miércoles 14 de febrero de 2007

Pena de muerte


Queremos pena de muerte para los asesinos, para los que incitan al asesinato y para los que encubren todo homicidio. Y esto no es ni sentimental, ni populista, es en justicia lo que reclama una sociedad sana, no corrompida por el verbalismo jacobino de unos estúpidos mercenarios del mal. Y esto, no sólo para los terroristas y sus cómplices, esto sería demasiado fácil, sino para los aborteros, los científicos del mal que juegan con los embriones humanos como si fueran huevos de mosca. Para todo asesinato cruel, la sociedad debe de defenderse.


No hay ningún reparo moral, antes bien al contrario, por eso aquí van unas líneas de justificación de la pena capital.


1. Sólo Dios, Creador y dador de la vida, puede quitar la vida al ser humano. Dios, dueño de nuestras vidas es el único que puede conceder, -y de hecho concede-, aplicar la pena de muerte para que en todos reine la Justicia.


Por eso, para aplicar la pena de muerte, se requiere: En quien la aplique, autoridad delegada por Dios; y en el reo, culpa de la que conste la gravedad exigida por la ley.


2. A nadie se puede condenar muerte sin la asistencia de juicio justo.


Así, según las dos condiciones puestas, se puede afirmar que los asesinos de personas innocuas, elegidas al azar de entre las multitudes, en el seno materno de la gestación, en la célula embrionaria o en la profesión civil o eclesiástica; los autores de esos crímenes repugnantes que marcan un grado infrahumano de perversión en la naturaleza, son casos de un sadismo asqueroso; los que han incurrido en delito que todo Código moral sanciona con penas gravísimas, pueden merecer la pena de muerte. Y si no son locos o idiotas, se presume que la merecen.


Lo mismo se puede decir de los guías y promotores conscientes de los movimientos ligados al comunismo, que lleva en sí tales horrores; los que desde el periódico, el libro o el folleto excitan a las masas, valiéndose de la calumnia y la perfidia, mintiendo a sabiendas, provocando la violencia y el asesinato, glorificando a los criminales. Los que se dedican metódicamente a envenenar a la juventud en la escuela y a corromperla con revistas de falsa divulación científica donde esa apariencia se camufla con la perversión sexual.


En cambio, hay que tener cuidado con las masas engañadas, toda ideología esconde un soplo de verdad, y a veces, como en el caso socialista y liberal, lo falso no es tan obvio que pueda verlo cualquiera con un mínimo de entendimiento.


Esto, no es más que el mandato recto de los dictados del derecho natural y de la política. Aplicar, la pena de muerte no es un acto equiparable al asesinato, la muerte del cuerpo se sigue en ambos casos, pero que mientras en el primero hay causa justa y autoridad, a la que sigue el perdón y el amor; en el segundo tan sólo hay inmundicia y bestialidad.


miércoles 7 de febrero de 2007

Desorden y desconcierto



Es esta esta una sociedad desordenada y desconcertada, y eso no es bueno. Es esta una sociedad que no sabe nada, pero pretende ser sabia, y eso o es bueno. Es esta una sociedad de respetos humanos, de cobardes y sinvergüenzas, y eso no es bueno.


Es esta una sociedad multisecular, pero se pretende haber configurado hace treinta años, y eso es mentira. Es esta una sociedad que reniega de su pasado por considerarlo deshonesto o indigno, y eso es mentira. Es esta una sociedad que pretende ser irreligiosa, porque nunca la religión significó nada para ella, y eso es mentira. Es esta una sociedad que pretende la paz como fruto de la elevación del hombre sobe todo, ya que todo ha sido creado por el hombre y su materia, y esto es mentira. Es esta una sociedad que dice no querer muertes, pero la realización de abortos provocados y eutanasias demuestran que es mentira.


Es esta una sociedad mala y mentirosa, y esto es una porquería, es irracional y demoniaco. Que se dejen de monsergas partidistas y de constitucionalismos y democracias varias, sin respeto al hombre, a su dignidad y a su libertad, no como pacto entre hombres, sino como don gratuito del ser creado a imagen y semejanza de Dios de nada hay que hablar. Empecemos desde lo importante desde el cimiento, y después construyamos el edificio social.


Los que reclamen para sí la defensa de ordenamientos que van en contra del orden y el concierto, inherente a la naturaleza humana por mano de su Creador, allá ellos, que no cuenten con nosotros.