuales del mundo actual, por el que se siente admiración y enorme respeto. Los católicos liberales son incapaces de actuar como cristianos en política, en el mundo de la cultura y de la educación, en los medios de comunicación, pues son «sal desvirtuada, que no vale sino para tirarla y que la pise la gente» (Mt 5,13).Gracias a los católicos liberales, en pueblos de gran mayoría católica ha podido entrar en la vida cívica, sin mayores luchas ni resistencias, y legalizadas por el voto de los católicos, una avalancha de perversiones incontables, contrarias a la ley de Dios y a la ley natural. También el Poder contrario a Dios y a su Iglesia ha podido gobernar durante muchos decenios a pueblos de gran mayoría católica, como México o Polonia, sin que los católicos liberales de todo el mundo se rebelaran por ello mínimamente. Es obvio: cuando los católicos más ilustrados, clero y laicos, asimilan el liberalismo y asumen la guía del pueblo, cesa completamente la acción política de los fieles. 2. Mientras se evite en principio, como un mal mayor, la confrontación de la Iglesia con el mundo, no es posible que se organice ninguna opción política cristiana. Una acción de los cristianos en el mundo secular, sobre todo si se produce en forma organizada y con medios importantes, es imposible sin que se produzca una cierta confrontación entre la Iglesia y la sociedad actual. Ahora bien, si se exige, como norma indiscutible, que la Iglesia se relacione con el mundo moderno en términos de amistad y concordia; si por encima de todo se pretende evitar cualquier confrontación con el mundo –y, por tanto, dicho sea de paso, cualquier modo de persecución–, entonces es totalmente imposible la acción política de los cristianos en el mundo, y mucho menos en formas organizadas.Pero esto es, simplemente, horror a la cruz. Esto es una fuga sistemática del martirio por exigencias semipelagianas: «hay que proteger sana y prestigiada ante el mundo “la parte” humana de la Iglesia, para que así pueda transformar la sociedad».3. Es necesario que los votos católicos se unan para procurar el bien común en la vida política. O dicho en otras palabras: es ya absolutamente intolerable que los votos católicos sigan sosteniendo el poder de la Bestia liberal. Hubo un tiempo en que el Poder político era un bien; más tarde vino a ser un mal menor; actualmente es el mal peor que actúa en las naciones.Ningún voto de católicos siga, pues, apoyando partidos que sostienen la Bestia liberal y que fomentan el divorcio, el aborto, la eutanasia, la educación laicista y toda clase de atrocidades y perversidades.Pero para eso a los católicos hay que facilitarles la posibilidad de votar a un partido cristiano o bien a una pluralidad de partidos y asociaciones políticas cristianas, que se unan en coalición electoral.No basta, pues, de ningún modo, en la situación actual, con decirles a los fieles que «voten», y que «voten en conciencia». Es necesario hacer posible una canalización digna del voto político de los católicos, para que el pueblo fiel se empeñe en la promoción de un bien. Por fin entonces se verá libre de la siniestra necesidad de votar una y otra vez –durante generaciones– siempre males, sean males menores o mayores. ¿Hasta cuando esta ignominia?La organización del pueblo católico para hacer eficaz y poderosa la acción de la Iglesia en el campo social y político dió lugar en el siglo XIX y comienzos del XX a un gran número de movimientos, asociaciones, partidos. Los Vereine, la Asociación Católica de Alemania, los anuales Katholikentag, el Zentrum, la Association catholique de la jeunesse française, el Movimento Cattolico, la Opera dei Congressi e dei comitati cattolici, la Acción Católica, la Obra de los Círculos Católicos de Obreros, la Catholic Social Guild y tantas otras asociaciones, con mayor o menor acierto, consiguieron a veces importantes victorias, librando batallas a veces muy fuertes y prolongadas. Los partidos laicistas tenían que contar con el voto católico, porque muchas veces sin él ni siquiera podían gobernar.Pero esa organización es hoy anatematizada por los católicos-liberales, que en el mundo moderno se encuentran como pez en el agua: hablan de regresos al «integrismo», al «ghetto», a la preconciliar confrontación «Iglesia-mundo». Han conseguido, pues, que éste sea un tema tabú: intocable. Mencionarlo siquiera es eclesiásticamente incorrecto. Desde luego, si esa organización del voto católico cristalizara, ellos perderían todas sus prebendas –aunque no; lo más probable es que se adaptarían, incluso