
Queremos pena de muerte para los asesinos, para los que incitan al asesinato y para los que encubren todo homicidio. Y esto no es ni sentimental, ni populista, es en justicia lo que reclama una sociedad sana, no corrompida por el verbalismo jacobino de unos estúpidos mercenarios del mal. Y esto, no sólo para los terroristas y sus cómplices, esto sería demasiado fácil, sino para los aborteros, los científicos del mal que juegan con los embriones humanos como si fueran huevos de mosca. Para todo asesinato cruel, la sociedad debe de defenderse.
No hay ningún reparo moral, antes bien al contrario, por eso aquí van unas líneas de justificación de la pena capital.
1. Sólo Dios, Creador y dador de la vida, puede quitar la vida al ser humano. Dios, dueño de nuestras vidas es el único que puede conceder, -y de hecho concede-, aplicar la pena de muerte para que en todos reine la Justicia.
Por eso, para aplicar la pena de muerte, se requiere: En quien la aplique, autoridad delegada por Dios; y en el reo, culpa de la que conste la gravedad exigida por la ley.
2. A nadie se puede condenar muerte sin la asistencia de juicio justo.
Así, según las dos condiciones puestas, se puede afirmar que los asesinos de personas innocuas, elegidas al azar de entre las multitudes, en el seno materno de la gestación, en la célula embrionaria o en la profesión civil o eclesiástica; los autores de esos crímenes repugnantes que marcan un grado infrahumano de perversión en la naturaleza, son casos de un sadismo asqueroso; los que han incurrido en delito que todo Código moral sanciona con penas gravísimas, pueden merecer la pena de muerte. Y si no son locos o idiotas, se presume que la merecen.
Lo mismo se puede decir de los guías y promotores conscientes de los movimientos ligados al comunismo, que lleva en sí tales horrores; los que desde el periódico, el libro o el folleto excitan a las masas, valiéndose de la calumnia y la perfidia, mintiendo a sabiendas, provocando la violencia y el asesinato, glorificando a los criminales. Los que se dedican metódicamente a envenenar a la juventud en la escuela y a corromperla con revistas de falsa divulación científica donde esa apariencia se camufla con la perversión sexual.
En cambio, hay que tener cuidado con las masas engañadas, toda ideología esconde un soplo de verdad, y a veces, como en el caso socialista y liberal, lo falso no es tan obvio que pueda verlo cualquiera con un mínimo de entendimiento.
Esto, no es más que el mandato recto de los dictados del derecho natural y de la política. Aplicar, la pena de muerte no es un acto equiparable al asesinato, la muerte del cuerpo se sigue en ambos casos, pero que mientras en el primero hay causa justa y autoridad, a la que sigue el perdón y el amor; en el segundo tan sólo hay inmundicia y bestialidad.