de buena fe, a las nuevas organizaciones católicas: son corchos insumergibles–. La posición de los políticos católicos italianos en la segunda mitad del siglo XX ha sido paradigma para todas las demás naciones de mayoría católica. Por eso nos interesa especialmente considerarla, aunque sea muy brevemente. Ángel Expósito Correa analiza en el artículo La infidelidad de la Democracia Cristiana Italiana al Magisterio de la Iglesia (revista «Arbil», nº 73). No se arriesga en él a formular juicios, quizá temerarios, sobre las intenciones de los jefes históricos de la DC italiana; simplemente reproduce declaraciones de ellos mismos, en las que se ufanan de haber puesto el voto de los católicos al servicio del liberalismo, para configurar una sociedad laica y secularizada. Ciertamente lo han conseguido, propiciando que Italia haya perdido los caracteres religiosos, culturales y civiles –hasta el latín ha perdido–, que constituyen su identidad histórica: Alcide De Gasperi (1881-1954), político italiano, presidente democristiano del Gobierno (1945-1953): «La Democracia Cristiana es un partido de centro, escorado a la izquierda, que saca casi la mitad de su fuerza electoral de una masa de derechas».Ciriaco de Mita, ex-secretario de la DC y varias veces miembro del Gobierno y primer ministro (1988-1989): «El gran mérito de la DC ha sido el haber educado un electorado que era naturalmente conservador, cuando no reaccionario, a cooperar en el crecimiento de la democracia [liberal]. La DC tomaba los votos de la derecha y los trasladaba en el plano político a la izquierda».Francesco Cossiga, presidente de la República (1985-1992): «La DC tiene méritos históricos grandísimos al haber sabido renunciar a su especificidad ideológica, ideal y programática. Las leyes sobre el divorcio y el aborto han sido firmadas todas por jefes de Estado y por ministros democristianos que, acertadamente, en aquel momento, han privilegiado la unidad política a favor de la democracia, de la libertad y de la independencia, para ejercer una gran función nacional de convocación de los ciudadanos».Toda esa manipulación fraudulenta del electorado católico, para conseguir que apoye lo que no quiere, la secularización de la sociedad a través del Estado liberal, se ha hecho con gran suavidad y eficacia. El fraude se ha consumado a través de fórmulas políticas altamente sofisticadas: la «apertura a la izquierda», el «compromiso histórico», las «convergencias paralelas», los «equilibrios más avanzados», etc. Éstos y muchos otros datos ofrecen, pues, a Expósito fundamento real para afirmar que, «el triunfo de las dos corrientes modernistas [católicos liberales y democristianos] en el mundo católico es sin lugar a dudas una de las causas principales de la crisis de evangelización de la Iglesia y, por tanto, de la secularización del mundo occidental y cristiano. Lo que innumerables documentos y encíclicas papales denunciaban ser los peligros de las ideologías para la sociedad y la Iglesia, fueron desoídos por estas minorías iluminadas que por una serie de circunstancias y factores acabaron imponiendo sus criterios a una buena parte del mundo católico».La verdadera realidad de la vida del mundo y de la política es expresada por el Concilio Vaticano II con graves palabras, cuando afirma que «a través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor [cf. Mt 24,13; 13,24-30 y 36-43], hasta el día final» (GS 37). Lo mismo se dice en el Apocalipsis, el libro más «actual» del Nuevo Testamento. Podemos hoy ignorar esa lucha, hacer como si no existiese; podemos incluso negarla, afirmando la perfecta posibilidad de acuerdo entre la Iglesia y el mundo moderno. Pero la realidad de la verdad permanece, por encima de todas las falsificaciones, ignorancias y mentiras. –Sólamente en el marco de esta lucha real, políticamente escenificada con toda claridad, entre los hijos de la luz –que respetan la ley de Dios y de la naturaleza– y los hijos de las tinieblas –que pretenden ser como dioses y no respetan ley alguna– surgirán numerosas vocaciones políticas, intelectuales, sociales, periodísticas, etc. Y también sacerdotales y religiosas.–Sólamente en un histórico escenario político semejante, que hace visible la invisible batalla secular entre los hijos de Dios y las tinieblas, podrán ser aplicadas las preciosas doctrinas de la Iglesia sobre la acción de los laicos en el mundo (Vaticano II, Gaudium et spes, Apostolicam actuositatem; Juan Pablo II, Christifideles laici; etc.). En cambio, negada por principio la conveniencia y la necesidad de esa confrontación, esas doctrinas quedan necesariamente inertes, inaplicadas, inaplicables. –Sólamente en este planteamiento podrán los Obispos prohibir eficazmente el voto en favor de los partidos inmorales. En otros tiempos se dieron estas prohibiciones y fueron en gran medida obedecidas. Si hoy son prácticamente imposibles, es porque el acuerdo con el mundo es considerado conditio sine qua non para cualquier planteamiento político, social y cultural netamente cristiano. Y así, como hemos dicho, el pueblo católico se ve año tras año inexorablemente obligado o bien a abstenerse o bien a votar en favor del mal, sea éste menor o mayor. –Sólamente admitiendo a todos los efectos esa confrontación experimentarán Obispos y fieles su inmensa potencia política, al menos en países de mayoría o de grande minoría católica.¿Qué sucedería si un Obispo publica una pastoral en la que prohibe a sus fieles consumir los productos de una cierta empresa, cuya publicidad es abiertamente pornográfica? «No compre MDMD. Fomentaría usted la pornografía». Con frecuencia las empresas operan con un estrecho margen de viabilidad. Una pequeña y sostenida disminución en las ventas puede llevarles a la quiebra. Lo más probable es que MDMD, pensándolo mejor, suprimiera la sucia publicidad que practica. Y que la ciudad quedara limpia de carteles obscenos. Es lo más probable.La potencia, hoy en gran medida inhibida, de la Iglesia en cuestiones sociales, culturales y políticas podría ser grandísima; pero ella misma se anula, se cohibe, si a causa de errores doctrinales y complejos históricos, procura por encima de todo evitar cualquier manera de confrontación con el mundo moderno. –Sólamente también en esos planteamientos renovados podrá resurgir el Magisterio católico sobre la doctrina política, que tuvo formidables desarrollos filosóficos y teológicos en los cien años que van de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX, pero que en la segunda mitad del siglo XX casi ha desaparecido de la enseñanza de la Iglesia.Esta disminución tan marcada del Magisterio en temas de doctrina política puede apreciarse claramente repasando en obras como la colección de Doctrina Pontificia - Documentos políticos, publicada por la B.A.C. en Madrid, en 1958, los principales documentos políticos del magisterio del Beato Pío IX (1846-1878), de León XIII (1878-1903), de San Pío X (1903-1914), de Benedicto XV (1914-1939), de Pío XI (1922-1939) y de de Pío XII (1939-1958). La obra, en 1.050 páginas, reúne 59 documentos, de los cuales 25 son encíclicas. Documentos, decimos, sobre doctrina política.Desde entonces, el Magisterio pontificio ha publicado encíclicas importantes sobre temas sociales y económicos (Mater et Magistra, Pacem in terris, Populorum progressio, Octogesima adveniens, Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis, Centesimus annus), pero ha tratado muy escasamente la doctrina propiamente política. En el magisterio de Juan Pablo II cabe destacar los números 44-47 de la encíclica Centessimus annus (1991), así como los 68-72 de la encíclica Evangelium vitæ (1995), y la breve Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, de la Congregación para la Doctrina de la Fe (2002). En fin, reconocemos que hay no pocos elementos discutibles en los análisis y soluciones que en esta compleja cuestión hemos expuesto brevemente. Pero lo que está claro es que por el camino político de la concordia y de la complicidad con el mundo, propugnado por los católicos liberales, se llega inevitablemente a la corrupción y a la ignominia.La apertura del Jubileo de los Políticos, celebrado en Roma en 2000, fue significativamente confiada al presidente del Comité de Acogida de este Jubileo, el siete veces primer ministro de Italia y actual senador vitalicio, Giulio Andreotti, paradigma de los políticos cristianos de la segunda mitad del siglo XX. Éste es aquel eminente político católico que, allí mismo, en Roma, en 1978, firma para Italia la ley del aborto, que autoriza a perpetrarlo legalmente durante los noventa primeros días de gestación... Hace pocos años reconocía su grave error: «Espero que Dios me perdone». El Espíritu Santo está queriendo renovar la faz de la tierra. Está deseando infundir en Pastores y laicos católicos la inmensa fuerza benéfica de Cristo, Rey del universo. Quiere potenciar una gran acción política cristiana, realizadora de grandes bienes para el pueblo, liberadora de terribles cautividades y miserias, suscitadora de entusiastas vocaciones laicales y pastorales.






viernes 16 de marzo de 2007

Una imagen más que mil palabras

Cada vez que a un partido votas, sobre ti recae el juicio de la Historia.

¿Mienten las encuestas?


Pues, no, la encuesta no miente, los que mienten son los votantes, pero no mienten a la galería, no, se mienten a sí mismos; mienten a Dios.
No, y mil veces no, que no se puede ser católico e ir en contra de lo que la Iglesia dice, en materia moral y costumbres que son las que aquí nos ocupan, como magisterio ordinario. A ver si nos enteramos, hay 17.700.000 "católicos" que una de dos, o no se creen que su adhesión con Cristo es un acto vital; o bien están todos esquizofrénicos. Abogamos por esto último.
¿Y de quién es la culpa de la esquizofrenia? De todos aquellos que están en obligación de dar e impartir doctrina. Doctrina que es inseparable de disciplina.
Hay 17.700.000 "católicos" que colaboran, por activa o por pasiva -Poncio Pilato era un pasivo más honrado que todos los pasivos en sufragio universal- con las siguientes situaciones:
- Aborto provocado.
- Uniones de personas del mismo sexo y su pública ostentación.
- Investigación, manipulación y asesinato de embriones humanos (que no son huevos de la mosca del vinagre, enterense ya de una vez)
- Anticonceptivos a diestro y a siniestro -más siempre hacia esto último-, PDD (píldora del día después) y la dignidad del ser humano metida en un condón.
- Cargas dobles impositivas a las familias que libremente eligen un centro privado o concertado de educación para sus hijos.
Todos esos puntos son comunes a los 17.700.000 "católicos" que votan tanto al PP como al PSOE, y todos y cada uno de eos puntos, según la última Exhortación Apostólica de S.S. Benedicto XVI no son negociables. Y el punto más trágico e insoslayable:
- La dignidad del ser humano tiene su fuente en Dios, de quien es imagen y semejanza y por quien es persona.
- La dignidad del ser humano en el sistema democrático, sí -las cosas por su nombre, ya está bien de despistes- tiene su fuente en un pacto interhumano de libertad y por el que se es ciudadano.
"Quien no está conmigo está contra de mí. Quien no recoge conmigo, desparrama."
...y ahora, sigan ustedes "católicos" durmiendo tranquilamente, ¿en verdad pueden?¿pueden dormir sabiendo que gracias a su colaboración -en todos los puntos anteriores- siguen soltando a Barrabás y condenando a Jesús?

miércoles 14 de marzo de 2007

Bien claro queda


Laus Deo, en primer lugar, y en segundo lugar, señores del P(oncio)P(ilato) party y votantes asociados "católicos", dejen a un lado su esquizofrenia, su cobardia, y una de dos: o se van de la Iglesia y dejan de llamarse católicos, o apliquense el cuento del Jefe en la Exhortación Apostólica "Sacramentum Caritatis"; y Obispos, a dar doctrina y a señalar con el dedo, no sea que la grey se vaya al barranco:


Coherencia eucarística

83. Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.(230) Estos valores no son negociables (*). Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana.(231) Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado.(232)


Eucaristía y testimonio

85. La misión primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invitándolo a acoger libremente esta novedad radical. En el testimonio Dios, por así decir, se expone al riesgo de la libertad del hombre. Jesús mismo es el testigo fiel y veraz (cf. Ap 1,5; 3,14); ha venido para dar testimonio de la verdad (cf. Jn 18,37). Con estas reflexiones deseo recordar un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que también nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de sí mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la cumbre del nuevo culto espiritual: « Presentar vuestros cuerpos » (Rm 12,1). Se puede recordar, por ejemplo, el relato del martirio de san Policarpo de Esmirna, discípulo de san Juan: todo el acontecimiento dramático es descrito como una liturgia, más aún como si el mártir mismo se convirtiera en Eucaristía.(235) Pensemos también en la conciencia eucarística que Ignacio de Antioquía expresa ante su martirio: él se considera « trigo de Dios » y desea llegar a ser en el martirio « pan puro de Cristo ».(236) El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte con Él en Eucaristía. Tampoco faltan hoy en la Iglesia mártires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios. Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica también interiormente esta disponibilidad,(237) y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente allí donde el Señor nos llama a anunciarlo.


Queda meridianamente , clarito, ¿o no? Pues, hala, a aplicarse.
(*) Se acabó lo del mal menor político -mal entendido y aplicado- y sandeces por el estilo.

MUNICIPALES 2007

PROGRAMA POLÍTICO MUNICIPALES 2007

ASALTO A MADRID
El Tercio Católico de Acción Política (TEAP), está elaborando la lista para la candidatura a la Alcaldía de Madrid, único sitio de todo el territorio nacional donde se va a presentar. Nuestro programa no va dirigido ni al transporte, ni a la capacidad de gestión, ni a las zonas verdes y los servicios de inversión, no en primera instancia, sino que esas cosas son muy subsidarias de las que realmente son nuestro principal y único objetivo.
1º.- Protección a las familias
- Las familias numerosas (independiente de la renta que tenga la unidad familiar) estarán exentas del pago de impuestos municipales, tanto directos como indirectos. Tendrán exención, entre otros, al permiso de circulación; a las zonas azules y verdes de estacionamiento limitado; a las actividades extraescolares y a los servicios de transporte municipales, autobuses y parte del metro. Todos esos servicios serán gratuitos.
- En la parte proporcional del Ayuntamiento de Madrid en materia de Educación, todo el gasto actual en el área de cultura (subvenciones a teatros y espectáculos públicos) será destinada a las familias numerosas, independientemente de la renta de la unidad familiar, a un cheque escolar anual anticipado, dividido en unidades de cinco euros a fin de que se pueda destinar al pago de colegios privados, aportaciones voluntarias a colegios concertados y a material escolar, con la finalidad de que el gasto sea el mínimo posible, siendo su objetivo la gratuidad de todos estos aspectos.
- Las familias que tengan a su cargo personas discapacitadas, independientemente de la edad y la renta de la unidad familiar, dispondrán gratuitamente de los servicios de acompañamiento y centros de día necesarios a fin de compartir entre toda la sociedad este servicio al bien común.
- En tod